Ponerla en el Conurbano (Capítulo 2)

No fue Magia.

Las media-mañana se exprime como jugo de limón. ¡Como jugo de limón, te digo! Tendrías que verlo. Bueno, de última no importa. La cosa es que eran alrededor de las diez de la mañana y hacía un frío que te lo fruncía, como las caras que uno pone cuando chupa el jugo de limón de la mañana exprimida, y estos dos tipos estaban ahí, existiendo de golpe, sin que yo me diera cuenta de cuando habían llegado. Estaban bien empilchados, y fumaban. Fumaban bastante, se ve que uno estaba fisura. Aparentaban de guita, sobretodo para estar en esta miserable letrina que tenemos en la estacion de Jose c. Paz, mantenida por la depresión de borrachos llenos de excusas para evadirse en alcohol pedorro. Conversaban moviendo las manos y de manera excesivamente gestual, diré desesperantemente gestual, y su conversación se colgaba de mi nariz como un anzuelo verde:
“- Al final, anoche fui a saludar a Valeria por el cumpleaños.
– Pero fue hace como cuatro días.
– Sí, pero colgué, además el viejo no me puede ni ver; vos sabés cómo es.
– Sí, sí, obvio – encendiendo un cigarrillo e intentando, en vano, hacer círculos con el humo.
– Bueno. Yo no te puedo explicar lo que me pasó.
– ¿Qué te pasó?
– No me lo vas a creer…
– Dale, salame, deja de hacer drama
– Bueno, cuestión, la fui a saludar a Valeria al pub donde labura, y nos quedamos chamuyando un toque. Viste que yo siempre le tuve ganas a Valeria. Estaba el novio ahí y no había chance, pero estaba con una amiga…”

Se miraron cómplices

“- ¿La morocha?
– La morocha.
– ¡Uuuuuuuuhh! -exclamó el tipo con media sonrisa dibujada en la cara y la mano apretándose la frente.”

