Sobre el precio de la luna

Pintura: s/d. Carrie Moyer

Las hojas mueren, pero mientras tanto las arrancamos con los dientes, le damos forma de edificio, de montaña, o de 4.3. Y duelen las hojas tanto como los dientes, y hojan las tanto, y dienten los cómos, y mueren los tantos sobre la mesa, y mesan los sobres como…

Las hojas mueren, pero mientras tanto las arrancamos con los dientes, le damos forma de casa, de vía, de 5.4. Las hojas mueren los domingos, como la saliva en tus dientes, como la palabra que encontramos abajo de la alfombra con humedad, como la tinta del fibrón negro en tu rodilla o en la pared de la estación.

Las hojas mueren, pero mientras tanto las arrancamos con los dientes, le damos forma de luna, de pétalo, de sal, y de un segundo al otro tengo un puñado de algo en las manos, te lo doy, lo agarras como si fuese toda la sal del mundo, y me lo devolvés hecho luna. ¿Cuál es el precio de tus manos?

Las hojas mueren, y antes de que la habitación explote y los marcadores fluorescentes sean arte en las paredes pálidas, dejame decirte que tengo frío, mucho frío. Sobre la silla está tu suéter mágico, lo acaricio y se vuelve azul. Y nada tenemos que ver con la coherencia y la calma, pero encontramos la eternidad de esas hojas muertas en el gesto que todos los seres de la historia hicieron cuando miraron la luna, creativa y repetitivamente, como un espejo uno de otro, (imaginate ese gesto, y si tenés alguna luna a tu alcance hacete parte de este teatro lunático), somos el reflejo del reflejo, somos cada hombre mirando la luna, y sabiendo que la eternidad ya llegó. ¿Cuál es el precio de mirar la luna? Tal vez ser parte de la eternidad. Y es curioso que la palabra “repetitivamente” tenga un “titi”, y en mi espejo aparezcas tú, tú, tantas veces como el reflejo lo permite, y el tantas tú, comon el ti y el tan tan, espejan la luna.

Las hojas mueren, pero mientras tanto las arrancamos con los dientes, le damos forma de forma, de pintura de uñas partiéndose en la uña de alguno de mis dedos, y las hojas mueren, y es una sensación similar a la de sentirme perdida hasta que te encuentro, hasta que nos encuentro, y recuperamos la humedad de nuestras manos, siempre interrogando, y dejando para mañana la pregunta que camina, porque tiene pies y tiene manos, y tiene puntitos arriba de las i: ¿cómo se siente tener frío?

¿Van a servir de algo todas estas hojas escritas, tachadas, sucias, con renglones tan invisibles como los de tu espalda? Por eso quiero escribirte la espalda, porque no sé usar renglones.

¿Cuál es el precio de la luna? Las hojas mueren junto al sol siempre junto al SOL.

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