¡Neike, neike!

Yerba, verde, yerba en tu inmensidad quisiera perderme para descansar

y en tus sombras frescas encontrar la miel que mitigue el surco del látigo cruel”

Ramón Ayala

Cuando se cierra la puerta, la multitud se reúne detrás de ella para escuchar el suspiro del hombre asfixiado por su corbata, y después de esa ceremonia todos vuelven a sus puestos.

La puerta es un privilegio de los grandes, porque quien se refugia en su espalda puede respirar un instante al ver el mate y la yerba al alcance de sus manos. Cruzando esa frontera todo es distinto, el placer producido por el acto de succionar agua amarga y caliente es mal visto.

La silla giratoria y la cortina color gris se iluminan con más fuerza a las 7 de mañana, el momento en el cual el hombre estira sus brazos sobre el escritorio intentando llegar al otro lado de la puerta, para cruzar la ciudad y acariciarle el pelo a la chica de los ojos cansados. Media hora después suena el teléfono, los papeles salen vibrando del cajón, el frío del campo comienza a sentirse, y los dedos resquebrajados del hombre sienten la presión de la abrochadora, de la tierra infiltrándose en la grieta de sus uñas. Le duelen los pies, algo los está presionando cruelmente, sospecha de sus zapatos Gucci, o del bagual que el día anterior se le rebeló dejándolo de rodillas frente al patrón.

Unos pasos firmes y escarchados se acercan a la puerta de la oficina, el hombre se ajusta la corbata y corre el mate a un costado, dejando un abismo entre la felicidad y la torre de hojas que sigue intacta en su escritorio. ¡¡Neike, neike!! grita la voz que se acerca, y pasando la frontera de la puerta marrón se queda parado en frente de la mesa. El hombre lo mira, pero unos segundos después agacha la cabeza, le debe respeto, y sabe que la continuidad de su vida, el futuro de su familia, de la mujer de ojos cansados (que sólo tiene letras en la punta de la lengua para darle al mundo, sin pedirle nada a cambio), se encuentran bajo esos zapatos puntiagudos que lo miran sonriendo o burlándose de sus pies fríos y cansados.

Después de unos minutos asesinos la puerta vuelve a cerrarse, el pilón de hojas aumenta en altura y en incertidumbre. Sólo la ventana entreabierta puede calmar la asfixia mental, pero no, un edificio se interpone entre su vista y la utopisoteada libertad.

A las cuatro de la tarde, el ruido nervioso del tecleo, del impaciente resorte de la silla y del látigo cruel, dan al hombre la esperanza de que “falta menos”; entre silencios, hojas, y fronteras imposibles, el tiempo salta sobre la palma de una mano, y finalmente: la oficina se oscurece. 

El pobre Mensú cruza el campo callado, llega a su casa con sangre y tinta en las manos, se saca los zapatos, y acaricia la mejilla de la mujer de ojos cansados que se quedó dormida en la silla esperándolo. Ella abre los ojos, (una letra se le cae de la lengua).

LAS MANOS DE LA TERNURA - OSWALDO GUAYASAMIN. Mensú
‘Las manos de la ternura’; Osvaldo Guayasamín
Anuncios

Algunas apostillas sobre la literatura: Cuerpo y poética

Los hombres pueden preciarse de escribir honesta y apasionadamente sobre los movimientos de las naciones; pueden pensar que la guerra y la búsqueda de Dios son los únicos temas de la gran literatura; pero si la posición de los hombres en el mundo tambaleara por un sombrero mal escogido, la literatura inglesa cambiaría dramáticamente.
Virginia Woolf

Definimos un punto de partida: la constitución de la identidad es una toma de postura política frente a los hechos del mundo. Y si la literatura es una extensión de la identidad, por lo tanto, toda poética es (también) una posición política. Cuando argumentamos en las apostillas anteriores que el lenguaje razona como una extensión del cuerpo (y, por eso, es una relación entre cuerpos -ver Algunas apostillas sobre literatura: ¿Qué es la literatura? y Habeas Corpus– hacemos referencia (también) a que la construcción de una poética es una extensión de la identidad, es decir, una toma de postura política frente a los hechos del mundo. Un mundo que, cabe resaltar, hilvanamos nosotros mismos, tejiendo la inconmensurable telaraña de ficciones cotidianas en las que nos movemos. Los periódicos, el Internet, las revistas culturales, las conversaciones, las esperas, los besos, la feroz interrogación de la existencia, el pan del almacén, etcétera. Somos los escritores de la sospecha porque comprendemos que la realidad y la ficción no pueden entenderse como un divorcio, no se les puede determinar un límite -ver Sospechaturas-. Y es, justamente, desde este coqueteo constante entre el ser o no ser, en donde está fundamentada la constitución de la identidad (que es una toma de postura política frente a las ficciones cotidianas del mundo) y que se extiende hacia la constitución de una poética propia. Entendámonos bien. Una poética no como forma de escritura, sino como forma de ver. La poética se piensa como una forma de ver el mundo, de “leer” el mundo, en tanto realidad, y en tanto ficción. Y es allí en donde yace su postura política, en esa “lectura”. La poética y el cuerpo son, por lo tanto, como tu mano y mi mano, entrelazadas, caminando juntos por la avenida De Áviles, por la calle Corrientes, por la estación Federico Lacroze. Como tú y yo: es decir, espejos.


Imagen de portada: Adriana Leibovich

A-mar

Por: Gustavo Girardi

Él– ¿Escuchas?

Ella– ¿Qué?

Él– El mar, las olas rompiendo en la costa.

Ella– Escucho eso y las gaviotas que vuelan sobre nosotros.

Él– Qué maravilla, qué  inmensidad.

Ella– Somos como un granito de arena.

Él – ¿Por qué lo decís?

Ella– Fíjate, (juntó arena entre sus manos), un granito es insignificante entre tanta arena.

Él– ….

Ella– ¿No decís nada?

Él– Es que me quede pensando, vos sabes muy bien que pienso mucho.

Ella– Lo sé. Por eso cuando piensas me encanta mirarte.

Él– Tenés razón, somos tan pequeños en esta inmensidad.

Ella– Demasiado pequeños.

Él– Pero hay cosas que me hacen sentir como Godzilla.

Ella– ¿Cuáles?

Él– Estas por ejemplo, ¿o me vas a decir que no?

Ella– La de estar mirando el mar, sí lógico.

Él– No me refiero solamente el mirar el mar. Sino también a nosotros.

Ella– (Apoyó su cabeza en el hombro de él)

Él– Cuando estamos juntos todo deja de ser insignificante.

Ella– Dejamos de ser granitos de arena.

Él– Somos más inmensos que el mar.

Leonid Afremov-horizonte azul
Leonid Afremov.

Shupma na shamá

Hugo Ball

Y nos vi en el tren, naciendo como el mareo, muriendo con los minutos/reloj, desparramando los segundos/canción, comiendo la vibración de la estación. El hilo colgaba debajo del portaequipaje, mientras vos dabas una clase de philocidades, le leías las manos a Sophia, o hacías un dictado sobre la ironía.

El hilo colgaba desde la invisibilidad sospechosa del aire, desde la descendencia intercalada del enjambre, (tren de alambre). Y mientas tanto yo te seguía con las palabras, el hilo colgaba de tu espalda/espada. Y la ciudad que pisoteamos nos enseñó a calcar mapas, no a caminarlos de rodillas, porque se suben las napas, (dijo un hombre de corbata).

Y en realidad creemos que somos porque nos perseguimos, y en la persecución: zigk zagk, irnos o no irnos. Somos cansados que se reaniman cuadra por cuadra, pisando las hojas húmedas y las palabras. Y el invierno que ya se cansó de nuestros bardos, que nos detesta por perseguidos y karawanados.

Tenemos la valija llena de tierra y de tunadayminada y vamos siempre hacia la misma tierra de la calle cortada. Porque tu kasa y mi caza son la misma cosa, y la calle que nos lleva a mi caza, (nos estalla), nos estalla la cabeza de pensar, que esta persecución se sube sin pagar; se sube al bondi y nos escupe la canción, (des/dos/intoxicación).

Vení acá un minuto, te voy a contar quién soy, desde que me diste la mano, soy la persecución. Y todo el tiempo estoy alerta de escribir algo mal. ¡Qué miedo tengo de hablar de menos! O perseguirte de más. Que te invíto con tilde, que desime con s, que la libreta sin mesa, que tu amanchada careta.

El hilo que cuelga del aire es de shupma na shamá, y la trenada se frena, cuando vibramos, ya no está; el hilo se cae al piso, lo veo desde la estación, es de mañanas con usté, es de manos sin lavar, es la patada en el pecho, es la carrera hacia el techo… y el hilo cuelga del aire, es de shupma na shamá, es tu estaca, y es un grito: ¡Ceci n’est pas une hilito!

Y sin mira pa‘ lante, ¡pucha!, ya nos estamos yendo, siempre me doy cuenta tarde de las cosas, cuando las estoy escribiendo.

Caosversacion(es) – entrevista a Gastón Paganini

 Gastón Paganini, poseído por el espíritu de Michael Jackson y el helado de pistacho con almendras, se graduó de la Facultad de Bellas Artes de La Plata en la carrera de composición. Docente en esa misma institución, al par, realizó numerosos trabajos como bajista de sesión (De lluvias, tempestades y submarinos, de José Flamenco; Jazzargentolatinoamericano, de La Dimensión Cangrejo; Mono Luve, de Mono Luve; Va, de Parte Victoria; Con todas las letras, de Hugo Figueras). En el año 2005 lanzó su primera obra en solitario, Piezas para bajo presupuesto. En mayo del corriente nos regaló Nave, su segundo trabajo en solitario, el cual se encuentra actualmente en un intenso período de presentaciones en sociedad y estrechamiento de manos.

Le agradecemos con un fuerte abrazo de foca su conversación (que, por demás, no es más que otra forma de hacer música).

. ¿Qué significa Nave en el trazo de tu carrera musical?

14012210_10210068937424430_1806832004_n
Portada del disco Nave

Desde hace ya varios años estoy tocando en bandas con una impronta jazzística fusionada con otros géneros donde la improvisación forma parte del lenguaje; también he realizado muchos trabajos de sesión, tocando para distintos artistas en vivo y en estudio. Entonces hace exactamente 2 años atrás empecé a trabajar en la idea de hacer un disco de composiciones mías que sea distinto a lo que venía tocando. Desde el vamos quise encarar un disco con otro diseño sonoro, mas eléctrico…si bien hay lugar para el eclecticismo en NAVE, hay un claro apoyo en una determinada sonoridad. La decisión de retomar el formato canción, instrumental y cantada, también es algo significativo para mí ya que no componía en ese plan desde hace muchos años, de hecho volver a escribir letras para algunos temas me resultó bastante difícil, sobre qué quiero hablar…cómo decirlo… Es un disco que tiene que ver con las músicas que me impactaron de chico, pero obviamente todo resignifcado hoy.

 . ¿Cómo das comienzo a un proyecto? ¿Utilizás algún tipo de técnica o metodología?

No…nunca fui muy metódico tampoco. En el caso de NAVE desde el comienzo pensé en hacer un disco que suene a una “banda”, entonces comencé a pensar en personas que pudieran participar del proyecto. Así fue como me contacté con Ignacio Martí quien se ofreció a co-producir el disco conmigo (más adelante también se incorporaría en el mismo

a4038420117_10
Portada del primer trabajo en solitario de Gastón.

rol Fernando Taverna). Elaboramos un plan de encuentros y ahí arrancó el intercambio de ideas. Otra persona que estuvo muy presente durante la pre producción de NAVE fue Juani Puente, gran guitarrista con quien vengo tocando hace mucho tiempo en otras bandas. La metodología fue muy simple: debía componer por mi cuenta y cuando llegara a una idea que me gustaba, me juntaba con Juani a tocar y probar cosas sobre ella. Luego me juntaba con Ignacio, quien teniendo ahora algo más concreto y pulido sugería modificaciones o cambios respecto del tema. Más adelante se fueron sumando más amigos como Matías Patinho y Santi Coria, todos grandes músicos con los que vengo compartiendo música hace mucho tiempo. O sea que se trató de un proceso en soledad al momento de encarar cada tema, encontrar las ideas, el concepto, plantear la sonoridad, para luego sí abrir el juego, compartir con ellos lo que había hecho y ver hacia donde nos llevaba. De esta forma de trabajo surgieron  Rer y Una mujer a cuerda, los cuales compusimos con Juani, y Elefante que lo hicimos con Ignacio.