Mientras limpiaba los vasos intentaba imaginarme a la morocha uhhhhhhh, seguro tenía cuerpo largo aunque no alta, esbelto aunque no muy pronunciado, un buen par de pechos, pesadas guindas rebosantes de amor, cara zafable, pelo largo y blanca. Básicamente como me gustaban las minas a mi.
“- La cuestion es que empecé a hablar con la amiga como para hacer tiempo, queria mirarle el culo a Vale un rato más. Creo que se llamaba Romina. Linda mina. Medio boluda, pero parecía interesada en hablarme.
– Seguro te queria coger.
– La onda es que el pelotudo del novio no se fue hasta que Valeria le prometió que cuando saliera del pub iba a la casa y sacaban a pasear a ese caniche del orto. Se fue para el baño. Al toque le dije a la amiga que tenia que ir al baño. Entre, estaba limpiando. Agachadita, con la mini negra.. Por dio´!
– ¿Que onda? ¡Conta, conta, boludo! – Dijo el otro al tiempo que encendía otro cigarrillo.
– Cuestión que yo estaba un toque en pedo, así que no sé qué le dije bien, pero cuestión que la loca se da vuelta, y me sonríe, y me dice “mi novio no se iba más. Gracias por haber venido. Es muy lindo de tu parte” y me acaricia la cara ¡me acaricia la cara, ¿entendés?!, tenía el amigo como el obelisco
– Que jugador -comentó sarcástico.
– Bueno, entonces le invito un fernet y me dice que sí, pero que la aguante diez minutos a que cobra, sale y vamos a otro lado porque no quería que la vean ahí.
– Bien ahí.
– Salimos. Afuera hacia un frío bárbaro. Nos fuimos al bar de la otra cuadra y nos sentamos en una de las mesas del fondo, las que están atrás de la pared, donde no se ve nada. En una de esas, se saca el abrigo y se había cambiado de remera, tenía la escotada verde que usó para el cumpleaños de Juan José. Matadora. Me estaba descosiendo la hija de puta. Y el novio, andá a saber.
– Paseando al perro jajaja
– Sí. Qué se yo. Lo que menos pensaba era en el novio. Por allá, después de un rato, e hago el sota, y le digo “che, ¿vos no te tenías que ir…?” como midiéndola, ¿viste?, y me dice “no, ¿por? ¿querés que me vaya?”, y me hace trompita. Te juro que casi acabo en ese momento. Le dije alguna boludez y le invité otro fernet más, y agarra y me dice “no, aguanta, ¿por qué no vamos a otro lado donde estemos más solos?”. ¡Yo no lo podía creer! ¡Con Valeria, boludo! Es la mina de mis sueños ¿entendés? Cuando garcho con mi novia pienso en Valeria, para calentarme más.
– Sí. Todos los hombres tenemos una mina así que es la fija. Más allá de que después te guste otra. Siempre hay una que es a la que siempre le dirías que sí, e irónicamente, nunca es tu novia.
– Sí, tal cual. Bueno, “¿a dónde te gustaría ir?” le digo, y la loca, agarra, se pone el abrigo y me hace una seña con la cabeza de “seguime”. Pago en la barra, hacemos tres o cuatro cuadras en el frío. La piba, muzzarella, no dice ni “mu”. Da vuelta a la esquina, y veo el cartelito de morondanga “Hotl” (se habían afanado la “e”). Te juro que no lo podía creer. Estaba a punto de entrar a un telo con Valeria. Tenía la guita para el alquiler en el bolsillo y pensaba “al carajo todo, pago con la guita del alquiler y después veo, no me puedo perder esto”. Entramos. La loca enfila a recepción. Ficha los precios ¡Y pide la habitación con jacuzzi y “all inclusive”, pernocte! ¡¡Y encima se da vuelta y me dice “yo pago”!!
– Naaaaaaaah…
[Se hizo un silencio largo. Entro una piba infernal al bar, curiosamente parecida a como me estaba imaginando a la mina del relato del chabón, acostada en la cama, medio en bolas].
-Si, boludo, te lo juro por Dios. Subimos con la loca, que estaba infartante y yo tenía una calentura bárbara. Abre la puerta. Entramos. La loca se saca los zapatos, la pollera, la blusa verde, tira todo en el piso. Yo estaba parado ahí en el medio de la habitación como un salame. Se saca el corpiño y queda sólo en bombachita (rosa) ¡No sabés qué buena que está en bolas! ¡¡Es impresionante!! ¡Es un poema, boludo! Te juro que es un poema. Se me acerca y me estampa un beso. Entramos a tranzar y me agarra la chota con ganas, como diciendo “ésta es mía y te la voy a dejar lustrada”. Me baja los lienzos y me empieza a tirar la goma. ¡La-mejor-chupada-de-pija de mi vida, chabón! ¡La mejor, lejos! Garganta profunda, gemidos, lengua, turca, todo. Completo, completo. Y encima gratarola. En un momento me tuve que alejar dos pasos para no acabarle en la cara ahí no más. La loca se para, y me mira. Se me queda mirando, como estaba parado ahí con la chota al palo, mirándola como si fuera magia. ¡Era magia, boludo! Te juro que pensé que me había muerto y estaba en el cielo. Se da media vuelta, y se entanga la bombacha, y me mira y me dice “¿te gusta? es toda para vos esta noche; espero que te guste” y se pone un dedito en la boca, sobre el labio inferior. Ahí no más, la tiré en la cama, y le empecé a pasar la lengua a pala ancha, duro y parejo, mientras le apretaba las tetas como si fuesen los botones de la Play. La loca se levanta, me tira en la cama, y me pone la concha arriba de la cara, y me empieza a tirar la goma. ¡No te das una idea del ALTO 69 que hicimos!”
[Cruzó el bar rapidisimo, como asustada y ansiosa. Me miró, me dijo “Tenes cara de pelotudo, pero seguro coges bien, vamos al costado de las vías?”. Deje todo ahi y sin pensarlo demasiado, le chifle al forro del gallego y le dije que me cubra un rato].
Apaga su cigarrillo en el piso y toma un trago de cerveza. Mira por la ventana, como no queriendo seguir
“-El bardo fue después.
-¿Qué pasó? No me digas que le acabaste adentro.
– Peor
– ¿Peor?
– Muchísimo peor.
[Salimos. Nadie nos dio bola, salvo el cana que estaba muy en pedo para reaccionar, el muy gordoputo. Aun sin entender una mierda, la flaca se arremanga la camisa y me la empieza a chupar como loca. Era la mina de mis sueños y me estaba llenando de baba la chota]
– ¿Qué onda?
– No me lo vas a creer.
– Dale, nabo, contá; no me dejés así.
– Me para frente a la cama, se acuesta, se empieza a tocar un rato mirándome, y (Estaba en la Gloria, un poco sucia y menos glamourosa que mis sueños pero ahi estaba yo, haciendo esfuerzos para no acabar como boludo. De golpe la piba se frena, me mira, se rie y…) me dice: “lo hacemos si primero me hacés caca en el pecho”

Ambos se/nos quedan/mos en silencio; yo/el amigo, con las cejas en alto y boquiabierto como un ensueño, estupefacto, le pone/go la mano sobre el hombro, mirándolo/a fijo. Deje de vagar en mis pensamientos y paré la oreja:
“-¿Y qué hiciste?
– Y… ¿vos qué hubieras hecho?”

 baño

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