Carlos Alonso: «No imagino el futuro sin música»

ENTREVISTA

Carlos Alonso _01

 

Por Pablo Contursi

 

Una versión única de uno mismo. Creador de Uno X Uno, propuesta que funciona a la vez como banda y proyecto solista, alternada o simultánea mezcla de punk y electrónica y psicodelia, y ritmos de jazz (excepto durante 2011), y letras con imágenes oníricas, de un surrealismo crudo, no pretencioso, Carlos Alonso responde preguntas de alguien que participó en el grupo (en 2011). Y habla del pasado, el presente y el futuro.

 

—¿Cómo fueron tus inicios en la música? ¿Cómo llegó a vos tu primera guitarra?

—Tengo siempre muy presente que en casa, vivíamos en el Barrio Los Eucaliptos, en Ruta 8 kilómetro 32,800, en ese tiempo Partido de General Sarmiento, un barrio de muy pocas casas, fuimos a vivir ahí a mis cuatro años, en esa casa había una guitarra criolla. Se escuchaba mucha música los fines de semana. A mi papá siempre le gustó cantar tangos, lo hacía muy bien, solía venir a mi habitación a tocar y cantar, siempre me llamó la atención cómo lo hacía, su voz… Con el tiempo me di cuenta de que él no sabía tocar la guitarra, la usaba a modo de acompañamiento rítmico, como apoyo para poder cantar.

»En el barrio había una profesora de música, teoría y solfeo, y venía de Capital una o dos veces por mes un profesor de guitarra del Conservatorio Fracassi. Empecé a estudiar ahí, al mismo tiempo que estudiaba pintura y dibujo y danzas folclóricas. Durante siete años estudié música y guitarra. A fin de año nos llevaban al conservatorio, donde nos evaluaban, para poder continuar el año siguiente. Me recibí de profesor de teoría y solfeo… y apuntaba a ser un concertista de guitarra.

»Hasta que apareció el rock. Eso hizo que cambiara todo para siempre en mi vida. Trece años, 1963: dejé de estudiar y comencé a ensayar con un grupo en el que participaba mi hermano dos años mayor, con compañeros del secundario. Yo recién terminaba la primaria. A los catorce años toqué por primera vez en vivo. Este año se cumplen cincuenta y dos años de otro rock en mi vida. Durante todo ese tiempo mi guitarra continuaba siendo la de mi papá, pero… cuando comienzo a ensayar, no se escuchaba. Era una guitarra de estudio criolla, cuerdas de nailon… por lo que, al cabo de un tiempo, aparece una guitarra eléctrica en casa, comprada en Casa América. No me olvido más el día que regreso de la escuela, entro a casa, y sorpresivamente para mí, veo apoyada sobre un sillón una guitarra eléctrica, de cuerpo entero, de media caja, brillante, de color tornasolado… No había nadie en casa».

 

—¿Cómo surgió tu interés por la música electrónica? ¿Qué dispositivos usabas en los inicios? 

—Después de tocar durante muchos años diferentes formas de rock, con distintos músicos y grupos, comienza a surgir en mí una búsqueda de expresión más personal, muy difícil de poder compartir con otros músicos. Disuelvo el grupo en el que venía tocando, había comenzado a escribir poesía y componer temas, y ya tenia algo de mi nueva música: Los Peores del Barrio, difícil de sostenerlo a pesar de que me gustaba mucho cómo sonaba… Fundamentalmente porque los músicos no terminaban de entender mi propuesta conceptual, poética, sonora, visual. Esta determinación fue muy importante para mí, porque ya estaba decidido a comenzar una nueva etapa, desde otro lugar, donde pudiese mixturar mis conocimientos de música con la electrónica. Tocar libremente, no respondiendo a ningún patrón estético particular.

»Paralelamente a la música, estudié en la universidad: soy ingeniero electrónico. Lo hice como una manera de estar en contacto con válvulas, transistores, amplificadores, música también… Con otro amigo universitario llegamos a traer efectos Electro Harmonix de Estados Unidos, y los copiábamos. Luego los comercializábamos en Talcahuano, en las pocas casas de música que había en ese momento, con cierto éxito.

