El cuarto blanco (4)

Religión: divino pecado

Habiendo establecido informalmente lo bueno, lo malo, lo útil y conveniente para que unos pocos lograsen gobernar a muchos, la humanidad siguió avanzando en sus diferentes  conquistas por la Tierra.  A su vez fueron apareciendo de a poco con su aleteo de Búho nocturno siempre meditando sobre los acontecimientos para reinterpretarlos: las nociones morales. En un principio fueron pequeñas, débiles, insignificantes y poco valoradas: como un pequeño niño frente al robusto salvaje mirándolo con asombro. Sin embargo por necesidad gnoseológica el niño religioso empezó a ser escuchado…  y en una de las comunidades formalmente se estableció la ley que el hombre había pecado estableciendo un abanico de males nunca antes vistos en la Naturaleza Humana.

Cuando el liderazgo o la necesidad no fueron suficientes para mantener el sentido de vida de los miembros de la comunidad,  se buscó “hacer hablar” a los dioses mediante reglas o leyes útiles para la domesticación y  pacificación de los individuos. Cada cultura tuvo su/s propio/s dios/es, reemplazándolos en las diferentes etapas hasta que una comunidad elaboró la concepción de un único[1] Dios, del cuál me ocuparé particularmente.

A grandes rasgos, si leemos el Antiguo Testamento nos encontramos con un Dios bastante “humanizado” por decirlo de alguna manera: regido por sus pasiones, las cuáles varían desde meros caprichos hasta promover leyes de “salvación” o condenar con pestes o guerras a pueblos que no le “temían”. Aquí está presente nuevamente la idea de pertenencia de la comunidad y la idea del otro condenado por no temer a Dios. Obviamente, si bien en la Biblia misma se aclara textualmente que no narran hechos históricos, (más allá que muchos fanáticos pretenden que así lo sean), todos los aforismos escritos apelan a “haz esto y serás salvado”, así el mensaje de amor y odio se presentan en “salvación para algunos y condena para otros”; el amor y el odio tiene la misma esencia dependiendo de los ojos del espectador. Por ejemplo:  la gran inundación mató a  todos los pecadores menos a  Noe y su familia  por ser: “el único justo de esta generación”. Sin embargo, esta travesía no terminó aquí, puesto la tierra volvió a poblarse gracias a su descendencia, hasta llegar a Abraham. Quién según  la Biblia, fue el elegido por Dios para hacer una nación grande y bendecida en la tierra, por ello mismo abandonó a su familia yéndose con su hermano Lot y su esposa Saray, según lo dispuso Yavé. Bien, de aquí surgen los dos pueblos elegidos y protegidos por Dios, ya que cuando se separaron Abraham y Lot para no enfrentarse por sus sirvientes, el primero será el impulsor del pueblo de Israel, Lot por su parte junto a sus descendientes permanecería alejado y con protección divina.

Otros pueblos en vez de ello, no fueron bendecidos, siendo atacados por  Moisés con todas sus fuerzas, y si bien la Biblia aclara que no “deben repetirse esos crímenes” esta demostrado aquí que el amor de Dios por los hombres, daba en ese momento frutos de odio y de terror a otros pueblos. Claramente también se ve en Sodoma y Gomorra, pueblos pecadores librados a sus bajos instintos siendo malditos y destruidos de la faz de la tierra, exceptuando a la familia de Job que vivía en uno de ellos. Fueron salvados por petición de la piedad de Abraham, al interrogar a Yahvé “¿Y si hay un hombre justo? ¿También morirá como los pecadores?”. En relación a lo anterior, tenemos una muy buena pregunta hecha por Saramago en su Caín que nos lleva a pensar una interesante cuestión  que abre un hermoso abanico de conjeturas metafísicas, ¿Acaso los niños de Sodoma y Gomorra no fueron inocentes en el genocidio divino?