 . ¿Cuáles son, más allá de las que se pueden reconocer en el ancho del disco, tus inspiraciones?

Pueden ser variadas y diversas…En el caso de este disco me sirvió mucho como disparador releer cuadernos que había escrito durante los viajes que tuve la chance de realizar. A cada viaje me llevo un cuaderno para sencillamente escribir lo que sea, cualquier cosa sobre la

14037850_10210068971505282_107690040_o
Aquí Gastón, observado por el ojo izquierdo de una lechuza

que quiera o necesite escribir;  y fue justamente releyendo esos cuadernos donde me reencontré con un montón de situaciones, sensaciones, pensamientos, personas e ideas que me motivaron muchísimo y me dieron una especie de marco sobre el cual componer o desarrollar cierta idea conceptual del disco. De ahí la recurrencia a ciertos temas como el traslado o el movimiento de un lugar a otro, el paso del tiempo…Por otro lado NAVE también es un disco muy “visual”, evoca imágenes, cita lugares… En el tiempo que estaba componiendo el disco volví a mirar ciertas películas que me han gustado mucho y que creo tienen que ver con cierta búsqueda estética del disco, al menos como disparador, después obviamente el resultado final puede no tener una conexión muy explícita con la referencia, pero el germen está ahí. Lo mismo con ciertos discos y bandas que volví a escuchar. Fue como buscar esas cosas (las que fueran) que me hayan movilizado en algún momento, para empezar a gestar algo nuevo para mí.

 . ¿Cómo considerás que se constituye la relación entre música y política (y dentro de ésta, la relación entre música y mercado)? ¿Cuál es tu visión del paradigma musical actual?

 La música como hecho artístico, como forma de expresión humana, es producto de un  contexto histórico. A su vez, la política es desde los comienzos de la humanidad, la generación de mecanismos para una construcción social. Independientemente de cuál sea el sistema político que el hombre tenga en un determinado momento histórico, la música aparece como producto de ese contexto. En La Plata, como  consecuencia de un determinado contexto, han emergido en los últimos años muchos músicos que se han instalado de manera independiente en la escena sin ningún tipo de vínculo con empresas discográficas. Esto manifiesta la riqueza artística local y la capacidad de recepción de productos independientes.

 . ¿Cómo se relacionan –si es que lo hacen- tu carrera musical con tu carrera docente?

Creo que hay un feedback constante entre una y otra. Aprendo mucho de los alumnos en general, siempre surgen situaciones que me plantean interrogantes acerca de varios

14011734_10210068997785939_661252158_n
Precaución: Obreros trabajando.

temas. Algo importante creo que es tomar conciencia que en la situación de clase ya estamos haciendo música desde el principio (sobre todo en materias directamente relacionadas a la composición) en lugar de pensarla como algo que está fuera de alcance y a lo cual podemos acceder una vez que manejemos ciertos elementos o temas, como si fuese una cuestión cuantitativa. He descubierto mucha música y muchos músicos a través de alumnos; siempre hay un momento durante las clases en el cual alguien dice “escuchaste esto?” Ese intercambio de información me parece vital.

 . Por último, la música, en tanto categoría estética, contiene un valor histórico que la trasciende, ¿Crees que la música funciona como un reflejo de una sociedad en un tiempo y espacio determinado, o más bien posee un universo particular en sí misma que no necesariamente es equivalente al afuera en donde está inserta? ¿Cómo ves la relación entre música, literatura, e identidad?

La música es producto de un contexto histórico, tanto como la literatura. Las artes son elementos claves en la conformación de la identidad. 


 

Rosana Gutierrez: «Para el segundo semestre me gustaría ser una escritora del reviente»

ENTREVISTA

Rosana Gutierrez 01b

 

Por Pablo Contursi

 

Rosana Gutierrez_Caceria de guanacosCredo quia absurdum est. La editorial Aurelia Rivera publicó en 2015 Cacería de guanacos y otros deportes de riesgo, segundo libro de Rosana Gutierrez. Esta nota es un intento por descifrar los misterios de una literatura que comienza en la aventura de una búsqueda imprecisa y que desemboca en un lugar y un tiempo no menos kafkianos que la Argentina contemporánea: allí donde el eterno retorno, el progreso y el subdesarrollo son las caras de una misma y cada vez más devaluada moneda.
Cacería de guanacos y otros deportes de riesgo se consigue en librerías Galerna y Hernández.

 

P. C. —Como es la segunda entrevista que me concedés, pasaré por alto algunas preguntas típicas para adentrarme en cuestiones polémicas, que son las que concitan el interés público y aumentan las ventas internacionales. ¿Cuál fue el proceso de escritura de Cacería de guanacos?

R. G. —Esta es una pregunta difícil de contestar porque el libro lo escribí primero en guaraní y luego lo traduje al danés, y lo que quedó en realidad es bastante incomprensible para toda la región occidental de oriente, e incluso, para mí misma. Sin embargo haré un esfuerzo por recordar.

Me parece que la idea de Cacería de guanacos la saqué de un libro de física cuántica que explica las leyes de la termodinámica y otras estupideces por el estilo. Recuerdo levemente que yo estaba en el patio de casa esperando que pasen los loros cuando uno de ellos cagó la portada del libro que mencioné anteriormente. El libro se arruinó para siempre así que no sé bien de qué trataba, pero igual, de las leyes yo me quedo con la número dos porque me parece mucho más adecuada para develar los vericuetos más intrincados del ser y la nada. Como diría Deleuze, «un creador es un ser que trabaja por gusto», cosa que en mi caso no aplica porque a mí no me gusta casi nada, y mucho menos trabajar. Excepto los guanacos que me resultan animalitos muy simpáticos creados por algún ente superior, llámese Dios, Buda o Lacán.

Más o menos así fue la cosa, ahondar en detalles sería en vano porque lo importante es la mirada del lector y la de los críticos literarios que consideran a mi libro algo «aún no leído», aunque en otros países se hablaba bastante de él.

 P. C. —De acuerdo con aquella consabida discusión sobre tu anterior libro, en la que tanto Paul Auster como Haruki Murakami debatieron en The Ellen Show y Saturday Night Live, Marcelino Retamar afirmó: «Un tutiplén es el elemento único de un conjunto distinto a todos, un ejemplar que a la vez es la especie, una clase que a la vez es el elemento único, y además es toda excepción a esta regla, y además es toda excepción a cada una de esas excepciones». ¿Qué pensás de eso? O sea, ¿qué es un tutiplén y para qué sirve?

R. G. —Es muy interesante esta pregunta, que me hicieron, contando ésta, exactamente doscientas cincuenta y tres veces; y nunca quise responder con la verdad, cosa que tampoco haré ahora porque no existe una verdad única sino una pluralidad de opiniones acertadas o no respecto a cualquier asunto.

Un tutiplén es un fragmento de algo inespecífico e inclasificable, como por ejemplo, un cacho de molécula o un chuflo de esos que hay en las cocinas de la mayor parte de los hogares de la patria.

Yo soy muy patriota, puedo jactarme de eso, por eso todos los 25 de mayo como pastelitos pero de batata porque el dulce de membrillo no me gusta, o mejor dicho, me gusta pero no en el pastelito. De todas maneras, a la hora de elegir me quedo con la crema pastelera, y si es en una ensaimada, mejor.

Pero volviendo al tema de los guanacos que es lo que importa, no pienso hablar del asunto y no te lo quiero volver a repetir.

 

El placer de la lectura. En Consideraciones acerca de tutiplenes y otros frutos del mar, libro editado en 2008, Rosana Gutierrez nos hace notar que una reflexión, una narración, un poema en prosa o una anécdota humorística pueden desviarse hacia todas las direcciones posibles, o incluso hacia ninguna en absoluto, sin provocar en los lectores la mínima molestia.
Muy por el contrario, ustedes verán, cuando en esa clase de caprichos hay disfrute. Prueben.

 

P. C. —¿Hay algún autor actual que puedas considerar una influencia? Me refiero a escritores que sé que leíste, te tiro nombres y respondé rápido, tenés 10 segundos (luego sonará la chicharra y Bariloche quedará lejos, demasiado lejos): John Berger, Carlos Busqued, John Irving, Mario Levrero.

R. G. —A John Berger lo vi una vez en Canal A, me influyó mucho en el sentido de que al día siguiente decidí redireccionar la antena para poder ver el 11 donde pasaban a Tinelli y todos bailaban y tan contentos.

Carlos Busqued es un gran catequista. Me enseñó a amar y temer a Dios e influyó mucho en mi vida, sobre todo una vez que fuimos a tomar unas coca-colas y como pedimos hielo nos cobraron un ojo de la cara. Por eso ahora uso este parche tan lindo que podés ver.

John Irving marcó un punto de inflexión en mi vida porque leí un libro de él que me regaló una amiga que se casó hace poco con un señor que parece extranjero y no me invitó a la fiesta. Todo esto que te digo lo sé del Facebook pero pude haber malinterpretado la foto y que en realidad el marido no sea extranjero sino que haya nacido en Palermo o Burzaco y sus padres, que eran psicoanalistas, le hayan puesto un nombre raro.

Mario Levrero es, quizás la única influencia de la que no reniego. A Levrero no le gustaba escribir. Sufría mucho escribiendo, le costaba un huevo ponerse a hacerlo porque en Uruguay las cosas no estaban ni están tan bien como acá que ahora todo se hace con gran alegría, ¿nocierto?

 

Rosana Gutierrez _02

 

P. C. —La alegría es una cuestión relativamente importante, es cierto. Pero más importante aún es contemplar a la Naturaleza en su maravilloso y misterioso esplendor. ¿No te parece? A propósito, volviendo a los asuntos que nos convocan en este ameno diálogo, ¿tenés alguna cosa que decir sobre los usos de la tecnología de hoy en día en cuanto a comunicación y redes? Presenciamos con cierta inocencia y entusiasmo el surgimiento de los blogs allá en los años del post-delarruismo, cuestión gracias a la que conocimos a personas interesantes, divertidas y algún que otro desquiciado. ¿Tiene sentido reflexionar sobre internet, ahora que pareciera ser parte de la naturaleza misma, como el aire, el agua y el imperialismo?

R. G. —Antes que nada quiero desmentir los dichos que en su momento me acusaron de haber votado a De la Rúa y así ocasionar la catástrofe social de 2001 y los años que siguieron hasta 2064.

El único sentido que tiene reflexionar sobre internet es el sentido opuesto. Es decir, ¿qué hay en la antípoda de internet? ¿Qué se esconde detrás de las pantallas de los ordenadores? ¿Es acaso el sistema táctil, tan en boga a partir del desarrollo de los teléfonos celulares inteligentes, un modo de autoerotismo? ¿Qué tan inteligentes son dichos teléfonos?

Y por otro lado, respecto de la alegría, opino que es necesaria para convertirse en el alma de las fiestas y que todos te inviten a comer gratis.

P. C. —Ha sonado una chicharra pero no hubo ninguna consecuencia pues el jurado está entretenido jugando al Boggle. Sigamos. ¿Qué diferencias y qué similitudes encontrás entre éste libro y Consideraciones acerca de tutiplenes y otros frutos de mar? ¿Coincidís con Gwen Mansillas, que famosamente declaró: «Tras un velo de humor, Rosana Gutierrez indaga en los aspectos más tremebundos de la existencia»? En efecto, algunos textos de Cacería… no tienen nada de humorísticos.