»En una pequeña habitación de casa, me encierro durante un tiempo con ciertos aparatos. Recuerdo una computadora Yamaha CX5M. Traía sincronismo MIDI, tenía unos presets de sintetizadores, y algunos presets de drums; y la utilizaba con un controlador Yamaha K10. El set se completaba con ciertos micrófonos de contacto, plásticos, papeles, un bajo Steinberger de grafito, que en ese momento y hasta 1993 fue mi instrumento principal, con el que componía. Después sumé una caja de ritmo Roland 707, más un flanger a cinta Morley, más un octavador Boss, más diferentes efectos sonoros, radios de distintas especies, FM, AM, etcétera… Todo objeto sonoro que estuviese a mi alcance. Utilizaba un sikus procesado… Con el tiempo me di cuenta de que lo que había creado era lo que siempre busqué: tocar libremente, sin ningún tipo de ataduras ni preconceptos. Desarrollar mi propio lenguaje, no depender de nadie, hacer música libremente.

»Nunca fui de escuchar demasiada música. No sabía, no tenía idea de que paralelamente a mi música existía todo un movimiento conceptual afín en otras partes del mundo. La electrónica fue la herramienta conceptual que me permitió responder a una pregunta que desde mucho tiempo atrás rondaba en mi cabeza. ¿Cómo sería tener sesenta años y estar haciendo lo único que me interesa en la vida: música?»

 

Horacio «el Maestro» Contursi. A los álbumes Flores Japonesas (1997), Guerrillero acústico (2001) y Melodías gigantes (2005), se suma en 2014 la edición de Impresionante a través del sello Prius. Esos cuatro discos reflejan un período de casi veinte años en el que Horacio Contursi integró Uno X Uno. Grabado en 2010, con Alonso en guitarra y voz, Jerónimo «Jarpek» González en guitarra y efectos, Héctor «Dr. Kaoss» Ongarato en bajo, y mi viejo en batería, puede escucharse acá:

https://priusdiscos.bandcamp.com/album/impresionante

 

—¿Qué instrumentos, efectos y equipos preferís? En relación a esto, y a la producción de sonoridades, he visto que te gusta cambiar, probar y experimentar constantemente. ¿De dónde surge eso? ¿Creés que tu formación como ingeniero influyó de algún modo en tu vida musical?

—Instrumentos. Desde 1993 volví a tocar la guitarra. Me interesa tener diferentes posibilidades tímbricas, sonoras. Siempre estoy en búsqueda de personalizar mi sonido, mi forma de aproximarme al instrumento. Tuve una época de sonar con el bajo muy al frente con un sonido contundente, y los temas eran compuestos a partir de eso: el bajo como protagonista principal. Como así también, un tratamiento rítmico a partir de programaciones y demás.

»Como guitarrista continúo en la búsqueda. Dejé atrás, creo que no definitivamente, usar un sonido crudo: guitarra, cable amplificador. Mi forma de tocar tiende a eso, seguramente en algún momento aparecerá nuevamente. Y ahora estoy investigando diferentes efectos que agrego y quito de mi set todo el tiempo, tratando de imitar el sonido que tengo en mi cabeza, cómo quiero que suene la guitarra. Utilicé una guitarra de jazz de caja, con un encordado 0.13, durante mucho tiempo, que me permitía muchos graves, no teníamos bajista… Y un sonido crudo: guitarra, cable, amplificador.

»En este momento mi búsqueda va por otro lado. Esto también, entre otras cosas, tiene que ver con que somos un trío. Aunque siempre me interesó la presencia de graves en mi sonido. Estoy con la necesidad de ampliarlo tímbricamente, hasta lugares impensados por mí. Durante un tiempo utilicé una guitarra de media caja Gibson Chet Atkins Tenneessee, más para un formato canción, que el grupo también tiene. Desde hace unos años estoy usando una guitarra Gibson de cuerpo macizo L6, que me da otras posibilidades sonoras. Esto es en el plano eléctrico.

»El set electrónico-experimental va por otro camino, aunque en un punto se cruzan ambos sets. Básicamente el cerebro del set, ademas del mío, es una Roland Groovebox. A partir de eso se acoplan otros objetos sonoros: Arturia MicroBrute, radios, minidisc, CD player, mics de contacto, Akai MiniAK, Korg MS-20, Elektron Machinedrum, y algunas cosas más… Estoy experimentando con el uso de diferentes instrumentos constantemente. Soy muy inquieto en ese sentido. Dependen mucho mis composiciones de lo sonoro y visual, lo cual hace a todo mi set muy dinámico, todo el tiempo. Mi formación técnica creo que influye en mi música, aunque muchas veces trato de desprenderme de esto. A veces  lo logro, otras no, para bien o mal de mi expresión  sonora».

