Esperando al Mesías del Segundo Semestre

  1. El segundo semestre ya está aquí, pero la reactivación no. Y, a decir verdad, nadie la esperaba, ni siquiera los propios funcionarios de Cambiemos. Omitiendo el carácter de estafa reiterada que esto entraña, cabe, no obstante, señalar algunas cuestiones.

 

  1. La promesa fue tan absurda que desde que se hizo comenzaron a circular chistes. El hashtag #segundosemestre quedará para la posteridad como un documento de cultura, como parte del archivo de una época. Pero más allá de los memes, de cuya lógica corrosiva e impiadosa no se salva nadie (desde un pibe al que le gusta el arte hasta el mejor futbolista del mundo caen bajo su cruel guillotina), el segundo semestre se ha instalado como un artefacto crítico que causa gracia y a la vez punza.

 

  1. La potencia del humor permite no sólo hacer reír, sino también hacer pensar. Y, desde ese punto de vista, la principal contribución -involuntaria, por cierto- del gobierno de Macri tal vez sea la de rescatar el humor como un músculo necesario y fundamental para la discusión política. Como una muestra de ello, en una nota publicada a fines de mayo, titulada inequívocamente “El tercer semestre“, Horacio Verbitsky decía que “el gobierno necesitaría un año de tres semestres para ver sus vaticinios hechos realidad”.

 

  1. Sin embargo, lo que en Verbitsky es ironía, en Gabriela Michetti es literalidad. En una declaración extraña y algo esotérica, la vicepresidenta dijo que “el segundo semestre es el momento en el cual aparece la luz en el túnel allá lejos, pero seguís en el túnel (…) Empezamos a ver pequeñas luces pero no vamos a sentir en la vida familiar un alivio o una reactivación, porque para que el crecimiento de la economía se dé sí tenemos que esperar hasta el año que viene”. Y sólo para darle más imprecisión, agregó que “ya en 2017 vamos a empezar a sentir eso, no sé si será en enero o en febrero, pero será bastante pronto”. Quién sabe, tal vez el tercer semestre termine pasando para el cuarto. O el quinto, o el sexto.

 

  1. No es que las ambigüedades discursivas de Cambiemos sean pocas, pero hay algunas que son llamativas. Durán Barba, en una de sus habituales columnas de Perfil, afirma que “Macri no se cree el chamán de una tribu, sino que es un líder moderno que propicia la preparación y el profesionalismo de sus equipos. Las campañas del PRO fueron una academia en la que se formaron políticos y consultores que actualmente manejan las herramientas técnicas más sofisticadas y aplican el método científico al diseño de la política”. Vengo leyendo sus columnas con regularidad y noto la insistencia en remarcar que la Argentina pasó de una conducción “chamánica” de CFK a una tecnocracia “racional”, “científica”.

 

  1. La paradoja es notable. Durán Barba sugiere que la legitimidad el Gobierno de Cambiemos se sustenta científicamente: no en el carisma del líder sino en la racionalidad de sus medidas (lo cual puede leerse como una interpretación sumamente “libre” de la obra de Max Weber). Sin embargo, Cambiemos sólo le ofrece fe a la población. El Mesías del Segundo Semestre llegará en cualquier momento y nos salvará a todos.

 

  1. El tropos del “sacrificio” atraviesa el discurso del Gobierno de punta a punta. Tenemos que hacer el sacrificio y esperar la recompensa en un más allá de seis meses. O de doce, o de dieciocho. No importa. Aun suponiendo la necesidad de tal sacrificio, cabe preguntarse por los resultados que se puedan esperar.

 

  1. Y esto nos lleva de nuevo a la cuestión del humor como herramienta para la crítica. En su genial libro de chistes (Mis chistes, mi filosofía), Slavoj Zizek incluye uno que resulta particularmente propicio para analizar estos seis meses de Cambiemos. Copio y pego:

 

Mientras el escritor comunista turco Panait Istrati visitaba la Unión Soviética, a mediados de la década de los treinta, la época de las grandes purgas y los juicios farsa, un apologista soviético que intentaba convencerle de la necesidad de la violencia contra los enemigos citó el proverbio “no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos”, a lo que Istrati contestó: “muy bien. Veo perfectamente los huevos rotos. Y ahora, ¿dónde está la tortilla?”.

Lo mismo podríamos decir de las medidas de austeridad impuestas por el FMI; los griegos tendrían todo el derecho a decir: “muy bien, estamos rompiendo nuestros huevos por Europa, pero ¿dónde está la tortilla que nos prometen?”.

 

  1. ¿No es acaso esa misma nuestra situación? El Gobierno nos rompió los huevos y ni siquiera los usó para hacer una tortilla. De la misma manera que un sacrificio no es tal si no hay algo a cambio, un mesías no es tal si no trae lo que se espera de él.

 

  1. Falsos profetas nos metieron en un falso sacrificio por un falso mesías que traería un falso “alivio”. Lo único verdadero es que necesitamos cada vez a Marx, pero no a Karl sino a Groucho.

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