R. G. —Yo creo de que sí. Pero me consta también que la gente se ríe porque me mandan fotos. Las fotos no mienten, te lo digo con conocimiento de causa porque tengo una hija fotógrafa y ella no miente desde que cumplió años. Es una promesa que le hizo a su marido y yo, en las cosas de pareja no me meto.

La similitud que hay entre los dos libros es que son de la misma editorial y participaron en él los amigos de siempre que son los que me quieren y respetan. No como «otros» a quienes no voy a nombrar, pero es justo decir que me han hecho sufrir bastante con sus desplantes y compulsión a querer venderme productos que no necesito. ¡Válgame Dios!, cuánta gente ruin, ¿verdad? Y mucho más en estos tiempos de menemato irredento.

 

El poder de las palabras. No emprender una entrevista típica, con preguntas y respuestas típicas, fue un arreglo al que Rosana y yo llegamos luego de una breve negociación.
Lo que resulta de eso es una probable extensión periodística de un discurso que, ya desde la época en que ella lo ejercía en su blog Resacas, poco después de la crisis del 2001, no necesita de otra cosa que imaginación, humor y ganas de usar el lenguaje —para conversar con otro, para leer, para escribir— sin prestarle demasiada atención a la realidad.
Y así, el título de una nota puede contener entrecomillada una frase que no aparece en ninguna parte de la entrevista.

 

P. C. —Me doy cuenta de que cada cosa que pregunto desemboca en respuestas que sólo cabría dilucidar enteramente luego de un pormenorizado estudio sociológico, ambiental, histórico, urbanístico y metafísico. Por favor, recomendá a nuestros queridos lectores alguna película, serie, música o algún evento deportivo que merezca la pena observarse con regocijo.

R. G. —La música es importante: si no es lo más importante, por ahí andamos. Hace un tiempo me compré un piano por esta firme creencia que tengo y con gran ilusión, pero todavía no pude encontrar el botón de power que hace que funcione y salgan de él bellas melodías. Es posible que me lo hayan vendido fallado porque lo compré por Mercado Libre y el vendedor no tenía gran reputación.

Veo muchas series, recomiendo todas las que sean de lugares raros como Estocolmo, Eslovenia o Islandia. No me acuerdo los nombres pero si gugleás seguro que están, porque en Google está el verdadero conocimiento universal.

Sin ir más lejos, el otro día encontré un tutorial que me enseñó a arreglar la termocupla del termotanque. Parece complicado, pero en realidad es una pavada, así que es muy posible que me compre un termotanque en un futuro no muy lejano.

P. C. —¿Qué te gustaría hacer en el futuro?

R. G. —Yo tengo formación punk, si escuchás mis discos con atención podrás percibir un cierto desasosiego respecto del devenir, sin embargo a veces pienso que tal vez haya futuro y ahí es cuando imagino algunas cosas para hacer pero te las cuento en un rato porque puse un cacho de pizza en el microondas y ya hizo pip. Aguantame un toque.

Es una pizza de muzza que pedimos hace dos noches pero está bastante buena igual. Estas son las cosas importantes: la durabilidad, la resistencia. A mí me gustan mucho las cosas que resisten a la indiferencia, como los cáctus, como los pobres, como esta pizza.

El futuro ya llegó, dijo el Indio y también dijo: «pero, ¿no cabe todo lo tuyo en una maldita valija?» y más o menos este es el quid de la cuestión. Esto viene a cuento de algo que ahora no me acuerdo y si no me acuerdo es porque no es importante.

Para que no queden dudas: yo tengo mis ilusiones, ¡claroquesí!

Acá tengo una lista de cosas que quiero hacer en el futuro pero es íntima. Yo a vos no te pido que me cuentes tus cosas ni que me des a leer tu diario íntimo. Espero que sepas comprender y aprovecho la ocasión para mandarle un saludo cordial a todos los que me conocen.

 

Rosana Gutierrez _03

 

[Pablo Contursi: entrevista, edición]

[Michelle Ortiz Gutierrez: fotografía 1, living
Micaela Borgia: fotografía 2, plantas
Rosana Gutiérrez: fotografía 3, selfie]

Nadie sale vivo de aquí

Por Marcos Francese

Plata o plomo”, repite insistentemente en un desparejo castellano el brasileño Wagner Moura, representando en la serie Narcos (Netflix) a uno de los narcotraficantes más famosos del mundo: Pablo Emilio Escobar Gaviria. Quizás este sea solo un elemento de color para abordar esta producción con aires de crisol latinoamericano que hace equilibrios al momento de describir a Escobar y su Cartel frente a la presencia estadounidense en Colombia con la DEA como principal protagonista.

 

Un breve resumen de la primera temporada estrenada el 28 de agosto de 2015 desde Netflix podría ser así: una serie dirigida por el también brasileño José Padhilla (Tropa de Elite, Ómnibus 174) que relata los inicios, la conquista y posterior caída (y captura) de Pablo Escobar en el reinado del tráfico de cocaína en los años 80 de Donald Reagan, desde la voz en off del agente de la DEA Steve Murphy (Boyd Holbrook) y con la Guerra Fría como telón de fondo desintegrándose lentamente.

Tenemos, por un lado: escuchas ilegales, ejecuciones sumarias, los estados nacionales corriendo por detrás (¿cómo siempre?) de este nuevo fenómeno y violación de la soberanía colombiana por parte de todas las fuerzas de seguridad estadounidenses que operan en su territorio. Por el otro, la composición del personaje de Escobar y su tropa: cinismo y sadismo, sus deseos de grandeza casi como respuesta inmediata a sus orígenes pobres y aclarar constantemente que sufren el embate de los “oligarcas” en referencia a los políticos y empresarios que no los aceptan como actores legítimos en el esquema de poder. Mafiosos que buscan su lugar en el mundo con… plata o plomo.

 

¿Y porque el “equilibrio” que mencionamos a comienzos de este articulo? Porque esta serie de 10 capítulos producida, distribuida y emitida por Netflix se inscribe un clima de época exitoso de los últimos años, conocido como la Tercera Edad de Oro de la Televisión, en dónde las producciones norteamericanas como Breaking Bad, Los Sopranos, Lost y Mad Men (entre muchos otros) son las principales exponentes de esta era.

Zeitgeist serial que complejiza a sus personajes principales, relativiza el bien y el mal como dos polos opuestos complementarios y desafía al espectador-consumidor a dejar de lado los maniqueísmos o cuestionamientos ético-morales para no poder parar de empatizar con protagonistas desquiciados, maniáticos y esquizofrénicos increíblemente populares y adictivos.

“Lo malo y lo bueno en Colombia es relativo” dice el agente Murphy. Se podría completar que no es solo en ese país y que tampoco son sus autoridades las que corren un poco más la vara de la legalidad para atrapar a esos narcotraficantes que no solo venden cocaína sino fueron pioneros en el “narcoterrorismo”, como fue la explosión del avión en el que iba a viajar el candidato a presidente colombiano.

Otro de los aciertos de la producción de Netflix es sacar al mercado televisivo y otros soportes (la definición más precisa sería al “mercado de las pantallas”) una serie en un contexto en los últimos años de redescubrimiento de la figura de Pablo Escobar a partir de la exitosa serie colombiana El patrón del malproducida por la Cadena Caracol (basada en el libro La parábola de Pablo) y el documental Pecados de mi padre del hijo de Escobar; ambas en 2009.

Entonces, tenemos una serie que se inserta en un ciclo trascendental y disruptivo para la televisión, un mafioso que quiso ser presidente (liberar a Colombia con la espada de Bolívar) del que se vuelve a hablar y una empresa de streaming que también produce contenidos y está en auge en Latinoamérica. Para este último punto, basta con revisar la diversidad del casting: a los brasileños como el protagonista y director, se suma el intérprete del bolero “Tuyo” Rodrigo Amarante en la canción de inicio, más chilenos y mexicanos como familiares de Escobar y autoridades colombianas. Hasta el argentino Alberto Ammann da vida al capo del Cartel de Cali.

Por otro lado, la voz en voz del agente Murphy plantea dos problemas: el primero, es que este recurso hace la narración excesivamente didáctica y anula la sorpresa en el televidente, recurso habitual utilizado por Padhilla en sus films (con aires documentalistas que aciertan en el primer capítulo para entender el contexto) pero que va perdiendo el efecto en los 9 episodios siguientes.

El segundo y quizás mayor problema de la serie sea el motivo elegido por el cual desde el punto de vista de un agente de la DEA se cuente lo que irá sucediendo en la serie ¿Por qué no es un periodista o un escritor que haya investigado esa época el que lo lleva adelante sin conexiones con los dos “bandos”? ¿Acaso para balancear ese costado que Narcos también muestra con el “A veces hay que hacer cosas malas para atrapar a los malos” del episodio 4? ¿O porque cínicamente no se plantean la invasión en territorio colombiano y tampoco mencionan los errores de EEUU para controlar su propia frontera?

Recordatorio (para el celular): el 2 septiembre comienza y termina la segunda temporada. Los nostálgicos del broadcasting pueden quemar sus revistas de cable que tenían guardadas en el cajón de los recuerdos o exponerlas en un museo para todos los amantes de la modernidad sólida, patrullas perdidas de un régimen que muere lentamente. De nada.

CaosversacioN(es) – entrevista a Juan Lázaro Rearte.

Juan Lázaro Rearte, mezcla de pez espada y barco de tres velas verdes, es Doctor en Letras por la Universidad de Buenos Aires y docente de Literatura Alemana y de Estudios de la Literatura Moderna (UNGS). Tradujo obras de Klinger, Humboldt y Schiller, entre otros autores. Es parte del grupo teatral Los últimos tres, con el que estrenó Bulbus, de Anja Hilling (2011), además de textos propios. Como poeta participó de numerosas lecturas y performances, y es autor de Póstuma (Cencerro, 2004), Happy Hour (Cencerro, 2005) y de Últimos 55 min de la mañana (Flora y Fauno, 2009). Como narrador, sus relatos se incluyeron en antologías como 8cho y och8. Actualmente, prepara un nuevo libro de poesía: Teoría del archipiélago.
Le agradecemos con un fuerte abrazo de foca que nos acompañe.


Foto de portada: Juan Lázaro Rearte, enguarachizado.

(Nota del entrevistador: Actualmente Juan tiene unos 200 años más que en la foto que nos envío para la portada. Ustedes sacarán sus conclusiones -la parte izquierda de su cabello ya es un copo de nieve cósmico-).

. La antología Muchachos desnudos bajo el arcoíris de fuego (1979), realizada por Roberto Bolaño, afirma que “la poesía –tal vez la más alta expresión estética- es la cenicienta de la literatura”. Por otro lado, recuerdo (quizás falazmente), un ensayo de casi la misma época (un añito más tarde, 1980), en donde Amado Tiempo (sin relación con César Tiempo) defendía con sospechosa ferocidad que “la poesía, menos que un capricho dieciochesco, es la literatura verdadera” (el subrayado es mío). Tomando en consideración que esta entrevista es (también) una arrimada a tu libro de poemas Últimos 55 min de la tarde (2008), la primera pregunta en cuestión es ¿Cuál considerás que es el lugar de la poesía en la literatura de hoy? ¿Es posible hablar de poesía actual y que la misma sea más que un plagio de plagios? Y en un plano mayor, ¿Crees que sería posible considerar, hoy día, algo así como una poesía (o por qué no, una literatura en general) de vanguardia?

