Hábeas Corpus

“Su deseo es una ciénaga dorada”
Luis Alberto Spinetta

“Hubo un tiempo en que las palabras eran tan pocas que ni siquiera las teníamos para expresar algo tan simple como “ésta boca es mía, o “esa boca es tuya” y mucho menos para preguntar “porqué tenemos las bocas juntas”
José Saramago

Casi como una playa de la que voy y vengo, el lenguaje me pasea en tus orillas continuamente, (me refiero, los límites). Nuevamente me veo aquí de pie, como un ciego frente al mar, preguntándome cuál es el límite de nuestro lenguaje. Pienso, y tal vez sea un error, que todas las cosas existen en tanto habitan en nuestra lengua. Lengua pictórica, lengua melódica, lengua escurridiza derramándose, dejando sus huellas en nuestra piel. Todas las estelas conservan tiempo de las palabras. Es un desarraigo, claramente; si algo tiene nuestro lenguaje es la filosa puntería de un pez espada. No obstante -o tal vez, por eso mismo- el mundo es el mundo de la palabra. Y de eso no hay dudas. La pregunta entonces debería ser ¿en dónde se escriben todas aquellas cosas que no son capaces de escribirse? y es precisamente allí en donde empieza el temblor. Mucho se ha ensayado sobre el tiempo de la palabra, sobre el espacio de la palabra, sobre lo que flexiona o lo que refracta, pero poco se ha dicho sobre su tacto. Y es, en verdad, una de sus principales características (y no es casual que al conjunto de textos le llamemos corpus). La palabra en sí es como un fantasma resfriado: tiene el poder de transgredirse a sí misma hasta tocarnos con las manos frías. Tomemos, por ejemplo, tu nombre. Yo lo tomo y lo paso entre las palmas de mi mano. Puedo acariciar su lomo y hacerle cosquillas a esa palabra juguetona. Siento su vibración al reír. Sal tar sien tunom breconejito. Siento su espacio empujando mi piel. Es que el lenguaje es una relación de cuerpos; cuerpos que interactuan sobre otros cuerpos. Lo que estoy tratando de decir es que, si escribo, sólo es para poder tocarte. Y será dentro de ese tacto donde habiten todas aquellas cosas del mundo que no somos capaces de escribir. Porque si escribimos es porque somos conscientes de ese hiato. Y no sólo alcanza con la conciencia, sino que hay que enfatizar ese hiato. Si escribimos es porque vamos a demostrar, lisa y llanamente, que nuestra lengua no es una mercancía. Que la literatura es eso, un corpus, tocándose, despellejándose, atomizándose; estirando sus manos sobre el aire hasta llegar a vos. Porque toda literatura siempre tendrá algo de vos. Y no hay tanta gloria y dinero en el mundo que alcance para comprar sensibilidad. Inclusive, antes del punto final, ya puedo sentir tu cuerpo estival llovizándome la piel.

Hábeas corpus de tu lengua, para siempre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s