La Morgue Digital

Por Marcos Francese

 

I- ¿A dónde van a parar las publicaciones cuando ya nadie las lee? ¿Qué será de la vida de los que comentaban en Blogger? ¿Dentro de cuanto (dos, tres o cinco años) nos pasará lo mismo con los megusta de Facebook o los fav de Twitter? Se puede afirmar que los diarios de papel terminan como elementos de trabajo de verduleros, pintores o para realizar un asado. Los blogs y otras publicaciones digitales, en cambio, van quedando en el tiempo y transformándose a raíz de la constante reconfiguración del ecosistema digital. Es decir, que con los medios escritos ya no nos encontramos físicamente con su producto informativo, no vemos sus restos, inevitablemente tendrían cristiana sepultura. Salvo por los profanadores de tumbas, esos loquitos que se ponen a leer el recorte antes de incinéralo o, los mas vintage, coleccionistas de huesos, fanáticos del tacto y la sensibilidad. Ahora, la situación es diametralmente opuesta. Vagamos por la autopista digital y no paramos de encontrar muertos. Contemplamos con fruición sus cuerpos sin vida.

II- Mientras escribo esto escucho a Eddie Vedder y veo caminar a Alexander Supertramp que entra al colectivo perdido en Alaska para morir de hambre. Pienso en él, en Christopher McCandless o Emilie Hirsch, queson básicamente lo mismo. En la figura del adolescente urbano recién egresado descontento con su destino que inevitablemente caería bajo las crueles garras de lo que denominamos “vida adulta laboral” (“Vida”, o “Google” a secas), contenido en la figura de McCandless, decide rechazar su destino y escapa de su entorno familiar y social para perderse literalmente en lugares inhabitables, (es la ultima coma, lo prometo), tiene su continuación y actualización en el troll de los entornos digitales. Un individuo envuelto en las complejidades de su tiempo, que rechaza ingenuamente lo que parecería ser su futuro y todo acuerdo social, y actúa caóticamente: uno, desgarrando sus músculos y escapando en soledad, el otro, como el elemento toxico de esa maraña de discursos que nos atormenta diariamente. Los dos como piezas que no encajan. Uno que desde la sociedad escapa hacia “la naturaleza”. Mientras que el otro, torpemente interactúa con la sociedad, de forma anónima e instintiva. El troll es el colectivo abandonado en la montaña que nos espera con los brazos abiertos para una muerte silenciosa y en estado de naturaleza.

III- Pero cuándo se me ocurre esta brillante idea, leo en Wikipedia que McCandless murió de inanición estando a 20 millas de una carretera y en el verano de Alaska ¡No tenía un mapa siquiera! De repente, con los murmuros de Vedder de fondo, se me cae la teoría y lloro desconsoladamente sobre un mar de bits. Todo vuelve al principio. Pienso en el silencio de páginas, de las ilusiones de Blogger. De esa muerte suspendida en la vida digital, como también sucede con esas cuentas en redes sociales de gente que muere, que necesitan ahí de la eutanasia para poder asumir la pérdida. Pero no, seguiremos llorando ante un post del año 2008 con dos comentarios y tres compartidas.

IV- Apaguen ya la luz por favor y dejen morir a la gente en paz.

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