Baires escupe tus rimas

“Hay una cuestión/ endiablada/ arcangélica/ trascendente/ promiscua/ que me perturba/ y quiero exponer: […] Graciela Cros

Soñé con vos, pero tu cara no era como la recuerdo en este momento. Era lisa, de color café con leche. Me estoy riendo, a vos te hubiese dado risa. Pero no la risa de Julia y Antonio jugando a no parpadear, (no risa de planta) no, no. ¿Cómo te explico? El primer día que nos vimos. Risa milagro, risa color arena (no de playa), arena placita de barrio, -como a la que ibas con tus amigos a tertulear-. Y ahora que ya estoy despierta y bastante lúcida, tengo una duda…

Soñé con vos, y a decir verdad verte en el cartel de la estación un mediodía de julio es la ironía más vial del viento, como que ‘dar’ se diga igual que el cubo con números que marca nuestra suerte en el juego. Te he dado tan poco, tan poca música, pero te he dado calles, ¡qué suerte la tuya!, caminaste por todas las calles de Buenos Aires colgado de la bufanda de una loca cansada. Estamos perdidos, las palabras se confundieron y ahora todo tiene que ver con tu nada, con tu caricatura que me camina por la espalda; y alguien desde un rincón de la habitación me sopla el café a la mañana, me despeina, y me echa de casa.

Creo en la fuerza irónica de los que patean el conurbano, porque si la calle existe te  voy a ver y me vas a dar la sal que le robaste al pétalo de las cenizas de la ciudad cayéndose a pedazos de manos vacías. Porque te  voy a ver, como siempre, tormentoso y en silencio asesino, para que no me confunda tu voz con el caos del mediodía lluvioso. Te voy a ver y todos mis planes se van a mirar con odio entre sí  y van a saltar juntos de la mano hacia la nada, van a morir inevitablemente, como muere la tarde cuando se nos acaba la yerba y sobre Buenos Aires se tiende la sábana con la que tapamos todos los boletos del bondi que no tomamos. Y te propongo algo: invisibilizemonos, como el camino del caracol que anduvo por mi patio una tardecita en los ‘90, mientras se escuchaba en la vereda una canción maratónica. Ironías peatonales/musicales, como tus fantasmas encontrando en mi sonrisa su hogar.

Soñé con vos: Buenos Aires chorrea tu nombre, Buenos Aires escupe tus rimas, Buenos Aires es igual al mediodía en el cual te propuse invisibilizarnos. Y la ironía de tu nombre es como un imán de palabras conurbanizadas, como despertarse cantando Julio Sosa un 4 de julio y mirar por la ventana que se parece a la ventana de tu casa, o mirar el cuadro que se parece al cuadro de tu pared, o tomar el mate que no se parece en nada a tu cara café con leche, ni a mi sueño leche con café.

Soñé con vos, y ahora que ya estoy más despierta y sin cuatro de julios en las medias, tengo una duda: ¿el café con leche con más café que leche o con más leche que café?

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Devoto, Buenos Aires.
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