No me gustan las definiciones unilaterales de la poesía, aquellas en las que se dicta un un principio o una verdad concluyente, y menos en épocas como la actual. Si bien me divierte leer esas sentencias, me da la impresión de que se trata de formas de exclusión de la práctica poética. Ahí donde por medio de una maniobra retórica se adosa a la poesía el valor de verdad y de lo inmanente, me da la impresión de que un poeta querría desprenderse de lo “poético”, quizá porque, en particular, esa propiedad de lo poético es la huella de una cierta percepción de la realidad. Esa cosa queda enriquecida por la sensibilidad, pero también queda libre de futuras percepciones, no deja de ser un objeto

13734745_604610256373907_65405775_n.jpg
Portada de Últimos 55 min de la mañana.

para que otros lo agarren con sus manos o lo vean con sus ojos. Me sorprende cuando algunos autores sienten incomodidad por la emergencia de la crisis política. En la medida en que hay relativa tranquilidad social, desde luego es más sencilla una práctica literaria ligada al placer, pero cuando, como sucede actualmente, las corporaciones económicas se apropian del poder político, el poeta debería pronunciarse como intelectual, como un actor político, no por ocuparse de la política en su obra, sino simplemente porque la poesía guarda reflejos de su época y porque su materialidad es social. Ese es el lugar en el que siento que la poesía no deja de ser actual, ni deja de perder su interés social ni estético, no por ocuparse de la actualidad, sino por ser ella misma presente. En ese sentido quizá pueda hablarse de “vanguardia”, como producción histórica más que como anticipación.

. El poema 31 sentencia: “Pancho Sierra contra la tecnología empieza que / querido santo pueblo, si ventanas y espejos / nos miran te pido que no dejes que / los hombres mueran por computadores / los hombres sean computadores / los hombres sean dominados por los computadores / y el futuro será nuestro”. ¿Cómo interpretas la relación entre la literatura y la tecnología (no sólo como plataforma –como blogs, wordpress, etcétera-, sino también como mecanismo de producción) en la era digital?

Hay una relación todavía muy rica por explorarse. Desde los tempranos blogs, tímidas formas de hacer pública la producción, hasta las antologías nacidas de contactos por redes sociales, pasando por revistas virtuales, hay una diversidad sorprendente, que por un lado converge a formas ya conocidas y que simplemente se alimentan de innovaciones técnicas, pero que por otro lado se dirige a nuevas formas, que incluso aspiran al fortalecimiento del libro, como el financiamiento colectivo, una forma de participación muy interesante, que podría tensar y redefinir la relación entre el autor y el editor de poesía. De todos modos, se encuentra en estudio cómo los registros del autor se dispersan en tantísimas fuentes, hasta qué grado de lejanía de su estilo el autor está dispuesto a alejarse de su estilo. Es interesante porque la palabra se vuelve menos exclusiva, y se genera una mayor

juan
Juan Lázaro Rearte, observado desde los ojos de una hormiga atómica.

transparencia e inmediatez, si dejamos de lado que las plataformas están económica y socialmente determinadas y que, por supuesto, tienen una opacidad que no escapa a nadie. Por otro lado, esta percepción optimista, en especial en lo que respecta a la relación con lectores y otros autores, puede coexistir con una cierta prevención en cuanto a no perder la práctica manual de la escritura o la relación con el papel y con ciertas operaciones y sensaciones que heredamos y que sería bueno legar. En este sentido, pienso en la escritura y en la lectura como actividades que también necesitan de cierta soledad.

 . ¿Cuáles son tus inspiraciones/influencias? ¿Qué personas admiras y por qué?

Para serte franco, depende del día! Tengo entre mis autores más cercanos poetas tan disímiles como Lord Byron y Thomas Kling, Juan Gelman, Romina Freschi y Ian Curtis. Las obras de Bettina Brentano también me resultan extraordinarias, y desde luego Alejandra Pizarnik. De muy chico estaba interesado en la relación entre la poesía y otras artes, especialmente la música y la pintura o el dibujo, así que los muchos descubrimientos de David Bowie que hice en distintos momentos en buena medida condicionaron mis inquietudes. Como siempre el momento de escritura tuvo para mí mucho de búsqueda, cada partida supuso siempre un conjunto de pertrechos: música y libros para ensanchar el camino.

Me resulta admirable Gelman. Cuando leés su obra de juventud te encontrás con un maravilloso material en estado de formación, desde Violín e incluso Gotán, y su recorrido político, intelectual y artístico consolida ese material y lo vuelve de una densidad formal extraordinaria y al mismo tiempo de gran ligereza sonora. A veces me da la sensación de que la historia argentina atraviesa la lengua de Gelman desde los años ´60 hasta pasado el 2010.

. ¿Se entrelazan tu trabajo como docente universitario/investigador y tu trabajo como escritor más propiamente dicho de ficción –aunque habría que discutir el término-?

Es inevitable para mí que esos trabajos se entrecrucen. Me gusta estar atento y en todo caso advertir y, siempre que sea posible, controlar esos cruces, pero a menudo sucede que una idea surge en el trabajo de traducción o seleccionando imágenes para preparar una clase. Ahí es más involuntario el cruce. Todos esos materiales, en particular los de la literatura que transparenta los procesos de consolidación o de crisis de la Modernidad me resultan muy atractivos y me llevan a plantear el cruce de la ficción con la realidad en la escritura creativa. También me pasa con otras actividades que, sin ser trabajos, requieren un gran esfuerzo, como las tareas vinculadas a la paternidad, o simplemente cocinar. Algo de esas tareas que nos desafían continuamente nos ponen a menudo en una hipotética situación creativa y luego podemos tomar de esas experiencias reales o imaginadas materiales para una cierta construcción.

. En tus poesías (pienso en el poema número 21, 27, y 45) hay una fuerte interrogación sobre el yo (el yo metafísico y el yo en tanto cuerpo), y sobre el tiempo. ¿Qué papel juega tu poesía para entender la construcción del yo? ¿Se podría pensar que el tiempo funciona como su condición de posibilidad? ¿Qué relación crees que existe entre poesía e identidad?

Considero crucial la temporalidad como condición tanto para la construcción del yo como para el despliegue del ser, desde el momento en que un sujeto puede percibir un mundo y expresar su yo como lo distinto de esa percepción, el mundo se revela y el lenguaje tiene la misma temporalidad de la vida. A diferencia del tiempo entendido como fracción productiva, alienante y repetitiva, me gusta pensar que hay una identidad que puede ser única y que al mismo tiempo puede guardar un vínculo con los otros, no sólo como una generación de artistas, sino también en la construcción de una identidad con los pares, con los compañeros, una identidad que se construye, especialmente, en el hablar y en el pensar con otros.

.¿Qué autocrítica realizarías de tu propia obra?

Cuestiono mi indisciplina. Me gustaría ser más ordenado y metódico. Por un lado, encuentro un gusto en la dispersión de papeles y versiones, me sorprendo y me enojo y eso es parte de un trabajo que tiene sus desencuentros y sus momentos gratificantes, pero también sucede que por esta escasa capacidad para someter el descontrol puedo perder de vista el punto de llegada en el trabajo de construcción. Cuando trabajo en prosa, siento que

nor_Rearte. de la ilustracion al romanticismo.jpg
Otra publicación muy recomendable de Juan, junto a María Jimena Solé, editada por Prometeo (2011).

el camino es ascendente y zigzagueante, así que tiendo a ser más cuidadoso, pero no así cuando trabajo en poesía. Esos son los momentos en los que, como te decía antes, me ocupo más por “ensanchar” el camino que en darle certidumbre.

. Como última pregunta nos gustaría darte un espacio para que nos compartas una opinión sobre tu visión acerca de la relación entre la literatura y la política actual.

La literatura tiene una relación indelegable e inevitable con la política. Ya sea que hablemos de la práctica de una y otra y de las instituciones que se vinculan con ellas, pero también de la idea de sociedad o de país que animan a un autor, a un conjunto de artistas o a un dirigente político, sin contar con que un artista es un actor político y que su práctica es política. En el ámbito académico, por referirme al espacio social de la universidad más que al micromundo de prestigio de docentes e investigadores, esa relación es intensa pero creo que debería ser todo lo intensa que pudiera ser. En un contexto como el actual, en el que, como nunca antes se produce un doble fenómeno de transferencia de la riqueza, de bienes, de capitales culturales y de recursos y de un consecuente proceso de concentración, quisiera que, dejando de lado a los escritores que prefieren ser cómodas figuras de un disenso intelectual trucho, supiéramos estar a la altura de las circunstancias. No me animaría a decirle a ningún escritor, a ningún lector qué hacer específicamente, pero sí me parece necesario un esfuerzo por pensar y discutir el presente, esa actividad, aunque más no fuera desordenadamente y sin una dirección definida, eso brindaría un pequeño pero importante contrapeso frente a este fenómeno que en los medios y en la producción de materiales culturales se vuelve ominoso, y quizá por familiar, siniestro.

Literatuya

“Tendría que haber en nuestro lenguaje palabras que tengan voz. Espacio libre. Su propia memoria. Palabras que subsistan solas, que lleven su lugar consigo. Un espacio donde esa palabra suceda igual que un hecho”.
“El relato no hace más que relatarse a sí mismo. Lo importante no son las palabras, sino los hechos que no están en las palabras y que precisamente rechazan las palabras”.
Augusto Roa Bastos.


Literatuya.png


Fotografía de portada: Lucía Verderosa.


El oficio de poeta sonriente

Estaban muertos desde un principio” Gonzalo Arango

Empecemos por cuando usted imaginaba que la luna era una mirada y que estábamos siendo observados, -escrito, a mi gusto-. Aunque sinceramente a esta altura de nuestra escritura tenemos que empezar a sospechar de todo, (la literatura es una sospecha): de lo bonito, del escalofrío, del aumento de sus lentes y de mi cara de sospecha.

Buscamos nuevas formas de decir, nos desesperamos, nos morimos de frío, nos llenamos de humo, nos mojamos el pelo y seguimos buscando. Quizá en medio del humo estén todas las respuestas. Y desde ya le pido disculpas, usted sabe bien que me fascina la catarata de palabras, el arrebatamiento, no puedo evitarlo. Y no va a encontrar calma acá, no va a tener tiempo de acariciar letras sumisas y suaves, -ya no existen, el humo y la humedad las despierta-. Ya se lo voy a explicar mejor, y ojala no suene perverso,(¡que suene!), pero: lo voy a matar a palabras.

¿Para qué correr a buscarlo si puedo escribirlo? No como destinatario, claro, (nunca va a ser el destino de algo que tenga que ver conmigo), sino como papel. Lo voy a escribir como a las hojas blancas sin renglones. Y no piense que acabo de encontrar esa nueva forma de escritura, es sólo una excusa para decirle que no tengo tiempo de extrañarlo porque las letras me están ahogando, buscan mi intervención; son dependientes y estúpidas sin mis manos -que más torpemente intentan guiarlas-. Pero de todos modos, deme la oportunidad de extrañarlo en este mundo de plástico. Escribámonos cada una década, (sería muy egoísta borrar una historia que le pertenece al único mundo que conocemos), así muere todo, así muere todo, así muere todo menos la poesía. Y por si la muerte de todo se toma revancha, le confieso que supe de su terrorífico oficio el día que le pregunté algo sobre el tiempo y usted me dijo que le dolía la cabeza de sólo pensarlo ¡Y sí hombre, hasta que no explote su mente y manche las paredes con barro pisoteado por Arlt, no paramos! En fin. Empecemos por cuando usted se imaginaba que su cara era una vidriera, y le empezó a sonreír a Darío y a Macedonio como le sonreía al bancario a las 9 de la mañana.

Buscamos nuevas formas de decir, y mientras tanto usted practica en el espejo la mirada que le combina mejor con sus zapatos marrones. Me explico mejor, para que se saque el sombrero y me mire como miró una tarde el disco sucio de Goyeneche; cuando usted todavía escondía la sonrisa y apreciaba el perfume del café que no vamos a tomar por la mañana. Le estoy proponiendo algo: basta de frío, borrémonos por completo, como usted no se anima a borrar la poesía que escribe por la mañana en la fila del banco o en la tertulia bancaria de los poetas sonrientes. Que no nos quede ni el límite del lenguaje, que no tengamos en donde encontrarnos más que en la vereda de su casa o la mía, como cuando la vida no tenía música, pero tampoco ecos. Quedémonos sin un lugar a donde correr cuando el mundo esté por explotar, que no haya un sitio en donde decirnos questo o quelotro, que su sonrisa con moño agridulce se pasee por toda la ciudad buscando una rima que ya existió y murió por banal y plástica.

