La tristeza (no) es contagiosa

Luego de buscar placebos en frases vacías y descontextualizadas se sienta y la observa en cada rincón de ese lugar que oficia de casa. El agua hierve pero la memoria tan caprichosa ella la sitúa en aquellos recovecos donde jamás ella estuvo; tan ensimismada, tan niña, inocencia y ataques de coherencia y omisiones referenciales a cualquier sesgo que se arrime entre insultos y palabras opacas de un futuro juntos (aquella nena tan tierna ahora es una mujer cruel). Todas las féminas de mi vida escapan entre tristezas y vinos que nunca he de tomar, porque temo, porque me dejan solo, porque me dejan harto de tanta infelicidad, el porte lúgubre del que esta de paso por todo lo que conoce y quiere. Uno tras otro se acumulan amaneceres y reproches (para un poco por favor en serio dejate dejame te estoy haciendo mal por favor andate no soporto mas esto hacelo por vos), ecos eternos que surcan cada hebra de mis intensiones de reír, de gritar desesperadamente que quiero ser como los demás, pero no tengo valor, pero no te tengo, mi vida, pero ya no te tendré jamás, pero…

Se me yuxtaponen las ideas, tengo la segunda guerra mundial en la cabeza y todo resulta en enajenados cúmulos de silabas que se unen y desarman, se vuelven a  unir y explotan, parlotean o vociferan hasta dejarme sin aliento, si es que alguna vez lo tuve. Yo soy ese que esta allí casi por compromiso, pero con una asquerosa habilidad de disimularlo tan elegantemente que le dan ganas de recagarlo a trompadas, tan feliz de su nada, cómodo existiendo solo porque respira, el tan idiota…siempre respondiendo a todo, incluso cuando calla.

Allá están de seguro las luces y las amistades que reclaman sonrisas garabateadas por un mal dibujante ebrio de si mismo, porque de seguro me recuerda, porque es culpa de los que piden amistad, solo yo te quiero, pero estas ahí, bañándote en cada copa que ya no compartiremos (¿Por qué? Porque no. (Punto). Y más y más peros ¿Por qué a mí? Porque si). “Así es la vida, macho”, aparece como queriendo llenar algo, como un perpetuo pésame que vendrá a recordarte que perteneces al club de las soledades sufribles, que para vos las cosas buenas están en huelga indefinidamente. Y esta sensación de explosión que torna insoportablemente insoportable a todo, incluso al silencio que queda ahí cuando a esas cosas se les ocurre irse con pasaje de ida.

Pero no tenés el valor de ser un idiota, porque en vos hasta lo sincero suena orzado, porque te vendieron una alegría camuflando futuras tristezas, podrían ser lo mejor, pero con vos… y te cansaste de rogar porque el mano aquel fuera perpetuo, al menos un poco mas duradero de lo que será vivir con tu ausencia, pero todo se gasta y al camuflaje se lo comieron las polillas del tiempo, y vos no sabes que hacer…

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