 

—¿Que música estuviste escuchando ultimamente que te haya gustado o llamado la atención? 

—A pesar de que, como dije, no soy de escuchar mucha música, estoy al tanto de lo que está ocurriendo. Pero me pasa como cuando miro cine, veo muchas películas que me interesan, pero no hago hincapié en sus nombres: sí en sus historias. Cuando estoy solo en casa, es mi tiempo de poder escuchar música. Me cuesta cada vez mas sorprenderme. Pero debo decir que hay muchas músicas en este momento por demás interesantes, en diferentes países, incluso en Argentina. Pero obviamente lo mejor no está en la superficie. Las mejores búsquedas siempre ocurren en las profundidades.

»Pertenezco al rock en el sentido más amplio de la palabra. No lo encuentro en lo que actualmente el mercado define como rock. El rock está en otros lados: en cierto folclore, no el festivalero arengador, ni el pseudo folclore pop. En cierto jazz, no en los que constantemente están demostrando todas las escalas que pueden tocar. En ciertas experimentaciones sonoras: aunque ha crecido la escena, hay muy poco contenido… Se transformó, en muchos casos, en un espacio contenedor de mediocres que no llegan a músicos. En cierta electrónica con concepto. Pero en muy pocos escucho rock».

 

En el año en que Fito Páez nacía, Carlos Alonso ya tocaba rock. En 2016, Uno X Uno cumple tres décadas de existencia. Puesto un gorro de periodista “de facto”, noto que haber tocado con ellos en 2011 me da un punto de vista único.
¿Cómo desaprovecharlo? Alonso tocaba rock en una época en que ni Spinetta
ni García tenían mucha idea sobre el asunto…

 

—En tu carrera estuviste cerca de especies de músicos que suelen considerarse muy distintas: rockeros, jazzeros, electrónicos, etc. De las mil anécdotas que viviste, contame alguna que hoy en día te resulte especial, conmovedora o graciosa.

—Anécdota 1: “Freaks en 1983”. Los Peores del Barrio: Mix de tango, psicodelia, punk, dark. Teníamos una estética muy oscura, no habitual. En las ropas pintábamos rostros… Luces azules, máquinas de humo. Crudeza, violencia… Nos invitan a una especie de fiesta presentación de una revista en San Miguel, obviamente la gente no entendía nada, quiénes eramos, qué tocábamos… Hablo de 1983. Cuando salimos del lugar nos estaban esperando unos seis o siete personajes, pseudo-freaks locales. Nos impedían pasar y nos pedían fervientemente merca, solamente nos gritaban: “¿Ustedes tienen, ustedes tienen?”, y además decían: “Ustedes consumen de la buena”. Imposible hacerles entender que tomábamos agua solamente (… algunos).

»Anécdota 2: “Tecno”. Uno X Uno: No recuerdo bien el año, a principios de los noventa. Se había puesto de moda el tecno, aunque nadie sabía muy bien qué tipo de música era, y menos en San Miguel. Se había inaugurado la discoteca Charly, del hijo de un actor famoso, y decide hacer ahí una fiesta tecno. Un amigo aprendiz de manager les dice que uno de los principales grupos de música tecno de la ciudad era Uno X Uno, y les sugiere que podrían contratarnos para la fecha. Por esos tiempos ya solíamos aparecer en medios gráficos, Clarín, Pelo, y demás. Vienen con la noticia. Yo le digo: “Pero ¿tiene idea qué tipo de música hacemos?”. Era nuestro período más oscuro, experimental, electroindustrial, noise… En definitiva, nos ofrecen un buen contrato para actuar, que terminamos aceptando.