¿Y para qué correr a buscarlo si puedo escribirlo? Usted nunca va a dejar de irse, es algo así como su destino, irse, siempre irse, tarde o temprano, siempre o a veces, en silencio, con el grito del portazo, siempre se va pero se queda; porque es su oficio, (porque si no se tiene oficio ni profesión, de nada sirve sonreír al bancario y a Darío, ¿no?). Y de repente todo el mundo amaba su sonrisa empaquetada con azúcar impalpable. Mientras tanto yo escuchaba la gota de agua pegándole a la biblioteca vieja, pensaba en las canciones muertas, en los vivos de mentes dormidas, y detrás del telón seguía soñando con un poeta callado y sonriente, tan sonriente que daba ganas de despertar al sueño de una cachetada.

Empecemos por cuando usted se imaginaba que nos escribíamos la espalda, y espero no suene cruel (¡que suene!), pero, lo voy a matar a versos incompletos. Me explico mejor: ver su nombre en alguna pared de Buenos Aires es mareo y nausea de tardecita, (y no me mire como miró una tarde el viejo libro de antónimos, nadie se muere por encontrar un orden estratégico y asesino en un grupo de letras), pero no juguemos con la literatura, (usted sabe): sospechemos. Y por última vez, disculpe, pero no tengo tiempo de extrañarlo. Alguien me necesita más. Alguien me necesita más que yo a usted. Las letras están confundidas, necesitan mi aterradora inspiración para ser, y entre extrañarlo y dar vida, me quedo con el insomnio. Y tal vez lo extraño. Y ojalá no suene perverso (¡que suene!), pero lo voy a matar a letras. Así es como se mata el sueño y el amor. Así se mata poetas sonrientes, así se mata hombres de papel.

Gonzalo Arango
Gonzalo Arango

Eres voz.

Mujer-Bonita-es-la-que-LuchaCuando paseas por el barrio con tu vestido lleno de flores, creo que ya no hace falta que venga el otoño a llevarse las hojas, porque tú pasas y te llevas el mundo. Caminas por la vereda y es inevitable no verte a ti y a tu forma de reírte de la vida: es que te ríes de la vida con sólo enfrentarla. Sos la voz de este barrio, la voz que grita justicia, las manos que aplauden por la dignidad, los brazos que se agitan en cada marcha, las ansias de cada nuevo proyecto, los susurros de la esperanza. Para ti el barrio no es un conjunto de casas por manzana, no es la unión de ladrillos y cemento en una construcción, no es basura amontonada en cada esquina. Un barrio es el conjunto de voces que hacen escuchar sus vivencias, dificultades, alegrías y esperanzas. Sobre todo esta última: la esperanza como herramienta de lucha, de que algo va a ser distinto.  Y tú haces que todo deje de ser indiferente, y pones la frente en el medio de las injusticias y no dejas de correr hasta que podamos llorar de alegría. Nuestro barrio como la convivencia de suspiros, risas, gritos, bostezos y susurros. Es la vida de sus voces. Es tu voz y la mía llegando al mar de estrellas, llegando a la boca de los lobos y de las chusmas sin dientes. Un barrio es el lenguaje en plena acción, creando y borrando palabras, adaptando cada frase y sin desaparecer ninguna del pasado. Es que el lenguaje no olvida el dolor y a su vez, es el que nos permite enfrentarlo y crear una nueva vivencia. Y tú manejas ese lenguaje de una forma que nunca podré explicar. Te paras sobre los techos y nos haces pertenecer-nos. Y  de a poco alcanzamos la identidad que nos reúne, y dejamos ser cuerpos para pasar a ser voces que gritan pidiendo justicia y respeto porque somos más que cemento con gusto a ladrillo húmedo. Porque somos el susurro de la esperanza que se convierte en grito para crear, para amar. Y tú pasas con tu vestido de margaritas y el dolor se esconde en el pecho para huir de tantos suspiros. Porque tú haces la metamorfosis del dolor. Haces que el sufrimiento de cada una de nosotras se transforme en la lucha y motivo de continuar, por mí, por vos, por todas. Porque cada vez que una de nosotras abandona este mundo, su cuerpo se transforma en energía -que te hace luchar con más fuerza para que no haya ni una menos. Porque me demostrás que el dolor no siempre debe esconderse, porque me haces entender que los días grises se pueden pintar de colores, porque somos más que un piropo, porque somos libres y queremos estar vivas. Entonces si alguien me pregunta si nuestro barrio tiene cierta anatomía, respondo que sí y le enseño tu dulce cuerpo que se agita con cada grito, con cada cartel llevado por tus manos, con cada bronca que te hace guerrera; y son tus valores los que demuestran que el cuerpo de este barrio debería poseer tu boca que grita revolución, tus ojos que miran lo invisible, y tus manos que tocan el dolor para convertirlo en la esperanza más cargada de este conurbano. Y así, logro amarte a cada segundo por la voz que eres.


Esta breve expresión surge de haber leído una bella publicación: Cuerpos, imaginá la anatomía del conurbano

Despellejándonos

“Se pueden hacer castillos en el aire / que al rato los derriban con metrallas. / Lo verdadero es que nos queda el sobresalto, / la duda de pasar o no de la raya, / de alzar el brazo y agitar nuestra consigna: / ¿Se hizo o no la vida para el hombre?

Fernando Nieto Cadena.

 


Llevo tiempo sin dormir. Llevo tiempo sin dormir y puedo ver la hojarasca rompiéndose entre mis manos. Llevo tiempo sin dormir, y se siente un poco así, como tener el otoño entre las manos. Despellejándolo. He oído la voz detrás de la voz (de atrás del tú/vos). La cara de Dios pezcollage1.jpg aflora en las hojas. Aflora en harapos. En harapos con forma de luces. En lo ancho de la noche hay pupilas verdes. Me persiguen. O, al menos, siento que me persigupezcollage2.jpgen. Siento que me persiguen y tus manos, a lo lejos, son de bandoneón. Son de bandoneón y destruyen muros, como un hálito en prosa y verso. Y me persiguen. Entre la ciudad y la sombra de sus barricadas. Van dibujando desfiguros en el borde de las farolas, enredándose en los cables de luz, atravesando el cemento de nuestros corazones. Estrangulando las cañerías dentro de las paredes cuando afuera espezcollage3.jpg madrugada, en la calle, y en vos. Madrugada sonriente de veranito engrillosado. Madrugada de mate y canción de las simples cosas. Ya lo sabes bien, la poesía es una querella. Y si estoy herido ahora es porque perdí algunas batallas. La poesía debe matar a la poesía, así es cómo son las cosas. Matarse entre lpezcollage4.jpgenguas que se muerden sobre la alfombra del verano. Y por cada lengua que se muerda, un beso ¡Y por cada beso, otro beso más! ¡Y otro más! ¡Que entre beso y beso se hace la literatura, carajo! Porque, si la poesía es sólo un gesto, la única opción que tenemos es tomarnos de las manos mientras miramos nuestra infancia desde lejos, como una huella de barro, y nadar como un pez espada. Nadar como un pez espada en lo ancho de la noche del lenguaje. En donde siento que me persiguen. Y nuestras manos, a lo lejos, son de bandoneón y destruyen muros. Y bailan un tango, como siempre, despellejándonos.

Absurdolenguaje

13643939_1030855660285122_2021754644_n.jpg Por Mixar López


Si el lenguaje es otra piel toquémonos más con mensajes de deseo. Otra piel, Gustavo Cerati “Sos el ángel inquieto que sobrevuela / la Ciudad de la Furia / Comprendemos todo / tu voz nos advierte la verdad / Tu voz más linda que nunca”. Escribiría El Flaco Spinetta a Cerati en un poema, cuando éste se encontraba en coma. Ambos poetas del absurdo, que convirtieron la bucólica en brujería y el lenguaje en alabanza. Si bien, el poeta musical secular de Argentina es sin duda, Luis Alberto Spinetta, comparado ya con Antonin Artaud, el autor de Heliogábalo o el anarquista coronado, por su poesía surrealista extremadamente pura, pues no hay nada que se le escape. El carácter lúdico de las palabras, de la formación de los versos, lo llevaron a componer letras en base a un clásico juego del surrealismo: el cadáver exquisito, que puliría después Páez (el payaso). Tanto Spinetta como Artaud se reconocen en sus personajes. Artaud se declaró como el protagonista de la poesía, siendo él mismo, ese poeta negro obsesionado por la mujer, y cuya vida excitada parece arder. Mientras que Spinetta le habla a esa parte idiota que habita en él, como declararía sobre sus escritos. Ambos se autocritícan, se reconocen dentro de la poesía y del surrealismo. Sin embargo, Spinetta llegó a pronunciar que el verdadero poeta de lo absurdo, era Gustavo Cerati. Este no es otro artículo zalamero más sobre la figura profana de Cerati, sobre el frontman, el rockstar, la súper estrella, el guitarrista, sus flirteos con las drogas y sus inconvenientes con Soda Stereo, tampoco es un texto que busca dialogar acerca de su muerte, de sus consecuencias, ni de lloriquearla sin justificación. Este es un artículo sobre lingüística, de la importancia en el idioma de Gustavo Cerati, ya que su legado es significativo, sobre todo, en el sentido de poder “latinizar” el rock y darle un lenguaje diferente a los significados de las letras, de cómo convertir un lenguaje anglosajón a uno latino. Además de innovar un idioma guitarrístico singular, pues Cerati no trabajó con patrones determinados, sino que construyó su propio sonido. Eso es lo trascendente en un guitarrista, el desarrollo de técnicas, sonoridades personales y una lengua que trasciende fronteras. Cerati crea su propio lenguaje como una voluntaria y creativa reacción ante el “convencional” idioma del Pop. Sabía que el lenguaje distancia al escucha, y rompe la unidad orgánica del disco. El experimento gramatical de Gustavo fundamenta la existencia de un mundo de valores comunes. Pero ésta experimentación no puede ser más que pasajera, y el grado, la “primavera 0” a la que aspira, constituye su horizonte, dado que cuenta con la colaboración del público en la exégesis, en la interpretación, elemento imprescindible para el desarrollo pleno de una letra, “donde todo empieza a ser real”. El lenguaje sin sentido y las situaciones ilógicas usadas para enfatizar la extrañeza y el aislamiento humanos, justo como sucede en el teatro. Gustavo Cerati crea una sátira que exagera algunos aspectos de la vida cotidiana, “sueños de un rumbo incierto”, con el fin de demostrar la falta de sentido de la realidad. Discos como Bocanada, Colores Santos y Ahí Vamos forman un gran galimatías para el escucha, y se muestran incapaces de comunicarse con otros entres elementales. Álbumes que personifican al lenguaje absurdo, y no se descomponen, hasta dejar tan sólo su esqueleto, lo que originó una prosa templada y rendida, sazonada de un candor corrosivo y alegrada con el uso de la prosopopeya. Su influencia en músicos posteriores, sobretodo en aquellos que siguieron sus pasos en la tradición del absurdo, es tan notable como el impacto de su prosa: Eruca Sativa, Massacre, Rayos Láser, Lisandro Aristimuño, Cuentos Borgeanos, Julio Moura, Richard Coleman, Virus, Leandro Fresco, Fernando Nalé, Guillermo Beresñak, y los mismísimos Zero Kill / Benito Cerati. Gustavo Adrián Cerati viene a ser un pensador para el cual el orden, la libertad, la poesía, la “psicología” y el lenguaje no son más que una serie de sucesivas aproximaciones a una realidad ambigua: “Mi pasión del porvenir es la eternidad, no me hablen de esperanzas vagas, persigo realidad”. El dramaturgo del absurdo desmantela el viejo universo cartesiano y su manifestación musical, es parte de tu ser y quiere hacer cosas imposibles.

