La guerra detrás del cerrojo

Con la humedad de Buenos Aires acariciándole los dedos, con la tardanza entre los dientes y el mutismo intacto en sus oídos de canzonetta, caminaba a la altura de su mezclado cuerpo. Ojos indios, manos campesinas, y un paso al ritmo de La Tarantela. Mirando el cielo/edificio se preguntaba una vez más, ¿qué es Buenos Aires si no soy yo y mi cara cubistísima? Buenos Aires no era ese edificio húmedo, ni el banco de la plaza de Hurlingham incendiándose una tarde de enero; no era el saxofón de Puerto Madero, no era la serenata del tren San Martín a la madrugada. Buenos Aires era -un poco-, la mano que había tocado su delgada mejilla, esa guerra constante en la cual dos morían para llegar a casa antes de la medianoche. Y la ciudad se convirtió en manos, en espalda, en el grito del artista/bondi, que soñaba con bajar en la parada correcta para no caminar de más, (tenía miedo de que le roben sus dibujos).
Y a pesar de todo, soñaba Buenos Aires, es que siempre había querido sentir esa cosquillita de privilegio -como el bicho de luz- esa cosquilla que le recordaría furiosamente a aquellas manos del puerto.
Esa noche Rayuela quedó a un costado de la cama, mientras él se despertaba de la pesadilla y miraba a los costados con el deseo de meter los pies en el mar, de caminar las olas hasta que sólo pudiera verse su pelo negro desde la orilla.
Y al final de tanta noche, ¿qué era una bolsito y un pasaje?, ¿había algo más valioso que ver de lejos la brutal hermosura de una ciudad prendida fuego?, ¿de un tango violento?, ¿de una calle vulgar y desierta?
Esa callecita no se llevaba bien con quedarse. Atrás del cerrojo todavía se podía ver con carita de sueño el humo y los malabares, Cambalache y la marcha…
La música se apagó. Él se levantó de la cama y en el living chiquito del departamento se sintió perdido, caminó como por las calles de Berlín, entre cabezas agachadas /silencios/criminales/criminalísimos/. Y alguien con la mirada vacía de humedad y tormenta le dijo al oído: disfruta de la guerra, porque la paz será terrible.

cerrojo

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