»Llega el día: llevamos nuestro set, que era importante, con aparatos que obviamente no conocían. Probamos sonido. En esos tiempos no queríamos probar sonido antes de tocar… Éramos un trío: tecladista con sintetizadores y computadora, un guitarrista noise, y yo que cantaba y gritaba libremente, improvisando las letras, sobre lo disparado en el momento. Eventualmente me calzaba el bajo. Nos presenta un locutor. Estábamos sobre un desnivel y la gente bailaba abajo. Lugar lleno de gente, comenzamos a tocar… Yo subía después al escenario, en el momento en que se me ocurría. Al momento de querer hacerlo, aparece sorpresivamente un músico amigo que vivía en España: había venido unos días a ver su familia, y lee en el diario, suplemento “Sí” de Clarín, sobre nuestra actuación. Y se vino. Comenzamos a hablar, el grupo ya sonaba hacía un buen rato, hasta que decido subir. Comienzo mi performance, luces, humos, ruidos, flash, gritos… La gente luego de unos minutos comienza a reaccionar como podía. Los silbidos y gritos van en aumento, cosa habitual para nosotros. Yo continuaba cantando, siempre lo hago con los ojos cerrados. Uno de los plomos me hablaba, pero no le daba importancia, empieza desde abajo a tirarme del pantalón, queriéndome decir algo. La gente, a todo esto, su reacción era caótica, insostenible… A los cinco minutos termina nuestra actuación. Nuestro manager supervisor nos viene a buscar y nos llevan a una oficina donde el actor, que era Enzo Viena, su hijo y demás personas nos estaban esperando con un catering que jamás volví a ver en mi vida de músico. Muy buenas bebidas de todo tipo, el dinero prometido y un sinfín de disculpas por la incomprensión de su público. Y nos cuentan que habían llevado hacia unas semanas a un actor por demás respetado y conocido, haciendo un personaje de abuela italiana, y el publico también lo había echado… A modo de consuelo hacia nosotros».

 

—¿Te referís a Pepe Soriano?

—Sí, así es…

»Anécdota 3:Gracias a Dios”. Uno X Uno: 1986, presentación de nuestro primer trabajo editado, El infinito cercano, para el público y la prensa, en el Auditorio Santa María. No había demasiados lugares para tocar nuestra música, y decido hacerlo ahí, lugar donde se realizaban conciertos afines a nuestra propuesta. Arreglo con los que manejaban el auditorio. Lo único que me solicitan es que el espectáculo no sea pornográfico, cosa que no lo era… Traté de venderlo lo más simple posible, sin mencionar letras, luces, humo, y demás, para no asustarlos y que acepten. Sin tener en cuenta yo que era un lugar del clero: “Santa María”… como así tampoco pensar que la performance que realizaban al final del concierto dos actores del Conservatorio Nacional durante el último tema, “Melancólico tango”, los cuales aparecían imprevistamente, completamente desnudos, solo cubiertos por una pintura de color verde en uno de ellos y de color marrón en el otro, podía complicar las cosas. Los actores permanecían ocultos detrás del escenario, uno en cada punta, concentrándose  para su performance de alto contenido energético: desarrollaban una lucha violenta por objetos sin valor…

»Como era una de los pocos lugares donde tocábamos en los que podíamos invitar a nuestra familia, fueron mis padres, fueron periodistas, y mucho público, punks, pelos de todos los colores, que en ese tiempo nos seguían. Los recuerdo tomar vino sentados en el piso del auditorio. Los administradores del lugar, cuando llega el momento final del concierto, último tema, momento en que aparecen actores, se ponen algo inquietos… Tremenda performance visual y musical, y yo veía desde el escenario una situación rara: movimiento, gente que iba y venia… En un momento me piden que deje de tocar, cosa que no hago. Antes de terminar nuestro tema, se suben al escenario dos policías: violentamente se termina el tema. La gente suponía que eso era parte del concierto. Cae el telón  del escenario. Los policías queriéndose llevar detenidos a los actores  por pornografía, los actores queriendo reaccionar…

»La tensión va en aumento hasta que en un momento que decido intervenir. Y le grito a un sargento que estaba a cargo del procedimiento, si realmente sabia qué significaba “pornografía”. Contesta sin argumento alguno sobre la desnudez de los actores, a lo que yo les respondo delante de todos: “Pornografía es verte a vos, gordo, desnudo con esa panza”. Nunca sentí demasiado respeto por la policía. Fuera de reaccionar, el sargento decide terminar su intervención, y se retiran los policías. Afuera la gente pensaba que era parte de la presentación. Mis padres pensaban que estaríamos presos, y por otro lado, nos sirvió para que  la prensa se acerque a pedirnos una entrevista, para el Suplemento “Sí” de Clarín. Primer entrevista de Uno X Uno que oficializó nuestra existencia para el mundo rock».