Negravisnky

“Lo que hay, es que esas cosas uno no se las puede decir a la gente. Lo tomarían por loco. Y yo me digo: ¿qué hago de esta vida que hay en mí? Y me gustaría darla… regalarla… acercarme a las personas y decirles: ¡Ustedes tienen que ser alegres! ¿Saben? tienen que jugar a los piratas… hacer ciudades de mármol… reírse… tirar fuegos artificiales”

Roberto Arlt


Te invito a esta querella que ya tiene su final en la calle de la baldosa rota, te invito a esta querella que se llama texto, que se llama yo, que se llama vos, que se llama usted, que se llama tú; te invito porque sólo vos conocés mi incomodidad al escribir en primera persona, y por eso te pido que te pongas junto a mí este sombrero de letras que quieren decir nada más ni nada menos, sin temor ni compasión, que una mañana de frío el espejo nos pegó una trompada.

Hoy estoy maravillada, hoy tengo 9 años y quiero ser Mercedes Sosa, hoy sé que hay tijeras más afiladas en la ciudad de los incómodos que no encajan en la paciente crisálida soñadora, ni en la fugacidad de las manos en la masa de la consciencia: ¿Soy una figurita que quieren recortar o los pies de Johnny Carter saltando sobre el barro de París?

La ciudad de los incómodos desencajados, esa ciudad a la que vos le llamás mundo, hoy es nuestra, aunque nos duela la cara, aunque nos desencontremos cada tarde pálida, cada invierno color tusueter. Y te invito a esta querella que ya tiene su final en el texto en donde nos encontramos y recordamos la pregunta del cartel de la estación, (y si en el texto te dieras cuenta de que encajamos como dos palabras): ¿sería posible o imposible?

A veces me conformo con leer tunombre en alguno de los muros en los que escribo y tacho, sabiendo que tuhabitación es un desastre, pero tuguitarra tiene su pie y tuenchufe su adaptador; sabiendo que desastrosamente hablando, entre canciones de la negra, Charly, Salinas y Juárez se nos abre el cielo y tenemos miedo, pero ¿qué hacemos con miedo y con un sombrero de letras en la cabeza? Todos miran el sobrero y piensan ¿por qué? Nosotros recordamos que nuestro mayor miedo no es ser inadecuados y vos agarrás la A de mi cabeza y yo la M de la tuya para no levantar sospechas inadecuadas en el momento y el lugar en el cual estamos caminando con las zapatillas embarradas y mojadas.

La ciudad de los incómodos apaga sus luciérnagas, alguien se choca la cabeza contra la reja negra, y la mañana tiene gusto a mate y a la canción que intentaste cantarme por teléfono la tarde en que la tijera social nos miraba despreocupada a la par de Vivaldi, cuando el espejo era sutil y bondadoso.

Te invito a esta querella que termina en guerra, que termina en pregunta y escape, en inadecuados gestos de complicidad y en un espejo asesino; te invito a la ciudad de los incómodos, que tienen un sombrero, viven en la palma de la mano de Stravinsky, en poncho rojo de la negra Sosa, y cuando se van a dormir se preguntan: ¿alguien recordará el tempo de mi risa?

Duchamp
‘L.H.O.O.Q’; Marcel Duchamp

Plomo en Granjas Road (Por Mixar López)

 ¡Tiembla, desorbitado hipócrita, inhumano parricida, incestuoso violador! ¡Tiembla ante la magnitud de tus crímenes! ¡Y tú eras el que se consideraba a prueba contra las tentaciones, absuelto de las fragilidades humanas y libre de los errores y el vicio! ¿Entonces el orgullo es una virtud? ¿La inhumanidad no es un pecado? ¡Sabe, hombre vano, que hace tiempo te señalé como mi presa!

El monje, Matthew G. Lewis

 

 

El Diablo es como una liga difícil de estirar, pero a veces se encoge, se pliega, se frunce, y otras se ensánchese, se agranda, o se dilata, como aquella noche en el oscuro condado de Granjas Road, un lugar olvidado por toda civilización, por todo ojo hospitalario y bondadoso; la más fría representación de la indolencia y el desencanto, un lugar asqueroso como pueden existir pocos, nauseabundo, repugnante y mal oliente. El aire olía mal, los suelos, las paredes, oían mal, era una noche fosca como todas en ese pedazo inocuo de la villa, las casas rodantes se unían como ratas al frío, como una fea camada de ratas queriéndose dar calor, eso eran esos objetos con ruedas en donde la gente dormía, comía y hacía el amor, entre lo rancio del esperma, el whisky abaratado y las cachetadas en las nalgas, entre las escopetas, los incestos y los primeros vellos vaginales de las cerditas ardientes, un infierno tras el infierno, una maldad torpe, idiota, la del ser humano de Norteamérica, ¿no veis, la luz de la aurora, lo que tanto aclamamos, la noche al caer? Ella tenía la vagina dilatada, contraída, el chico mecía sus dedos con las uñas llenas de ocre dentro de ese molusco rancio y apestoso, gemía, ¡oh sí!, cómo gemía, una gata a su lado sería un cocuyo. Ella gemía como si se la estuvieran hundiendo de verdad, si, como si un gato le horadara la haba, el gato macho tiene en su pito pinchos de queratina que desgarran el útero al moverse, así los dedos del mequetrefe, sucios hasta el hueso, infectaban el ardiente coño de la campirana de mierda, y gemía, y gemía, ¡oh, cómo gemía! frente a los dedos asquerosos que se contraían, que se cerraban para convertirse en un puño, todo dentro de esa vagina escuálida, rellenándola, desgajándola, sólo necesitaban un lugar para abrir bien las piernas, para no ser ofuscados por las moscas, la lengua sedienta de los perros y el olor a mierda, el auto cinema, pensaron, había que pedir las llaves de la vieja furgoneta a padre, y aunque sería difícil, quizá lo conseguiría el chico. Saco el puño baboso de la vagina-molusco y entró al basurero con ruedas en Marshall Granjas Road, el único lugar en donde el Diablo se va de putas. Trebejos salieron emitidos del basurero rodante, botellas de whisky, vajilla mohosa, zapatos, cuchillos, machetes. Esa fue la respuesta que obtuvo de padre, golpes en la nuca, en las costillas, sendas patas en el culo, macizos golpes en la quijada, “—ningún insolente tomará prestado mi auto”, otro certero golpe en la cerviz, como a un gato, como felino antes de ser asesinado, sólo para que se instruya, un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales, y en EEUU a los hijos como a los putos animales, se les trata con la punta de la bota. Así debe ser, decía padre, antes de arranarse de nuevo en el desvencijado sillón, a beber licor barato y ver programas estupidizantes en el severo televisor estropeado, todo esta estropeado en esta nación, la televisión deteriorada, a rayas, coniforme es la metáfora perfecta de la mente del gringo de mierda; el fusil bajo la cama y junto a los condones, los perros con cadenas, los pitos infectados, el semen de las niñas de trece años corriendo por sus piernas, hacía sus talones, directo al piso, directo al infierno. El chico salió magullado del termatoste con llantas, pero aún con la verga henchida, la verga de un gato joven puede estar erecta aún después de una guerra, esa es otra alegoría de norteamericana, los lerdos pueden estar excitados aún después de bombardear naciones, y el cuerpo del meco estaba minado, explotado por la ira del padre, un beso más a la guarra y decidió por hurtar las llaves, a final de cuentas, solo serían unos kilómetros, unos cuantos kilómetros y nada, cerrar los ojos, coger, dejar de oler la mierda, para oler los mariscos de la entrepierna de la nena, la molusco, la niña, la gata apestosa. Unos cuantos kilómetros por la oscura avenida de terraplén y estaría cogiendo de lo lindo, a pata suelta, tumbado, mientras Béla Lugosi, el vampiro elegante, extiende su capa, sus colmillos en la pantalla grande, así mismo, el gato, incrustará su husillo en el hueco mohoso de la ninfa, sólo unos cuantos kilómetros, sólo unos cuantos pasos de regreso a la casa rodante, sólo una llave, una maldita llave para dejar de oler la mierda, la mierda emanada por el culo viejo y añejo de padre, ¡Oh así sea siempre, en lealtad defendamos Nuestra tierra natal contra el torpe invasor! Tomó las llaves, ya no hubo más disputa, padre dormía, ¡Oh, decidme! ¿Que es eso que en la brisa ondea?, las llaves, las putas llaves doradas de la furgoneta, y el boleto a un sexo candente, como el Twister de la infancia, cuando manoseabas el culo de tus primas y les untabas la verga en las caras, rubias, inocentes, pecosas; ahora tomarás la furgoneta y se aparearán los gatos, en Granjas Road. Durante el celo, los gatos macho maúllan fuerte y orinan para marcar su territorio, en Granjas Road, lanzan orina a presión como un spray de pintura sobre las paredes, matiz genital, con un olor difícil de soportar hasta para los norteamericanos, en Granjas Road. Los gatos en celo se vuelven inquietos y agresivos, tratan de escapar fuera de casa, robando llaves de furgonetas, para desaparecer así por algunos días, las jóvenes gatas gringas maúllan considerable y se refriegan por el puto suelo levantando el culo muy arriba, en Granjas Road. El pequeño pelmazo felino la monta y la inmoviliza, mordiendo con los dientes en la zona del cuello, intenta este gesto de morder para realizar la monta, inmovilizando a la frívola gata, La puta maullará y sentirá un dolor perverso debido a las escamas córneas que recubren el pito del animal, y así, hasta que otro gato, más avisado entra en la escena, con una 22. En Granjas Road. Nuestra causa es el bien, y por eso triunfamos. “Creo que si lo pensaran bien se podría crear un reglamento que permita el uso del 22., tan solo hay que dejar las cosas claras, tanto las opciones permitidas como las prohibidas. Como ya han dicho es un calibre que se usa para la caza de alimañas y su control es perfecto; pero hay que dejar muy claro sus limitaciones de rutina. Yo personalmente estoy deseando que hagan algo al respecto, permitir su uso para lo anteriormente dicho, con una autorización y permiso especial para caza exclusiva de alimañas, su uso exclusivo desde puesto fijo, la prohibición de su uso mientras se están practicando otras modalidades de caza, fechas para su uso, separación entre puestos, especies autorizadas… así con un buen control, creo que se podría plantear su uso en la caza. Lo que pasa que para evitar tener que controlar es mas fácil prohibirlo y a joderse todo en mundo. El sello que lleva puesto el 22. como arma furtiva es muy difícil que lo quiten, por culpa del exceso de su uso para estos menesteres de unos pocos hijos de puta”. Fueron las palabras que había dicho padre, el viejo gato, por televisión, un día apestoso en que le preguntaron acerca de la legalización de las armas en Estado Unidos, la Segunda Enmienda a la Constitución de los Estado Unidos recogió el derecho a poseer armas tanto en su interpretación medieval como en la moderna. “A well regulated militia being necessary to the security of a free State, the right of the People to keep and bear arms, shall not be infringed.” Así que el gatete mayor tomó el arma, una hermosa 22. y apuntó de lejos, como se le apunta a las zorras, apuntó de lejos y dio justo en la espalda del minino. Lo había hecho molestar, había tomado sus llaves y se dirigía rumbo a la vieja furgoneta de papá, tomado de la mano de la putaca esa, ninfómana servil de inconmensurables casas rodantes, tanteadora de todos los pitos de la región, multisabores, multiolores, la puta del condado, en Granjas Road. La bala, el plomo, se hundió en el lomo del gato, lo atravesó, como aquel pito lleno de espinas se atraviesa en el coño, el plomo lo atravesó, pero no hubo sangre, no hubieron chillidos, no hubieron consternaciones, no hubo nada, el gato mayor dio la vuelta, entró al culo de rata, y se echó a dormir, arrojaron al gato en el rastrojal, como a los fétidos gatos atropellados El parricidio había sido consumado, Siempre fue nuestro lema, en Granjas Road, y en todo el país: “En Dios Confiamos”. ¡Y desplegará así su hermosura estrellada, sobre tierra de libres, la bandera sagrada!

