Generation Kill: más rutina menos acción

PorMarcos Francese

Después de ver la serie Generation Kill de HBO (2008) la primer pregunta que se nos viene a la mente es cuál es resultado que genera en los soldados de la Invasión de EEUU a Irak en 2003, una guerra improvisada, sin épica y falaz en sus objetivos, ¿Cómo se hace carne en sus ejecutores el día después pensando en el regreso a casa, cuando el silencio le gana a las bombas y a los disparos, cuando lo único que se observa no es ni siquiera la paz de los cementerios, sino el hedor de los cuerpos en el piso y de una crisis humanitaria que se avecina?

 

Siguiendo con el análisis de las series de la dupla David Simon y Ed Burns, los creadores intentan relatar las consecuencias que pueden dejar en los soldados esta Invasión que EEUU la llamó Operación Libertad Iraquí. Simon & Burns como expertos en diseccionar la realidad social para exponerla en el lenguaje televisivo otra vez aciertan en poner los focos no ya en la cuestión militar ni tampoco en lo político-histórico, sino describir cómo vivieron esa guerra sus protagonistas en el campo, que pensaban de ella, como sobrevivirían en ese país extraño y cómo continuarían después sus vidas.

Durante los 7 episodios dirigidos entre Susanna White y Simon Cellan Jones, y escritos por Simon, Burns y Evan Wright (basada en el libro de este último que relata las experiencias de convivir con los soldados) vemos el andar de la Compañía Bravo de la 1.ª División de Marines: cabos, sargentos, capitanes y tenientes. Una serie coral, con realidades muy diversas entre los soldados, historias de vida, discriminaciones por color, nacionalidad y religión son relatadas en conversaciones durante las largas misiones que muchas veces acaban con la vida de civiles inocentes. Algunos que están de acuerdo con la guerra casi por un mandato divino y la mayoría que simplemente no tenían nada que hacer en sus vidas y se anotaron en los marines para tener un trabajo. Unos leyendo a Chomsky o debatiendo sobre geopolítica mientras otros se masturban sin pudor.

Quizás el elemento disruptivo en el elenco de protagonistas sea la llegada al comienzo de la serie del periodista de la revista Rolling Stone que personifica a Wright. Dos cuestiones surgen de este personaje: ¿Tiene permiso para acompañarlos en la invasión porque ganaban fácil, sería solo una invasión relámpago y sin inconvenientes? La otra es que el periodista casi no interactúa, se limita a observar y anotar (¿Él somos nosotros los espectadores?), deja el protagonismo a sus interlocutores, aunque algunos soldados sureños lo critiquen por ser un periodista “liberal” antiguerra.

Entonces ¿Es Generation Kill un panfleto anti guerra, en contra de la tortura y de los crímenes de guerra? No. ¿Es una obra que describa las intervenciones bélicas? Menos. Generation Kill intenta analizar una guerra sin recursos, ilegal, mentirosa, pero desde el punto de vista de sus soldados, las tediosas cadenas de mando para ejecutar operaciones casi ridículas y la rutina más que de la acción. Spoiler Alert: ninguno de los protagonistas muere, porque justamente el nudo narrativo de la historia es tener objetivos despojados de elementos dramáticos.

Generation Kill es una serie que pone en boca de uno de los tenientes señalándole a su cabo que ellos “no vienen aquí a destruir la forma de vida” de los iraquíes después de haber matado a un civil desde el Hummer. Pero que después en la escena final de la serie, tras haber ingresado a Bagdad y derrocar a Saddam Hussein, los soldados se reúnen para ver las filmaciones que ellos tomaron de la toda la invasión. Uno a uno de los marines se van yendo, la pantalla se funde en negro y escuchamos a un marine real criticando a sus ciudadanos que están a favor y en contra de la guerra: “Estamos aquí peleando por sus libertades. Tienen el derecho de decirlo que quieran y nosotros de cerrarles la boca a golpes si no estamos de acuerdo”. Cinismo y realidad en 7 capítulos de 1 hora de duración.

En un rápido, breve y parcial registro de series sobre las guerras del siglo XX (el díptico Band of Brothers y The Pacific -también de HBO-, la alemana Unsere Mütter, unsere Väter, la argentina Combatientes o la inglesa Parades End) se observa en todos los casos un relato en diferentes registros temporales, historias personales y contextos históricos que funcionan como respuestas al conflicto y también las consecuencias de la posguerra. Incluso en las dos miniseries de Hanks y Spielberg hay entrevistas a los personajes reales que se van mezclando con la ficción.

En Generation Kill, eso no sucede, ya están en el conflicto mismo, no desea Simon relatarnos y mostrarnos quienes eran antes, solo vemos y escuchamos lo que dicen mientras conversan entre ellos. No vemos la biografía personal de cada uno. La propia historia personal está en conflicto porque tenemos que ver cómo actúan en el acá y ahora.

Para finalizar, fue la Invasión a Irak ¿La última guerra convencional antes de desarrollo masivos de drones? o ¿la primera guerra convencional desde el fracaso del Fin de la Historia? ¿De esta nueva guerra saldría un héroe solitario a la Bradley Manning o Edward Snowden que asqueados por el todo el sistema militar y de seguridad publica los secretos de estado o un lobo solitario, sin rumbo ni sueños que mata a poblaciones civiles tal como lo hacía en territorio iraquí? Interrogantes sin resolver.

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