Amanchándonos

Pintura: S/D, de Rafal Olbinski.

“Mírame a mitad de este puente contemplando peces voladores sobre un río sepia, rostros prehistóricos en las nubes que irremediablemente se ahogan, se confunden con la neblina de la ciudad…” Roberto Bolaño

Antes de la medianoche Amuleto iba a tener una mancha de mate en alguna de sus páginas, estaba segura. La mancha llegó a las 18:50 de la tarde, y acá estoy, buscándole una forma concreta para poder definirla, pero no, no está funcionando. Si usted estuviese acá estaría de acuerdo con mi desesperación, porque es experto en encontrarle forma a las cosas, mejor dicho, en deformar lo formal, en pisar mi alfombra con las zapatillas llenas de barro. Y no es una queja, la alfombra está limpia hace tanto tiempo, qué lastima, qué tristeza, está cada día más azul; si estuviese acá usted estaría de acuerdo conmigo, porque es experto en azules, en cualquier color que le recuerde a pájaros vomitando. Porque usted no escribe sobre perros: escribe sobre vómito de pájaros sobre mis pies. Porque usted no escribe sobre desencuentros: escribe sobre el grito que se escucha todos los jueves abajo de mi cama. Y esto es un poco desesperante a la media noche, hay que reconocerlo, porque usted no escribe sobre la lucha: escribe sobre la pérdida inevitable de su lapicera negra en la selva de mi habitación.

Antes de la media noche Amuleto iba a tener una mancha de mate en algunas de sus páginas, sólo yo lo sabía, y pensándolo mejor, esta situación puede rosar lo siniestro, pero ahora que usted también lo sabe, nos vamos a reír, yo acá, usted allá. Pero nos vamos a reír. Porque usted siempre quiere pensar, mejor dicho, siempre quiere tener mis preguntas en sus manos, y jugar con ellas; por eso no puedo ocultarle que cuando me decía que yo estaba enloqueciendo, pensaba que lo estaba diciendo para ocultar su neurosis nocturna al hacer dibujitos con mis preguntas. Y después de todo las preguntas no se perdían gracias a usted, si hubiese sido por mí… Ahora estoy buscando locamente la página con la mancha de mate, me podrá imaginar, de cuclillas y con el pullover arremangado. No quiero ni pensar como me está imaginando. Y no la encuentro, se debe haber metido abajo de alguna palabra. No es como aquella mancha con forma de insecto que se quedó a vivir en su libreta. ¡Ay, si usted estuviese acá!

Antes de la media noche Amuleto iba a tener una mancha de mate en algunas de sus páginas, ¿qué palabra iba a quedar tapada por la tinta verde? Palabra… yo admiraba que usted conocía una palabra nueva y enseguida empezaba a usarla, sin temor al traicionero léxico ridículo de las manos húmedas como estrellas con los pies descalzos y quebrados en las pequeñitas luces grotescas y apagadas… ¡Bueno basta! A veces me pierdo, muy seguido me pasa. Como le decía, usted me repetía a cada rato que me estaba volviendo loca, se reía, pero era verdad. Yo lo sabía bien, y no estaba asustada, sólo me miraba al espejo muy seguido. Y no encontré la mancha de mate todavía, pero en el mantelito verde hay una marca de lapicera negra que me recuerda al bar. Yo me sentaba y esperaba que sean menos diez para salir apurada hacia algún lugar que ya no recuerdo, pero que usted debe recordar. Esperaba a que sean menos diez, siempre, y quedaba lejos para salir menos 10, pero yo me sentaba y esperaba. Nunca salía menos 11, ni menos 9, siempre menos diez, y eso estaba muy bien, porque llegaba con el pulso acelerado y era como estar un poco más viva. Como cuando saltábamos un poco sobre los laberintos de nuestro pelo, siempre con el cuidado alerta por si alguno de los dos tenía las zapatillas limpias, (terror). Por cierto, las zapatillas llenas de barro me recuerdan al mantelito verde que usábamos de sábana. Y otra cosa que es necesario mencionar, no sé si usted recuerda cuando escuchábamos Goyeneche hasta tener los dedos pálidos de frío, hasta temblar de sueño, no sé si lo recuerda, pero estábamos mareados por causa de todas nuestras melancolióticas coincidencias. Vivíamos mareados.

Antes de la medianoche Amuleto iba a tener una mancha de mate en alguna de sus páginas, estaba segura. La mancha llegó a las 18:50 de la tarde, y acá estamos riéndonos, usted allá, yo acá. Usted, el que siempre se anima a todo, no se asuste si mañana cuando se despierta tiene marcas en el cuerpo, y una voz desesperada le grita: ¡¿Cuántas miradas de espejo acumulamos en estos años de naufragio?! Quiero decir, no se asuste si una noche de estas el arte le patea la cara. Yo sé que usted no tiene miedo y se anima a todo por ver pájaros vomitando flores y hojas de otoño en nuestros pies.

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