Generation Kill: más rutina menos acción

PorMarcos Francese

Después de ver la serie Generation Kill de HBO (2008) la primer pregunta que se nos viene a la mente es cuál es resultado que genera en los soldados de la Invasión de EEUU a Irak en 2003, una guerra improvisada, sin épica y falaz en sus objetivos, ¿Cómo se hace carne en sus ejecutores el día después pensando en el regreso a casa, cuando el silencio le gana a las bombas y a los disparos, cuando lo único que se observa no es ni siquiera la paz de los cementerios, sino el hedor de los cuerpos en el piso y de una crisis humanitaria que se avecina?

 

Siguiendo con el análisis de las series de la dupla David Simon y Ed Burns, los creadores intentan relatar las consecuencias que pueden dejar en los soldados esta Invasión que EEUU la llamó Operación Libertad Iraquí. Simon & Burns como expertos en diseccionar la realidad social para exponerla en el lenguaje televisivo otra vez aciertan en poner los focos no ya en la cuestión militar ni tampoco en lo político-histórico, sino describir cómo vivieron esa guerra sus protagonistas en el campo, que pensaban de ella, como sobrevivirían en ese país extraño y cómo continuarían después sus vidas.

Durante los 7 episodios dirigidos entre Susanna White y Simon Cellan Jones, y escritos por Simon, Burns y Evan Wright (basada en el libro de este último que relata las experiencias de convivir con los soldados) vemos el andar de la Compañía Bravo de la 1.ª División de Marines: cabos, sargentos, capitanes y tenientes. Una serie coral, con realidades muy diversas entre los soldados, historias de vida, discriminaciones por color, nacionalidad y religión son relatadas en conversaciones durante las largas misiones que muchas veces acaban con la vida de civiles inocentes. Algunos que están de acuerdo con la guerra casi por un mandato divino y la mayoría que simplemente no tenían nada que hacer en sus vidas y se anotaron en los marines para tener un trabajo. Unos leyendo a Chomsky o debatiendo sobre geopolítica mientras otros se masturban sin pudor.

Quizás el elemento disruptivo en el elenco de protagonistas sea la llegada al comienzo de la serie del periodista de la revista Rolling Stone que personifica a Wright. Dos cuestiones surgen de este personaje: ¿Tiene permiso para acompañarlos en la invasión porque ganaban fácil, sería solo una invasión relámpago y sin inconvenientes? La otra es que el periodista casi no interactúa, se limita a observar y anotar (¿Él somos nosotros los espectadores?), deja el protagonismo a sus interlocutores, aunque algunos soldados sureños lo critiquen por ser un periodista “liberal” antiguerra.

Entonces ¿Es Generation Kill un panfleto anti guerra, en contra de la tortura y de los crímenes de guerra? No. ¿Es una obra que describa las intervenciones bélicas? Menos. Generation Kill intenta analizar una guerra sin recursos, ilegal, mentirosa, pero desde el punto de vista de sus soldados, las tediosas cadenas de mando para ejecutar operaciones casi ridículas y la rutina más que de la acción. Spoiler Alert: ninguno de los protagonistas muere, porque justamente el nudo narrativo de la historia es tener objetivos despojados de elementos dramáticos.

Generation Kill es una serie que pone en boca de uno de los tenientes señalándole a su cabo que ellos “no vienen aquí a destruir la forma de vida” de los iraquíes después de haber matado a un civil desde el Hummer. Pero que después en la escena final de la serie, tras haber ingresado a Bagdad y derrocar a Saddam Hussein, los soldados se reúnen para ver las filmaciones que ellos tomaron de la toda la invasión. Uno a uno de los marines se van yendo, la pantalla se funde en negro y escuchamos a un marine real criticando a sus ciudadanos que están a favor y en contra de la guerra: “Estamos aquí peleando por sus libertades. Tienen el derecho de decirlo que quieran y nosotros de cerrarles la boca a golpes si no estamos de acuerdo”. Cinismo y realidad en 7 capítulos de 1 hora de duración.

En un rápido, breve y parcial registro de series sobre las guerras del siglo XX (el díptico Band of Brothers y The Pacific -también de HBO-, la alemana Unsere Mütter, unsere Väter, la argentina Combatientes o la inglesa Parades End) se observa en todos los casos un relato en diferentes registros temporales, historias personales y contextos históricos que funcionan como respuestas al conflicto y también las consecuencias de la posguerra. Incluso en las dos miniseries de Hanks y Spielberg hay entrevistas a los personajes reales que se van mezclando con la ficción.

En Generation Kill, eso no sucede, ya están en el conflicto mismo, no desea Simon relatarnos y mostrarnos quienes eran antes, solo vemos y escuchamos lo que dicen mientras conversan entre ellos. No vemos la biografía personal de cada uno. La propia historia personal está en conflicto porque tenemos que ver cómo actúan en el acá y ahora.

Para finalizar, fue la Invasión a Irak ¿La última guerra convencional antes de desarrollo masivos de drones? o ¿la primera guerra convencional desde el fracaso del Fin de la Historia? ¿De esta nueva guerra saldría un héroe solitario a la Bradley Manning o Edward Snowden que asqueados por el todo el sistema militar y de seguridad publica los secretos de estado o un lobo solitario, sin rumbo ni sueños que mata a poblaciones civiles tal como lo hacía en territorio iraquí? Interrogantes sin resolver.

El Cristo en la Pared (Fragmento)

Por Edgar Jaimes

El gordo sirvió los tragos como Marcela se lo ordenó. De la guantera sacó un cofrecito idéntico al que ella tenía en su mesita de noche y Lo abrió. En el interior del cofre había una bandeja de plata y tres tubos de coca. El gordo puso la bandeja sobre el tablero del carro y trazo tres líneas de droga.

—Miguel no desprecies mi invitación… mira que esta coca es de lo mejor que he conseguido, ya veras. —me dijo Richard.

—Esta bien hermano, vamos a ver que es lo que usted consigue para divertirse — le dije.

La coca de Richard era increíble. Mi cabeza empezó de inmediato a dar vueltas sin parar; el efecto fue único. Marcela sirvió la siguiente ronda de tragos. Bebimos la primera botella de whiskie. Marcela quiso deshacerse del gordo. La muy cabrona le servía tragos llenos a Richard para emborracharlo rápidamente; de igual forma le trazaba largas líneas de droga. En menos de nada Richard estaba como loco, perdió el control y se bajó del carro. El gordo estaba delirante. Estando fuera del carro, Richard se quitó la camisa y empezó a saltar de un lado para otro. Marcela lo animaba muerta de risa.

—¡Así Richie! …quítate el pantalón amor mío; baila para mi… ¡qué lindo! …eres un amor…mira Richie, toma un trago para que no te canses… ¡epa! tu si sabes cómo excitarme… el pantalón amorcito: quítatelo… ¡sí! …así…eres muy guapo…estas buenísimo…

Permanecí sentado en la parte de atrás del carro observando la patética escena de Richard. Marcela era perversa con este tipo, se burlaba de él sin consideración. A mí no me causaba pena ver el denigrante show del gordo; solo me parecía increíble que fuera tan estúpido. Después aquel espectáculo, Richard regresó al carro. Marcela le abrió la puerta y él se sentó frente al volante quedándose dormido inmediatamente. Marcela pasó a la silla de atrás y se sentó a mi lado.

—Ahora estamos solos Miguel.

—¿Solos? Mira cómo está la belleza de tu novio, si sigue así terminara muerto —le dije a manera de regaño.

—Eso no importa, lo que nos debe interesar en este momento es que el gordito se durmió; dime ¿Qué quieres hacer ahora que estamos solos?

Marcela traía puesto un vestido blanco y viéndola de cerca se alcanzaba a notar su ropa interior. Debajo de su vestido traía una pequeña tanga rosa y un sostén del mismo color. Ella me miró fijamente a los ojos y sin decir palabra se montó sobre mí con las piernas abiertas. Impulsivamente metí mis manos en su falda y acaricié sus suaves y firmes muslos. Instintivamente seguí subiendo mis manos hasta llegar a su sexo húmedo, luego bajé su tanga lentamente. Ella me miraba a los ojos, mordía sus rojos labios y respiraba agitadamente. Bajé mi pantalón. Marcela se acomodó hacia delante, sobre mi miembro: su cara frente a la mía. Entré en su cuerpo excitado. Ella maulló como una gata al sentirme entrar, luego puso sus manos alrededor de mi cuello y empezó a moverse lentamente permitiéndome entrar y salir de su cuerpo con facilidad. Disfrutábamos cada segundo, cada movimiento. Olvidamos por unos minutos a Richard que roncaba como cerdo en la silla del conductor. El acto se fue haciendo más intenso. Marcela aceleró su ritmo: sudaba, mordía mi cuello, mis labios, lamía mis orejas, se estremecía hasta que de su boca salió un fuerte gemido que por poco despierta al gordo. Marcela se vino. Segundos después hice lo mismo. Ella me besó apasionadamente en la boca al sentirme terminar. Esa fue mi primera vez aunque no se lo dije y, al parecer, Marcela no lo notó.

 

images

 

 

De la discursividad M

mm1

Lo que sigue es un breve principio de análisis del discurso acorde a los primeros seis meses de gobierno del presidente electo Mauricio Macri (MM). Si bien no se explicitan del todo las coyunturas ni los procesos o cambios producidos por algunas de sus políticas gubernamentales y el ¿nuevo? rol del Estado, se trata de describir didácticamente el funcionamiento de dos lógicas analyst-friendly: el discurso que hace sobre sí mismo proyectando una imagen hacia los demás (Ethos) y el discurso producido en función del Otro, espejando algunas de las prácticas comunes al período kirchnerista (K).

Palabras retroalimentadas

Las apariciones de MM, como es costumbre por el juego vanidoso de las diferenciaciones partidarias y las transiciones gubernamentales, no son en cadenas nacionales, sino en conferencias de prensa o entrevistas pre-pautadas que funcionan como respuesta tácita al ya olvidado “somos periodistas, queremos preguntar” propuesto desde Artear/Canal 13. Como si fuesen interfaces informáticas la hora de comunicar, se pasó del “backend decisionista” (o el hiperpresidencialismo sombrío) del kirchnerismo al “frontend aparicionista” (el colectivismo newage) de Cambiemos. En el caso del último, el uso de la propaganda de gobierno, con spots televisivos muy similares a los de la campaña electoral del Pro en la Capital Federal, presenta a un Macri erigiendo el “Ethos del CEO”: la imagen que a través del discurso da de sí mismo hacia al exterior; el líder de la empresa o del “equipo” (en este caso, “todos los argentinos”) al que alienta a seguir adelante a pesar de todo (el “ajuste doloroso”, la “pesada herencia” que dejó el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, o la promesa de “tender el puente entre lo que (los argentinos) somos y podemos llegar a ser”). Sin embargo, se diferencian dos gestos contrapuestos: la cara alegre y confiable en los spots, sin los brazos abiertos -ya no está presente la estética del “abrazo al pueblo”, identificatoria del peronismo- pero intentando extender la mano tratando de explicar sus propósitos (lo posible, el futuro); y la cara de preocupación, las palabras trabadas y la mirada baja sumada a gestos de incomodidad (el presente, lo “doloroso” en el aquí y ahora, el falso relax, más visible en algunas entrevistas en TV o conferencias de prensa en el atril).

13432306_1207122095984856_5673471711457422861_n

211215conferenciaDSC_9094

macri-canal-7-400x334

Aquí intervienen dos efectos de sentido importantes: por un lado, que en la personalización de Macri como un nuevo “outsider de la política” (como lo era en su momento Perón al provenir del campo militar) se explicite que no existe tal “equipo” sin un líder con pretensiones de coach, y que este en su aparición –pese a sus manifiestos problemas de salud- pide tácitamente que lo “ayuden”, y que de alguna manera “no se borra” en una coyuntura que se explica por sí sola más por sus (mayores) retrocesos que sus avances. Por el otro, que este mismo acto de aparición lo siga haciendo ver como empresario, otrora gerente del país-empresa que con dicho “equipo” (como se dijo, “los argentinos”, ya no “el pueblo”), de alguna manera, “vende” una posibilidad de gestión de gobierno. Por ahora, es difícil dilucidar el límite entre el rol de empresario y el de presidente, o cuál es el juego de lenguaje que más impera sobre otro, hablando de un posible (y veroniano) Modelo de llegada.

