Negravisnky

“Lo que hay, es que esas cosas uno no se las puede decir a la gente. Lo tomarían por loco. Y yo me digo: ¿qué hago de esta vida que hay en mí? Y me gustaría darla… regalarla… acercarme a las personas y decirles: ¡Ustedes tienen que ser alegres! ¿Saben? tienen que jugar a los piratas… hacer ciudades de mármol… reírse… tirar fuegos artificiales”

Roberto Arlt


Te invito a esta querella que ya tiene su final en la calle de la baldosa rota, te invito a esta querella que se llama texto, que se llama yo, que se llama vos, que se llama usted, que se llama tú; te invito porque sólo vos conocés mi incomodidad al escribir en primera persona, y por eso te pido que te pongas junto a mí este sombrero de letras que quieren decir nada más ni nada menos, sin temor ni compasión, que una mañana de frío el espejo nos pegó una trompada.

Hoy estoy maravillada, hoy tengo 9 años y quiero ser Mercedes Sosa, hoy sé que hay tijeras más afiladas en la ciudad de los incómodos que no encajan en la paciente crisálida soñadora, ni en la fugacidad de las manos en la masa de la consciencia: ¿Soy una figurita que quieren recortar o los pies de Johnny Carter saltando sobre el barro de París?

La ciudad de los incómodos desencajados, esa ciudad a la que vos le llamás mundo, hoy es nuestra, aunque nos duela la cara, aunque nos desencontremos cada tarde pálida, cada invierno color tusueter. Y te invito a esta querella que ya tiene su final en el texto en donde nos encontramos y recordamos la pregunta del cartel de la estación, (y si en el texto te dieras cuenta de que encajamos como dos palabras): ¿sería posible o imposible?

A veces me conformo con leer tunombre en alguno de los muros en los que escribo y tacho, sabiendo que tuhabitación es un desastre, pero tuguitarra tiene su pie y tuenchufe su adaptador; sabiendo que desastrosamente hablando, entre canciones de la negra, Charly, Salinas y Juárez se nos abre el cielo y tenemos miedo, pero ¿qué hacemos con miedo y con un sombrero de letras en la cabeza? Todos miran el sobrero y piensan ¿por qué? Nosotros recordamos que nuestro mayor miedo no es ser inadecuados y vos agarrás la A de mi cabeza y yo la M de la tuya para no levantar sospechas inadecuadas en el momento y el lugar en el cual estamos caminando con las zapatillas embarradas y mojadas.

La ciudad de los incómodos apaga sus luciérnagas, alguien se choca la cabeza contra la reja negra, y la mañana tiene gusto a mate y a la canción que intentaste cantarme por teléfono la tarde en que la tijera social nos miraba despreocupada a la par de Vivaldi, cuando el espejo era sutil y bondadoso.

Te invito a esta querella que termina en guerra, que termina en pregunta y escape, en inadecuados gestos de complicidad y en un espejo asesino; te invito a la ciudad de los incómodos, que tienen un sombrero, viven en la palma de la mano de Stravinsky, en poncho rojo de la negra Sosa, y cuando se van a dormir se preguntan: ¿alguien recordará el tempo de mi risa?

Duchamp
‘L.H.O.O.Q’; Marcel Duchamp
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