Nuevas formas viejas de consumir estupefacientes: el Amanita Muscaria y la fría Siberia

Las tribus en Siberia no conocían muchas sustancias narcóticas, hasta que los rusos llegaron con el alcohol en el siglo XVII para que la gente siguiera construyendo su estereotipo.  Antes de eso, su único recurso era el  Amanita Muscaria o Matamoscas, un simpático hongo con forma de sombrero, rojo y pintas blancas. Si la descripción no alcanza, el arquetipo de seta de los dibujos animados es justamente un amanita.

Cuenta la leyenda que el hongo que se comían Mario y Luigi para aumentar su tamaño y romper cascotes con la cabeza, era justamente este. La teoría se apoya en el detalle de que uno de sus efectos es alterar la percepción de las dimensiones tanto del propio cuerpo como del ambiente. Si nos tomamos la teoría en serio podemos gritar en el café, dando golpes a la mesa, que tal vez los bigotes esos no crecían, sino que percibían su propio cuerpo más grande -o las cosas más chicas-, se envalentonaban y entraban a darle cabezazos al techo de puro drogados. (Disclaimer: la redacción de Revista Narco acusa pleno conocimiento de que los peritajes realizados a los frames del Mario Bros. indican que los fontaneros rompían los bloques de ladrillos con el puño, pero considera que la imagen folclórica aceptada popularmente es ampliamente mejor.)

Lewis Carroll, en el relato original Alicia en el país de las maravillas, hace que la protagonista lo use en sentido inverso al de los hermanos, ingiriéndolo en pequeños trozos para disminuir de tamaño. Hasta se lo relaciona con un de los posibles orígenes de la leyenda de Santa Klaus, ya que al parecer los curanderos se subían a los tejados bajo sus efectos y bailaban cerca de las chimeneas en un rito digno de ver.  Pero el tema que nos ocupa no son las referencias de la cultura pop, aunque nos encanten, sean muchas y muy, pero muy tiradas de los pelos e improbables. Hoy vamos a hablar de aspectos más eruditos y técnicos para que el lector pueda repetirlos en reuniones familiares y en el registro civil.

El hongo no se consumía fresco ya que posee ácido iboténico, un aminoácido neurotóxico. Pero, si se deja secar la seta, esa sustancia se convierte por descarboxilación en muscimol, el componente psicoactivo que causaba los efectos deseados por las tribus siberianas. Una vez deshidratado se mezclaba con agua, con leche de reno o con jugo de plantas dulces y se lo bebía. También se lo apelmazaba en una pequeña bola y se lo humedecía en la boca. Más allá de la fría y rústica Siberia, su uso se llegó a extender en culturas de todos los continentes, dando como resultado no solo una enorme variedad de modos de consumo, sino un gran catálogo de matices en cuanto a efectos debido a que las particularidades climáticas y en la composición del suelo de cada región promueven diferentes concentraciones de muscimol y otras de las sustancias presentes en él.

Ahora bien, el muscinol posee la llamativa propiedad de pasar casi inalterado a la orina. Una vez ingerido el brebaje, la cantidad de droga que no sea asimilada por el cuerpo resiste utilizable el filtrado de los riñones. Esto permitía una especie de efecto de desborde: los miembros más pobres de las tribus koryaks, por ejemplo, esperaban fuera de las tiendas a que alguno de los invitados a la fiesta saliera a orinar para… bueno, se entiende.

Como si no bastara con las anteriores revelaciones, la historia se vuelve aún más compleja. El muscimol viene acompañado de un alcaloide tóxico: la muscarina. Esta especie de hermana malvada y desagradable del componente activo irrita el estómago, causa nauseas, marea, provoca diarrea, hace que se nuble la vista y dificulta la respiración. Pero justamente la adversidad fortalece, y el espíritu humano se torna capaz de sortear cuanto obstáculo surja con tal de drogarse. La naturaleza, en su inmensa sabiduría, no le otorgó a la muscarina la habilidad de su hermano: una vez ingerida, no pasa inalterada a la orina. Esto da pie a otra serie de interpretaciones sobre los ritos en que se aprovechan los efectos del hongo bebiéndola.

El chamán o anfitrión usaría directamente la seta, recibiendo con él la mezcla de componentes deseables e indeseados. Así, a manera de responsabilidad religiosa o de agasajo para los concurrentes, solo él se vería afectado por la muscarina, ya que el resto podría beber su orina y acceder al muscinol sin sufrir los efectos adversos de su hermana horrible, horrible, horrible. Un héroe recibe las balas en pos del bien común, un filtro humano de muscarina protege al resto. En otros ritos, sencillamente se le daba el caldo al ganado, para luego recolectar su orina y que el bicho se las arregle, aunque su estómago y cantidad de kilos de existencia le ayudaran a sobrellevar los efectos indeseables de una manera más digna.

 

En esta época de luchas reivindicatorias en pos del consumo personal frente a la criminalización; tiempos complejos en que se debate sobre las modificaciones de la ley de estupefacientes, sobre sus aspectos oscuros y limítrofes, sobre si beneficia a los narcotraficantes y productores llanamente industriales y esclavistas desalentando la autogestión (no nos miren a nosotros, vivimos de lo que podemos), desde Revista Narco simplemente queríamos recordar los buenos y viejos tiempos, esos años más sencillos en que bastaba secar un hongo y tomarte el pis de tu mejor amigo para ser feliz.

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s