Pablo Contursi: «Apuntes afuera»: Uno

Uno.                                                                 

A veces me pregunto: ¿cuánto influyeron mis estudios en Sistemas para comprender otros asuntos supuestamente no relacionados con esa disciplina?

Respuesta actual: mucho, muchísimo.

De hecho, resultaron de una importancia crucial.

En estos momentos, cada vez que curso una nueva materia o leo un texto por primera vez, encuentro similitudes y relaciones: formatos de ideas que se repiten, o que recombinan ideas que ya conocía.

La totalidad es inabarcable y está constituida por cuestiones que fui aprendiendo, en diverso grado de profundidad, en instituciones o por mi cuenta, desde la época de la escuela primaria: análisis sintáctico, teoría de conjuntos, ritmo musical, tablas de multiplicar, catolicismo, cálculo de probabilidades, literatura de ficción, ciencia ficción, programación…

Cada uno de esos elementos puede ser usado como herramienta para entender cierto aspecto de los demás campos. Con frecuencia, comprender un asunto nuevo, dentro de una disciplina determinada, equivale a mirar de vuelta un formato que conozco bien desde hace ya un tiempo. En esos casos, “comprender” es lo mismo que “usar otra vez“. Entender, en ese sentido, es aplicar un formato particular a un contenido dado.

Así, entiendo que la lectura de Marco Denevi a los 7 años me preparó, en diverso grado de intensidad, en mi formación en cuestiones (o disciplinas) tan disímiles como: surrealismo, humor, variedad rioplatense del castellano, género narrativo, recursos literarios (personificación, aliteración), ciencia ficción, programación…

De alguna manera, la eficiacia de mi tarea de aprendizaje reside ahora no en los temas, los asuntos, las corrientes o las disciplinas sobre las que se evaluará mi conocimiento (literatura, géneros, política, formalismo, etc.), sino recurrir a formatos de ideas que ya están almacenados en mi experiencia. No en contenidos, sino en formas. (Si por un lado esto hace que cada vez haya menos sorpresas, lo bueno es que, cuando aparece alguna novedad, se disfruta mucho).

Con respecto al rendimiento en el estudio, en la medida en que presto atención a esos formatos (los reconozco y los recombino, y entiendo cómo de sus relaciones y procesos se derivan otros), considerar a los elementos en sí, al aspecto semántico o referencial, es uno de los detalles del conjunto, uno de los aspectos a tener en cuenta: pero no el quid de la cuestión, no el rasgo definitivo.

Y no es que el aspecto semántico me parezca poco interesante. Por el contrario, precisamente lo semántico es donde mi curiosidad se aplica pero nunca se extingue: es un universo una complejidad infinita… Pero no está ahí la vía para la comprensión: más bien los contenidos puros distraen del verdadero entendimiento.

Pero a su vez, el mundo de lo semántico otorga profundidad e intensidad a la experiencia vital. ¿Qué sería de la vida si solo hubiera inteligencia, formas y métodos? Cada término del idioma que uso es un archivo en el que guardo, además de su significado denotativo y varias de sus connotaciones (casi todo lo cual pertenece a la sociedad, a la cultura, a la historia y a la lengua), un cúmulo de recuerdos, sentidos, sensaciones, y hasta sentimientos, que corresponde a una única persona de todas las que vivieron o vivirán en este Universo: yo. De alguna manera, la experiencia no es otra cosa que una acumulación semántica en cierta subjetividad irrepetible.

Entonces, yo puedo decir: “galletitas”, y nadie sabrá que ahí guardo ese recuerdo de tal época de mi vida; y nadie sabrá que en la proximidad de ese recuerdo está el término “Batman”. Y nadie sabrá por qué motivos estos significantes están unidos en mi mente. Cuál es la experiencia infantil que los liga, cuál es la memoria que los une. Por suerte las experiencias de fortaleza y crueldad se equilibran con otras de signo opuesto. La variedad de la experiencia, si uno tiene suerte, al cabo de un tiempo habrá aportado su buena cuota de claridad a la definición de las formas y los métodos.

Por último, uno puede pensar que hay otra vía de acceso a la Realidad que el mundo semántico. Y que estudiar no es tan necesario, en verdad. Y es cierto.

Pero si respirar es necesario, y escuchar a J. S. Bach no, ¿quién dice que lo necesario tiene mayor jerarquía que lo innecesario? Quizá el truco para una vida interesante esté en combinar ambas cuestiones.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s