El discurso televisivo-presidencial también se asemeja al de las bondades de los productos (bienes, servicios, industrias culturales) en su maremandum marketinero: un gobierno que es capaz de hacer lo que sea necesario por “la gente” mientras lo apoyen, pidiendo “esfuerzos” tanto a sus núcleos duros (a datos del último proceso electoral, 30% de acarreo Pro + acople radical) como a sus detractores (30% de acarreo kirchnerista + acople peronista) y sus silenciosos evaluadores (resto de votantes no partidarios con voto fluctuante dependiendo de las circunstancias y la percepción de la calidad de vida), siendo su ya famoso “vamos juntos” o el “¡si se puede!” una especie de aleph sintetizador de un relato que al día de hoy continúa mostrándose tímido. Un discurso paternal no punitivo pero tendiente a la uniformidad para una heterogeneidad ciclotímica, dentro de una lógica donde el “me gusta”, el sharing de noticias sin lectura o los botones de comprar abundan en la vida cotidiana como agregadores de valor y fetiches de confianza y positividad respecto del Estado. La “gestión”, de resultados futuristas, busca ser valorada como un servicio consumible y efectista, arropado por la frustración cómoda que supone la antipolítica.

La fenomacrilogía del Otro

Como supo decir el Sarte dramaturgo, “el infierno son los demás”, refiriéndose a un juego de lenguaje y percepción que cotidianamente se hace del otro: el otro es todo lo ajeno que mi ser no puede aprehender en su totalidad, pero en cuyo reconocimiento y tolerancia también se funda mi existencia. Y es que desde su llegada hace solo seis meses, el gobierno de MM funcionó espejando esta lógica relacional, explicando lo intolerable que era aquel Otro K (el kirchnerismo en retirada que lo asemejaba a “la derecha oligárquica”, una historia pasada que no se sabe si volverá) por su “soberbia” y sus “políticas populistas” –el populismo entendido como el summum peyorativo del cortoplacismo, contrario al largoplacismo de la visión empresaria- que llevaron al país a un estadío insoportable o imposible de continuar. La otredad también es una manifestación de cómo las personas se relacionan con sus deseos, algunas veces depositados en las expectativas de existencias ajenas pero complementarias, ya que el Otro es, además de una identificación, un discurso y una relación. Parafraseando a Jacques-Alain Miller, el yerno de Lacan, ningún Otro (considerado “malo” o no) se parece a Otro, y su diversidad enriquece una suerte de fenomenología de la otredad. Una suerte de práctica que el “macrismo” supo explotar con propósito electoralista y logró finalmente su cometido: yo reconozco al Otro como adversario, pero representa otro temor que no se parece a ningún otro, por ende, debo diferenciarme de él; debo ser el “Cambio” que él no supone.

0001226766

Según la discursividad macrista (M), el Otro es el garante del Cambio; yo no puedo cambiar si no es en relación con otro que me lo demuestre, en donde puedo depositar todo aquello que me falta (y a lo que por ende temo) pero debo superar. El Kirchnerismo es así el “culpable” de un Cambio que se suponía necesario –políticas más o menos neoliberales de por medio, aunque el gradualismo se promocione como su versión menos dura- pero que “la sociedad” no estaría dispuesta a aceptar del todo, y que por eso lo observaría con desconfianza luego de un período de gracia de 100 días. La construcción del Otro kirchnerista como temor multifacético (José López, La Cámpora, El FPV, “los medios K”), como el regreso del pasado mediato indeseable (como Carlos Menem lo hacía con el temor hiperinflacionario pos-Alfonsín a principios de los 90; Fernando De la Rúa con el temor a la corrupción y la frivolidad menemista en los 2000; y Néstor Kirchner con el arrastre neoliberal de 30 años) por una serie de anomalías resumidas en la palabra “herencia”, o “El estado del Estado” en su versión más sofisticada, es el basamento para justificar el principio de una serie de “sinceramientos” que “duelen” pero que a la larga verán su recompensa. Se pasa así de una apología heroica donde el “amor vence al odio” a un imaginario donde “la racionalidad (más tarde que temprano) complementa la pasión”. Se rompe así la hegemonía de ese Otro que me observa (el kirchnerismo como sentimiento latente) para pasar a la diferenciación, a lo que justifica y racionaliza la existencia de la discursividad M como dispositivo productor de sentido.

DBF04061426AUILLIA00

El discurso M es, en función del Otro K, un texto en cuya materialidad mediática descansa la intencionalidad ajena como amenaza, la victimización culposa, la voluntad, y el desplazamiento hacia una realidad inconclusa de promesas y metáforas (túneles con luz al final, un “segundo semestre” donde la vida mejora, una “verdad” que quedó en un “manicomio” de propósitos inconfesos) enlazadas con la más básica premisa de la relación con los otros (con o sin infierno): buscar algo en lo cual creer.

Crisálida

“schampa wulla wussa olobo […] / wulubu ssubudu uluwu ssubudu”
Hugo Ball
“voy a ver si puedo correr / como la mañana silbandome la espalda / o mirando a las burbujas”
Luis Alberto Spinetta
“Somos dos corsarios del espacio / astronautas de la mar /la mar de los jardines burbujeantes /floreciendo a cada instante /mil palomos más”.
La manzana cromática protoplasmática

La literatura es verde, y niega al tiempo por su abundancia. Niega al tiempo por su abundancia, del mismo modo en que una fotografía lo niega por ausente. Escribí tu nombre con letra apretada y desnuda sobre el borde del silencio. El silencio, que también niega al tiempo, porque no puede enunciarlo (como se enuncia un poema). Pero no te estoy hablando de tiempos aquí, sino de literatura. Seamos claros, la estupidez siempre fue nuestro fuerte. Hace frío y es de noche. Y se escuchan sirenas a lo lejos. Y el auto solitario sobre la avenida De Avilés. Pasamos la tarde entera sobre la cocotera de nuestras palabras, como narcotizándonos. Y tu vieja, con un mate exageradamente dulce, nos pregunta qué somos. Y por no hacer metafísica de bolsillo, le respondo rápidamente lo primero que se me ocurre: “focas; si alguien te pregunta, somos focas”.  Lo peor de las autodefiniciones es que resultan innecesariamente embarazosas. Imaginate que un hombre, o una sombra, camina sobre una vereda lejana, a paso tranquilo como escribiéndose y de repente¡PIUM!se desvanece en cientos de miles de pájaros. Y los pájaros suben como burbujas en el agua oxigenada. Y en cada una de esas burbujas, hay un verso ¡¡Sospechaturas!! ¡¡Amanchádos explotájaros!! ¡¡Caosversaciones!! ¡¡Boludaire!! ¡¡Desmembranándonos sintagmáticos ocultholochus, sobre el precio de la luna, sobre los pétalos, sobre las náyades de tu lengua, sobre nuestra cara de soñadores!! Para cada piuck piuck de las burbujas habrá una nota musical. Y para cada nota musical habrá un sover al vesre; embarazosas, y agrego, muy cosquilludas. Aunque ahora que lo pienso bien, un poco de todo eso tiene sentido. Lo que más me gusta de vos es que no tenés tiempo. Y vas atravesando el aire, como grandes oleadas de pensamiento. Oleadas que llegan hasta a mí y se entretejen en mi pelo enmarañado de guitarra y negra Sosa. Pero no te estoy hablando de mi pelo aquí, sino de literatura. Así como yo, siempre supiste que la literatura es una sospecha. Una sospecha sobre la línea escondida (si es que tal línea existe) entre la ficción y la realidad. Una sospecha sobre la viceversa de las cosas (el vesre de los sosver); y así como la literatura, vos también te vas acostando sobre mí, verso contra verso, uno encima del otro, como tiempos que se cancelan, como constelaciones enteras de palabras haciendo acrobacias en el cielo de los peces. Es decir, somos una con-versación entre el peligro y lo que nos salva; y ahora te imagino así, en el inconmensurable accidente de mi conciencia, tal vez desnuda, tal vez adormecida, una tarde cualquiera, de un otoño cualquiera, un domingo cualquiera, juntos, escuchando Mercedes Sosa, tomando mate en silencio, con los libros, con las fichas de teoría literaria, con el sueño de todos los niños latinoamericanos que han muerto por culpa de un sistema que es una mierda colgándonos de los párpados, con los desaparecidos en el bolsillo, con la poesía nuestra de aliada, con la justicia de todas las mujeres secuestradas en nuestras palmas, con nuestro hijo jugando una guerra de castañas en el jardín, como un futuro escrito verso a verso; y el mundo se abre ante nosotros (se abre como crisálidas), y comprendo, como en un suspiro, que la literatura niega al tiempo por su abundancia, así como la fotografía lo niega porque está ausente, y que el amor será siempre ese fuego azul que nos venga a salvar. Y te acurruco entre mis manos y te doy el beso más lindo y literario del mundo.

El fuego es de color azul.

“Cuando la poesía tome las paredes, verás / cómo empiezan a temblar los líderes del mundo”
Al carajo Macedonio


Pienso en el lienzo que traza la casa y ensaya el ensayo de mayo de noye la yima yumiante en coyientes de yientes de yalmas yenpena, yorando, yoyó-yo¡YA EN SERIO! Pienso en el cielo de ballena azul durmiente. Pienso en el cielo de ballena azul durmiente y me quedo pensando en la palabra. La palabra como un pez espada. Li pilibri cimi ini misiquiti tidi chiqititi. Miro el cielo de ballena azul durmiente y pienso en los desaparecidos. Pienso que la peor tortura que sufrieron los desparecidos es no poder buscarse. Un desaparecido no puede buscarse. Nosotros, somos lo más que somos, porque nos buscamos continuamente, renovándonos como una cartelera de megacine. Nos buscamos entre las bocas de otras bocas, el barro de las zapatillas, y tus mates exageradamente dulces, y exageradamente tibios. Si bien, podemos encontrarnos algunas veces y podemos perdernos otras tantas, no importa. Podemos buscarnos y eso es, a fin de cuentas, la esperanza. Si nos quitan esa esperanza, no sólo vamos a desaparecer, sino que tampoco será capaz de conmovernos la más encandilante literatura. Y ahora, miro el cielo de ballena azul durmiente y pienso en los desaparecidos, y automáticamente me imagino muerto. Me imagino muerto, pero de una manera rara; muerto desde tus ojos. Me imagino cómo me estarías viendo vos. A mí. Muerto. Es una sensación irreparable, semejante a la cerrazón, a la yerba quemada del domingo. Y siento deseos de abrazarte mucho. Verás, es que en el fondo sé que vamos a abrazarnos tanto, a cogernos tanto, a escribirnos tanto, a buscarnos tanto, que encontrarte será para mí algo obligatorio. Ayer, por ejemplo, te encontré guardada como un bollito de papel en mi bolsillo izquierdo, junto al besayuno de todos los días. Y, efectivamente, tal vez la única esperanza que tuvieron todos los desaparecidos fue la de saber que se amaron furiosamente. Que se escribieron. Que se tocaron. Que se abrazaron. Que se hicieron el amor eléctricamente. A varios kilómetros de distancia, entre las ondas del aire. Y gracias a ese amor hoy son historia. Son Historia. Y por eso, se han salvado. Se han salvado todos. Fue ese amor el que los salvo, trascendiéndolos. Ese amor que los volvió un cielo de ballena azul durmiente. Un cielo de fuego. Un fuego. Un fuego inextinguible. Y ese fuego es hoy nuestro consuelo.