Despellejándonos

“Se pueden hacer castillos en el aire / que al rato los derriban con metrallas. / Lo verdadero es que nos queda el sobresalto, / la duda de pasar o no de la raya, / de alzar el brazo y agitar nuestra consigna: / ¿Se hizo o no la vida para el hombre?

Fernando Nieto Cadena.

 


Llevo tiempo sin dormir. Llevo tiempo sin dormir y puedo ver la hojarasca rompiéndose entre mis manos. Llevo tiempo sin dormir, y se siente un poco así, como tener el otoño entre las manos. Despellejándolo. He oído la voz detrás de la voz (de atrás del tú/vos). La cara de Dios pezcollage1.jpg aflora en las hojas. Aflora en harapos. En harapos con forma de luces. En lo ancho de la noche hay pupilas verdes. Me persiguen. O, al menos, siento que me persigupezcollage2.jpgen. Siento que me persiguen y tus manos, a lo lejos, son de bandoneón. Son de bandoneón y destruyen muros, como un hálito en prosa y verso. Y me persiguen. Entre la ciudad y la sombra de sus barricadas. Van dibujando desfiguros en el borde de las farolas, enredándose en los cables de luz, atravesando el cemento de nuestros corazones. Estrangulando las cañerías dentro de las paredes cuando afuera espezcollage3.jpg madrugada, en la calle, y en vos. Madrugada sonriente de veranito engrillosado. Madrugada de mate y canción de las simples cosas. Ya lo sabes bien, la poesía es una querella. Y si estoy herido ahora es porque perdí algunas batallas. La poesía debe matar a la poesía, así es cómo son las cosas. Matarse entre lpezcollage4.jpgenguas que se muerden sobre la alfombra del verano. Y por cada lengua que se muerda, un beso ¡Y por cada beso, otro beso más! ¡Y otro más! ¡Que entre beso y beso se hace la literatura, carajo! Porque, si la poesía es sólo un gesto, la única opción que tenemos es tomarnos de las manos mientras miramos nuestra infancia desde lejos, como una huella de barro, y nadar como un pez espada. Nadar como un pez espada en lo ancho de la noche del lenguaje. En donde siento que me persiguen. Y nuestras manos, a lo lejos, son de bandoneón y destruyen muros. Y bailan un tango, como siempre, despellejándonos.

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