¿Quién nos vio la cara de soñadores?

Porque de eso se trata en realidad, de perdernos todos los días, me refiero, a que vos me pierdas a mí y yo te pierda a vos. Como una rutina en la que innovamos. Siempre encontramos una nueva forma de perdernos, porque ya sabes como somos, nos aburrimos fácil, y la rutina nos es como una patada en la caja de sueños con un letrero que dice: los’ 90.

Y la idea de perdernos no fue mía, de hecho cada mañana la detesto más. Es un pensamiento recurrente, perturbador, e insistente, no sé a quién se le ocurrió que resultaría bien como rutina, (como nuestra rutina). ¿Quién nos vio la cara de soñadores? Eso nunca lo vamos a saber, pero que estamos bien metidos en este día a día es muy real; justo nosotros que hacemos de las camisas-sábanas, y de las canciones que todos odian, un lugar donde dormir. Porque no sabemos de qué se trata en realidad todo esto, ni quién pierde primero a quién. El hecho es que al final del día tenemos en las manos el sabor pálido del canto del grillo apagándose.

Y en la rutina de perdernos reencontramos tantos encuentros en la esquina: como el día que llegaste tarde con el libro que íbamos a regalar, y supimos que era una señal del cielo para que no lo hagamos, y con el libro frío y arrugado salimos corriendo como escapando del viejo al que iba destinado. O la noche que perdimos la lapicera de mi abuela en San Miguel y la encontramos en Caballito, en la última fila de un 53. En la rutina de perdernos encontramos tantas canciones que remplazan el silencio de abril. ¿Quién nos vio la cara de soñadores?

También encontramos palabras, bastante gastadas pero igual las quisimos. Decidimos contarlas y llegamos a 450, eso porque nos tomamos el trabajo de escribirlas una por una, estoy segura de que hubiésemos encontrado más si sólo las dejábamos unos segundos en la mente y después las olvidábamos, y además el escritorio ahogado de notitas lo hubiese agradecido.

Una de las veces que más me perdiste y más te perdí fue cuando empezamos a definimos por lo que no éramos: vos no fuiste la canción que me hizo llorar, yo no fui el dibujo del reloj con una frase de Spinetta que hiciste en un banco para zurdos.

Porque de eso se trata en realidad, de que te encuentres con la canción y que yo me encuentre con el reloj, a pesar del sabor pálido del canto del grillo apagándose que tenemos en las manos cada noche, de las lapiceras que encontramos abajo de los bancos rotos, de mañana, del encuentro acelerado de todos los días, soñando con que sea el último, sabiendo que no va a ser así. Ideando otro encuentro en la esquina, rompiendo camisas, y sonriendo por las dudas.

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Dibujo hecho en un banco para zurdos

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