 

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—Carlos, vos anduviste por Europa invitado por el Instituto Goethe, ¿verdad? ¿Cómo fue esa experiencia?

—Hacia fines de los ochenta y principios de los noventa participé de muchos ciclos que se hacían en el Instituto Goethe en Buenos Aires, muchos de estos ciclos presentados por Daniel Melero y su Catálogo Incierto, un pequeño sello que reunía a artistas que tenían otras búsquedas sonoras, experimentales, mal llamados. En el año 1991 fui invitado al proyecto “Ficción Disco”, intercambio cultural entre tres músicos alemanes y tres músicos argentinos, finalmente fuimos dos porque Melero se tuvo que bajar al ser invitado a participar en Soda Stereo… Fuimos Gaby Kerpel, músico de la Organización Negra, y yo.

»La idea del proyecto era componer música en base a nuestra mirada de una discoteca como espacio de creación, nuevas artes, multimedia… Acá la discoteca funcionaba, creo que lo continúa siendo, en gran medida, como un espacio conservador, donde la gente va a escuchar lo ya escuchado. En Europa el concepto es todo lo contrario: es un espacio donde se chequean nuevas tendencias en todos sus formas: sonido, música peinados ropas, tecnologías, etcétera… Mi trabajo se llamó “Disección 03”. Era mi mirada de no-discoteca, compuesto y grabado en Argentina y mezclado en Utrecht, Holanda, en CEM Studio, Centro de Música Electrónica [Centrum voor Elektronische Muziek], impresionante experiencia para mí. Luego el trabajo se presentó acá en vivo en varios lugares, en el auditorio del Goethe, en el Planetario, en una discoteca de Palermo, para lo cual estuve yendo durante una semana a probar mi música con diferentes tipos de cielos, seleccionados por mí para cada track».

 

—Recuerdo, además, que alguna vez me contaste una anécdota con Blixa Bargeld, guitarrista de Nick Cave y Einstürzende Neubauten…

—En 1995, invitado por el Instituto Goethe, Blixa Bargeld [pseudónimo de Christian Emmerich], realiza una performance de poesía, a la cual fui invitado. Blixa se interesa por mi música y me quiere conocer, esa misma noche de su presentación, charla que deriva en una invitacion a San Miguel, a pasar el domingo y comer, charlar y tocar. Noviembre del ’95, súper asado que tuvimos que modificar al momento por comida china, no comía carne… Pero sí bebía…

»Vino con su novia, una modelo alemana, bellísima, estuvo todo el tiempo con Luz, mi hija de 9 años. Se comunicaban mediante dibujos, que con el tiempo se transformaron en el arte de tapa de una pequeña edición realizada en secreto en cassette, Pic Nic Industrial… Luego de comer, beber, charlar, todo derivó en una jam en La Cabeza Graba, búnker tecnológico de Uno X Uno, tocando dos horas sin parar ni hablar: participaron Guido Miranda en guitarra acústica, Horacio Contursi en batería, y Blixa Bargeld y yo en guitarras. Filmación de Walter Temporelli. Estaban Néstor y Sabrina, una pareja de diseñadores artisticos amigos de Uno X Uno… No avisamos a nadie. En secreto, fue el manager alemán de Blixa, y un traductor del Goethe de Bella Vista. Memorable jornada… Con el tiempo la noticia trascendió».

 

Elefantes. Video hecho en 2007 para un tema de Melodías gigantes (2005).

 

—¿Qué te gustaría hacer en el futuro?

—No lo imagino sin música. Estoy en una etapa, y creo que cada día profundizo aun más la idea: la música ocurre en el momento y termina en ese instante donde el futuro ya pasó. No necesita ser registrada en ningún tipo de formato. La creación es eso. Ocurre, no busca ser registrada. Es un momento de magia, distinto, sin parámetros, de libertad. Si hay muchos receptores o nadie, no tiene que modificar nada, no tiene que ser un condicionamiento.

»Seguramente continuaré en mi búsqueda. En mi camino, con nuevos o viejos aparatos sonoros, lumínicos, nuevas o viejas formas de canción: no me imagino fuera de él. Aunque algunas prioridades han cambiado en este trayecto».

* * *

 

[Pablo Contursi: entrevista, edición]

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