Plomo en Granjas Road (Por Mixar López)

 ¡Tiembla, desorbitado hipócrita, inhumano parricida, incestuoso violador! ¡Tiembla ante la magnitud de tus crímenes! ¡Y tú eras el que se consideraba a prueba contra las tentaciones, absuelto de las fragilidades humanas y libre de los errores y el vicio! ¿Entonces el orgullo es una virtud? ¿La inhumanidad no es un pecado? ¡Sabe, hombre vano, que hace tiempo te señalé como mi presa!

El monje, Matthew G. Lewis

 

 

El Diablo es como una liga difícil de estirar, pero a veces se encoge, se pliega, se frunce, y otras se ensánchese, se agranda, o se dilata, como aquella noche en el oscuro condado de Granjas Road, un lugar olvidado por toda civilización, por todo ojo hospitalario y bondadoso; la más fría representación de la indolencia y el desencanto, un lugar asqueroso como pueden existir pocos, nauseabundo, repugnante y mal oliente. El aire olía mal, los suelos, las paredes, oían mal, era una noche fosca como todas en ese pedazo inocuo de la villa, las casas rodantes se unían como ratas al frío, como una fea camada de ratas queriéndose dar calor, eso eran esos objetos con ruedas en donde la gente dormía, comía y hacía el amor, entre lo rancio del esperma, el whisky abaratado y las cachetadas en las nalgas, entre las escopetas, los incestos y los primeros vellos vaginales de las cerditas ardientes, un infierno tras el infierno, una maldad torpe, idiota, la del ser humano de Norteamérica, ¿no veis, la luz de la aurora, lo que tanto aclamamos, la noche al caer? Ella tenía la vagina dilatada, contraída, el chico mecía sus dedos con las uñas llenas de ocre dentro de ese molusco rancio y apestoso, gemía, ¡oh sí!, cómo gemía, una gata a su lado sería un cocuyo. Ella gemía como si se la estuvieran hundiendo de verdad, si, como si un gato le horadara la haba, el gato macho tiene en su pito pinchos de queratina que desgarran el útero al moverse, así los dedos del mequetrefe, sucios hasta el hueso, infectaban el ardiente coño de la campirana de mierda, y gemía, y gemía, ¡oh, cómo gemía! frente a los dedos asquerosos que se contraían, que se cerraban para convertirse en un puño, todo dentro de esa vagina escuálida, rellenándola, desgajándola, sólo necesitaban un lugar para abrir bien las piernas, para no ser ofuscados por las moscas, la lengua sedienta de los perros y el olor a mierda, el auto cinema, pensaron, había que pedir las llaves de la vieja furgoneta a padre, y aunque sería difícil, quizá lo conseguiría el chico. Saco el puño baboso de la vagina-molusco y entró al basurero con ruedas en Marshall Granjas Road, el único lugar en donde el Diablo se va de putas. Trebejos salieron emitidos del basurero rodante, botellas de whisky, vajilla mohosa, zapatos, cuchillos, machetes. Esa fue la respuesta que obtuvo de padre, golpes en la nuca, en las costillas, sendas patas en el culo, macizos golpes en la quijada, “—ningún insolente tomará prestado mi auto”, otro certero golpe en la cerviz, como a un gato, como felino antes de ser asesinado, sólo para que se instruya, un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales, y en EEUU a los hijos como a los putos animales, se les trata con la punta de la bota. Así debe ser, decía padre, antes de arranarse de nuevo en el desvencijado sillón, a beber licor barato y ver programas estupidizantes en el severo televisor estropeado, todo esta estropeado en esta nación, la televisión deteriorada, a rayas, coniforme es la metáfora perfecta de la mente del gringo de mierda; el fusil bajo la cama y junto a los condones, los perros con cadenas, los pitos infectados, el semen de las niñas de trece años corriendo por sus piernas, hacía sus talones, directo al piso, directo al infierno. El chico salió magullado del termatoste con llantas, pero aún con la verga henchida, la verga de un gato joven puede estar erecta aún después de una guerra, esa es otra alegoría de norteamericana, los lerdos pueden estar excitados aún después de bombardear naciones, y el cuerpo del meco estaba minado, explotado por la ira del padre, un beso más a la guarra y decidió por hurtar las llaves, a final de cuentas, solo serían unos kilómetros, unos cuantos kilómetros y nada, cerrar los ojos, coger, dejar de oler la mierda, para oler los mariscos de la entrepierna de la nena, la molusco, la niña, la gata apestosa. Unos cuantos kilómetros por la oscura avenida de terraplén y estaría cogiendo de lo lindo, a pata