Tanto en Deuteronomio como en Éxodo se narra como el amor de Dios a un pueblo, generó odio en otros, inclusive a lo largo de todo el Éxodo, donde se establecieron los mandamientos el imperativo “no matarás” se vuelve de lo más relativo:  “puedes matar a ellos pero no a aquellos”… Esa lógica de fanatismo se mantiene siempre, “los elegidos” apelan a cumplir su Voluntad considerando que hay gente en contra de su obra divina y los aniquilan. O los marginan, o los desprecian. ¿Qué contradicción no? ¿No era acaso que Dios es amor? ¿El amor no es tolerancia? ¿O quizás este Divino planteado aquí no es perfecto por eso busca el temor y la adulación?

Pero no todo termina aquí la historia amigos míos del Inframundo, ya que en la religión occidental hubo una gran ruptura, una verdadera transmutación de valores a manos de un hombre, de un superhombre llamado Jesús de Nazaret, quién decía ser el hijo de dios. Desgraciadamente, un espíritu libre como Jesús no fue entendido completamente, y si lo fue, seguramente fue utilizado según las conveniencias de una secta surgida en el S I. que buscaba tomar forma e independizarse con una identidad propia. De cierta manera, calculo que Jesús tenía una particularidad que para muchos puede ser considerada como “loco ilustre” en nuestros tiempos postmodernos: creía realmente en lo que decía y murió por ello. Pero el gran merito de  Jesús, fue innovar  la idea de cumplir con los mandamientos interiorizándolos, es decir que de la conciencia misma salga la obediencia a las prescripciones y no por una cuestión de obedecer frente a algo objetivo.[2]

Además, cambio el antiguo ideal del  “Dios del temor” por un “Dios del amor” ¿A qué me refiero con esto? Todas las enseñanzas de Jesús se enfocan principalmente en el mandamiento “Trata al prójimo como a ti mismo” relacionado a ello el amor es el motor del comportamiento del hombre y todo lo bueno se reduce a ello, inclusive es lo único que puede remediar una falta. En el Nuevo Testamento dice que él mismo se ofreció como cordero al ser crucificado en la cruz, para amigar a Dios con el hombre… pero hasta este sacrificio tan puro, tan lleno de amor, oculta en si una esencia siniestra, una Némesis a sus enseñanzas. El amor de Cristo junto a su mensaje  fue mutando en la tautológica religiosa de los hombres. Enseñanzas abiertas para todos, dicho en sus propias palabras: -“El que quiere oír que oiga”- fueron reservadas para un pequeño sector que se atribuyo el poder  dividiendo nuevamente en castas a la sociedad como por ejemplo durante el feudalismo, fundamentando privilegios nobiliarios para pocos y reservando la Palabra de Dios en un latín in entendible para los creyentes y adeptos. Pero a diferencia de las tribus y las comunidades,  los beneficios durante el medievo fueron mayores, por eso se recurrió a la moral para lograr construir una gran sociedad con parámetros bien definidos. Llegando al punto tal, que durante las guerras el Papa era el gran árbitro y negociador de los conflictos, una especie de Emperador de cristianos, juez de naciones y de almas.  Ahora el poder ya no se reducía a lo terrenal: la ambición era mucho más grande, por ello se apeló a salvar el alma por medio de la religión. Actos repudiables fueron cometidos en nombre de la Cruz; la historia dominante fue escrita con la sangre de  sus símbolos retratando dioses y en su propia locura muchos creyeron que ellos eran verdaderos!

Sobre las Causas Superiores

¡Pero la culpa no es de Dios, sino del hombre! Seria injusto echarle la culpa a un ente in-entendible, tal vez inexistente denominado en nuestra lengua como “Dios”. O en palabras del Marqués de Sade: “Entre la comprensión y la fe deben existir conexiones inmediatas; la comprensión es el primer alimento de la fe; cuando la comprensión no actúa muere la fe, y ésos que en tal caso pretendieran tenerla, mienten.”[1] Relacionado a ello, no hay una prueba concreta de qué es Dios y menos aun de su existencia, es solo una cuestión de fe o de esperanza. Ningún ser humano puede escapar de esas tres cosas: de la esperanza, la pasión y el amor (o el odio).

