Grandes Directores: Kunihiko Ikuhara. Parte 1: Oscureciendo Sailor Moon

“Quería descubrir el valor de una nueva forma de entretenimiento”. Así definía Kunihiko Ikuhara (KI), con tono críptico y cómplice a la vez, uno de sus objetivos respecto al anime en una entrevista a fines de los ’90. Es que este artista y diseñador gráfico de 52 años, devenido en escritor y director, y gran amigo de juventud (hasta la actualidad) de Hideaki Anno (Gunbuster, Evangelion), posee una carpeta de trabajos complejos y difíciles de encasillar en lo referente al mundo de la animación japonesa.

Kunihiko Ikuhara (52)
Kunihiko Ikuhara

Sin caer en detalles que ya circulan hace tiempo en la web a través de los fanboys, en lo siguientes párrafos de NARCO haremos un repaso sintético por su trilogía más aclamada, agregando algunos inputs específicos para salirse de los repetitivos e innecesariamente extensos análisis mencionados con anterioridad.

Marcas de estilo

Cuenta la historia que en sus inicios en la industria, Ikuhara tuvo su primer gran trabajo para TOEI animation, colaborando en la versión animada de Sailor Moon a principios de la década del 90. De la mano de Junichi Sato (Director General del proyecto de SM y “el que más sabe” de animes con y para chicas), ingresó como asistente para luego tomar a su cargo la dirección integral de la segunda mitad de la segunda temporada (Sailor Moon R) y gran parte de la tercera (Sailor Moon S). Visto el éxito comercial que la franquicia comenzó a tener, se decidió hacer una película para seguir estirando las expectativas. La dirección del film recayó en KI, que ya demostraba sus dotes en la serie con un estilo propio, aportando frescura y un tono relativamente oscuro a lo que en ese momento representaba la historia original de la creadora y autora de SM, Naoko Takeuchi (con quien KI posteriormente tendría sus claras diferencias).

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Afiche de la película de Sailor Moon R: The Promise of the Rose (1993)

La película en cuestión fue Sailor Moon R The Movie: The Promise of the Rose (1993, y de próxima remasterización en BluRay en EEUU, en abril de 2017) y transcurre, como casi toda película comercial en el caso del anime, en forma de spin-off de la serie y el manga, y cuenta la historia de cómo el extraterrestre Fiore, siendo al mismo tiempo poseído por otra fuerza maligna, busca destruir el planeta Tierra haciéndolo chocar contra un meteorito; hecho desafortunado que Sailor Moon & cia. deberán evitar. Hasta ahí nada novedoso, aunque los puntos que hacen brillar a esta película (considerada la mejor de las tres existentes de SM) son claramente los siguientes:

1 – Fiore se presenta como amigo de la infancia de Mamoru Chiba (alias Tuxedo Mask), al que prometió entregarle “la rosa más hermosa” en su vuelta al planeta. En el reencuentro, ya como adolescentes, Fiore siente celos de Usagi (Sailor Moon), eterna pareja de Mamoru, hecho que lo motiva a “recuperarlo” destruyendo y destruyéndose. Nótese el detalle de la flor marchitada (contraposición horrible/hermoso – muerte/vida) y el guiño homosexual que hace KI entre ambos personajes, como un gesto controvertido para la época). En los guiones planteados por Ikuhara, cada personaje tiene algún tipo de agonía psicológica, por lo que casi siempre demuestran que tienen algo que “aniquilar” para “renacer” (esto es aún más explícito en obras posteriores de culto como Utena y Penguindrum, motivo de dos textos más).

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2 – En otra de sus marcas de estilo, Ikuhara trabaja visualmente con el juego figuras y fondos con colores oscuros,  en un universo intimista (una posible representación del inconsciente) donde los personajes hablan consigo mismos o con otros, explicitando deseos profundos o angustias personales. Como dato anecdótico, cabe destacar que KI es ávido lector del escritor alemán Herman Hesse (Demian, El lobo estepario), de clara influencia existencialista. También considera como algo inaudito que los jóvenes de hoy que quieran trabajar en la industria de la animación no sepan o no se interesen en la literatura contemporánea.

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3 – La crueldad, el castigo y el sacrificio también están presentes como marca personal, aunque agrega un aire surrealista a dichas escenas, con mezclas de colores claros y oscuros, y amplios usos de líneas, figuras geométricas o hasta cuerpos invertidos. A su vez, en esta película de SM, la presencia “floral” no es hermosura o nobleza absoluta, sino que se divide entre el amor y el odio, o la defensa de ambos casi por igual. Hacia el final de la película, Ikuhara despliega la batalla de las Sailor al mejor estilo Saint Seiya, para acabar crucificándolas en un planeta que no es un lecho de rosas, sino de flores predispuestas a marchitarse (algo así como la inocencia perdida, siempre tratándose de saltos de etapas, como la adolescencia a la adultez, un tema recurrente para KI). A estos simbolismos o metáforas que el director entrega en abundancia, y que incluso pueden parecer visualmente heréticos, también se les suma algo de perversidad.

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Ikuhara entre lo bello y lo horrible, con toques surrealistas
Ikuhara entre lo bello y lo horrible, con toques surrealistas

Sin embargo, la gran nota de la película en términos sacrificiales la da la posterior muerte (temporal) pero real de Sailor Moon; escenas en donde también se mezclan la belleza, el horror y la épica. Pudo haber sido este un momento inaugural en la trayectoria de KI para hacer un vuelco al significado de los cuentos de princesas (Blancanieves y La Bella y la Bestia son grandes ejemplos para exponer), hecho que da pie a una incipiente desnaturalización del género de aventuras con protagonistas femeninas para el caso japonés. No es misoginia, sino casi una reacción contracultural desde el núcleo de la industria animera.

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Ikuhara otorga así una respuesta posmoderna como parte de un entramado más detallado y complejo de su concepción de entretenimiento (¿será un “pos-entretenimiento”?) y levanta las bases para nuevas historias con mensajes contundentes, a veces hasta bordeando los límites de la crítica social, pero como expresiones artísticas totales.

En resumen, podemos decir que KI construyó sólidas bases nuevas sobre productos instituidos ya de por sí renovados, con lo cual no se trata del duelo entre lo tradicional y lo moderno, sino entre lo nuevo como insuficiente y lo nuevo como expresión y fundamentación del arte total. La era del entretenimiento con la metáfora como protagonista, logrando que el espectador pueda armar y destruir su propio rompecabezas, sobrecargado de simbolismos y constantes disputas de sentido. Más allá del anime como tal. Y más acá de lo que aun nos empeñamos en llamar Realidad.

 

Continuará

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