suelta, tumbado, mientras Béla Lugosi, el vampiro elegante, extiende su capa, sus colmillos en la pantalla grande, así mismo, el gato, incrustará su husillo en el hueco mohoso de la ninfa, sólo unos cuantos kilómetros, sólo unos cuantos pasos de regreso a la casa rodante, sólo una llave, una maldita llave para dejar de oler la mierda, la mierda emanada por el culo viejo y añejo de padre, ¡Oh así sea siempre, en lealtad defendamos Nuestra tierra natal contra el torpe invasor! Tomó las llaves, ya no hubo más disputa, padre dormía, ¡Oh, decidme! ¿Que es eso que en la brisa ondea?, las llaves, las putas llaves doradas de la furgoneta, y el boleto a un sexo candente, como el Twister de la infancia, cuando manoseabas el culo de tus primas y les untabas la verga en las caras, rubias, inocentes, pecosas; ahora tomarás la furgoneta y se aparearán los gatos, en Granjas Road. Durante el celo, los gatos macho maúllan fuerte y orinan para marcar su territorio, en Granjas Road, lanzan orina a presión como un spray de pintura sobre las paredes, matiz genital, con un olor difícil de soportar hasta para los norteamericanos, en Granjas Road. Los gatos en celo se vuelven inquietos y agresivos, tratan de escapar fuera de casa, robando llaves de furgonetas, para desaparecer así por algunos días, las jóvenes gatas gringas maúllan considerable y se refriegan por el puto suelo levantando el culo muy arriba, en Granjas Road. El pequeño pelmazo felino la monta y la inmoviliza, mordiendo con los dientes en la zona del cuello, intenta este gesto de morder para realizar la monta, inmovilizando a la frívola gata, La puta maullará y sentirá un dolor perverso debido a las escamas córneas que recubren el pito del animal, y así, hasta que otro gato, más avisado entra en la escena, con una 22. En Granjas Road. Nuestra causa es el bien, y por eso triunfamos. “Creo que si lo pensaran bien se podría crear un reglamento que permita el uso del 22., tan solo hay que dejar las cosas claras, tanto las opciones permitidas como las prohibidas. Como ya han dicho es un calibre que se usa para la caza de alimañas y su control es perfecto; pero hay que dejar muy claro sus limitaciones de rutina. Yo personalmente estoy deseando que hagan algo al respecto, permitir su uso para lo anteriormente dicho, con una autorización y permiso especial para caza exclusiva de alimañas, su uso exclusivo desde puesto fijo, la prohibición de su uso mientras se están practicando otras modalidades de caza, fechas para su uso, separación entre puestos, especies autorizadas… así con un buen control, creo que se podría plantear su uso en la caza. Lo que pasa que para evitar tener que controlar es mas fácil prohibirlo y a joderse todo en mundo. El sello que lleva puesto el 22. como arma furtiva es muy difícil que lo quiten, por culpa del exceso de su uso para estos menesteres de unos pocos hijos de puta”. Fueron las palabras que había dicho padre, el viejo gato, por televisión, un día apestoso en que le preguntaron acerca de la legalización de las armas en Estado Unidos, la Segunda Enmienda a la Constitución de los Estado Unidos recogió el derecho a poseer armas tanto en su interpretación medieval como en la moderna. “A well regulated militia being necessary to the security of a free State, the right of the People to keep and bear arms, shall not be infringed.” Así que el gatete mayor tomó el arma, una hermosa 22. y apuntó de lejos, como se le apunta a las zorras, apuntó de lejos y dio justo en la espalda del minino. Lo había hecho molestar, había tomado sus llaves y se dirigía rumbo a la vieja furgoneta de papá, tomado de la mano de la putaca esa, ninfómana servil de inconmensurables casas rodantes, tanteadora de todos los pitos de la región, multisabores, multiolores, la puta del condado, en Granjas Road. La bala, el plomo, se hundió en el lomo del gato, lo atravesó, como aquel pito lleno de espinas se atraviesa en el coño, el plomo lo atravesó, pero no hubo sangre, no hubieron chillidos, no hubieron consternaciones, no hubo nada, el gato mayor dio la vuelta, entró al culo de rata, y se echó a dormir, arrojaron al gato en el rastrojal, como a los fétidos gatos atropellados El parricidio había sido consumado, Siempre fue nuestro lema, en Granjas Road, y en todo el país: “En Dios Confiamos”. ¡Y desplegará así su hermosura estrellada, sobre tierra de libres, la bandera sagrada!

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