Abstrayéndonos un poco, veremos como funciona la herramienta formada por los teólogos (también funcionarios, militares, ideólogos, etc) envuelta en la moralina al ser utilizada a manos del dogmatismo[2]. Si  cambiamos la palabra “Dios” por cualquier otra premisa relacionada con cualquier sistema “para lograr justificar e imponer un poder asimétrico entre dos seres. O una Causa Mayor a ellos mismos” obtenemos los mismos resultados únicamente dejándonos llevar por las penosas consecuencias. Reemplacemos estas palabras: las torturas de la inquisición por las de Guantánamo o por las del golpe del 76[3]. El genocidio de America  por la solución final o el genocidio armenio o el iraqui, etc. En la cúspide de la “causa” por así decirlo de la inquisición, esta Dios y defender a la población contra la herejía; en la del golpe del 76 es “defender las buenas costumbres y la patria del enemigo interno (o de la subversión que debe ser extirpada)”, en el nazismo defendían la pureza de raza, en Irak es “Liberar al pueblo de la opresión de Saddam Hussein y defender al mundo del Eje del Mal”, etc. Diferentes contextos socio-políticos, e históricos, pero todos tienen en común una Causa Superior con la cuál se justifica la muerte y la aniquilación de seres vivos: del diferente. Hoy en día, la iglesia no tiene tanto poder, ni Dios esta tan presente, pero ocurre lo mismo que el pasado por otros Agentes de la Muerte. ¿Por qué? Desde mi humilde opinión: las grandes Ficciones irracionales son útiles para justificar los crímenes humanos.

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El contenido puede cambiar: moral, mandamientos, democracia, raza, tiranía, pero el resultado es siempre el mismo: la muerte, el daño. Inclusive los que se jactan de no seguir ninguna ideología política hacen daño, esto se debe a la re-afirmación del propio ego de seguir un camino propio acusando a los demás de no hacerlo. Ese sentimiento profundizado e incrementado sin control, conlleva a las maquinas de la muerte[4].

Pero el verdadero problema pasa por nosotros mismos cuando seguimos una moral/ o ideología ajena sin comprender las verdaderas razones ni sus consecuencias. Desde mi punto de vista: cada uno dentro suyo construye leyes internas con las cuáles se rige, mientras las construcciones sociales nos proporcionan el molde, es nuestra conciencia quien labra el utencillo de hierro con su experiencia. Con otras palabras, las leyes internas son aquellas leyes ligadas a sentimientos y a la propia crítica de cada uno con su visión del mundo en particular. Las leyes externas por su parte,  responden al medio social en el que vivimos, pero no nos determinan, en todo caso nos limitan. De ahí viene mi conclusión junto al eje de esta temática: el hombre es un ser poderoso y si logra valorarse  podría crear su propia realidad; pero ese poder creador no dura por siempre, en algún momento deberemos rendir cuentas por nuestras obras. Entonces, lo coherente es no  justificarse muchas veces  en la cobardía de decir “cumplí con mi deber, con la causa”, es mejor decir “cumplí con mí querer”; puesto que los valientes viven bajo sus leyes del mismo modo que mueren por ellas, eso los vuelve libres. Nunca debemos confundir nuestras pasiones con las ajenas. Mucho menos morir o matar por ellas. De esa manera nos volvemos in-humanos.

[1] Sade. Diálogos entre un sacerdote y un moribundo.(cuento)

[2] Quiero dejar en claro que esto no se reduce solo al cristianismo, sino el judaísmo y todas las demás religiones. Inclusive, el dogmatismo esta fuertemente presente en el ateismo.

[3] Recomiendo que lean el libro “nunca mas” para concientizarse con testimonios lo aberrante que fue el golpe del 76.

[4] Concepto utilizado por Hanna Arendt.

 

 

[1] Primero los Persas. Luego el judaísmo.

[2] Idea planteada por Hegel en su libro “escritos de juventud”

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