Lemniscata.

¿Quieres saber la incógnita que me trajo hasta ti? Si las lágrimas y los amores fracasados me han llevado hacia ti, agradezco cada líquido expulsado de mis ojos. Si cada decisión que tomé en esta marcha me ha llevado hacia ti, agradezco cada uno de esos viajes. Si cada paso que di me ha llevado a ti,  agradezco fielmente cada uno de ellos. Pero no, no es eso lo que me llevó a ti. Vos estabas antes de cualquier amor, estabas antes de cualquier decisión y a varios kilómetros de cualquier camino. Lo que me hizo llegar a ti fueron puentes de eternidad plasmada en tus palabras. Cuando escuchaba hablarte, tu voz me transportaba hacia los lugares más lejanos de este mundo, es decir, me trasladabas a lo in-trasladable, a lo no existente y por no existir, es eterno. Ya te lo dije: me haces sentir eternidad por las venas verdes. La curvatura que se arma cada vez que ingreso a tu mirada, me hace sentir la raíz de tu morfema. Es que somos números y letras mezcladas en un jardín de enunciados por decir, por hacer, por crear. La creación depende de nosotros dos, desde lo más lejano, desde lo inalcanzable: estamos solos, estamos vos y yo, somos dos. Y tú y yo es la frase más bonita, es que somos el lenguaje en plena gestación, el beso bilabial de cada sonido. Y la utopía nos envidia a lo lejos, y no es por superarla: es por crear otra salida. La salida de ser complementos (quiero sumar siempre noventa con vos). Y esta salida no se encuentra en lo más alto ni en lo bajo de la utopía, sino que se halla en la creación del mundo, en aquella no reconocida parte que está más allá de cada planeta, en la curva que se crea cuando nos miramos y el sol nos refleja. Y la distancia de nuestras miradas es constante, cada punto de nuestros sentidos curvados, curvatura, curvando, curvariando; y que te quiero  lemniscata-mente. Y ahora no sólo la utopía nos envidia, sino que también lo finito. Y es que cuando tus ojos se apoyan en los míos, me robas el peso de la cotidianidad y te vuelves el arte de mis días, de mis letras, de mis sílabas, de mis fonemas. Ya no hay lenguaje que exprese el amor que siento al verte, no hay definición del amor que logre superarte. Y en ese momento entiendo que creamos la palabra amor, y por eso empieza con la última letra de mi nombre y termina con la primera del tuyo.  Y la curvatura se va acercando, la creación vamos creando, el arte se forma en tus manos, y nuestras miradas forman una lemniscata, con puntos de besos, de caricias y risas. Y nunca amé tanto mirar a alguien: tu mirada me lleva al centro de la Tierra donde ya no existe ninguna cronología ni espacio que me permita perderte. Y mientras las golondrinas vuelan por este cielo verde, yo te quiero y te escribo aunque ni las letras ni números me alcancen para abrazarte; y no te vayas nunca, que al mirarte me haces sentir la eternidad en plena gestación, en puntos constantes, en caminos que nos unen, en-curvas infinitas-mente.

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