El Cuarto Blanco (2)

Sobre las mujeres

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   La puerta del cuarto blanco se abrió y una hermosa enfermera se acercó al hombre. Luego de insultarlo por el desastre, lo amordazó para que el loco no pueda morderse, gritar, cantar o hablar. Pero los locos piensan, más allá de su locura. Los locos piensan cosas que los cuerdos no llegan a pensar. Este loco pensaba nuevamente lo siguiente…

– ¡Oh, no hay nada mejor que ver el trasero de una mujer traslucido por un delantal blanco! Hoy trajo una minifalda mi hermosa enfermera. Disfruto cada segundo en la silla de ruedas sintiendo las montañas de sus suaves senos erguidos sobre mi cabeza oliendo su perfume alojado en su pelo. Amo  ver sus lagrimosos ojos parpadeando cada instante con el erotismo etéreo de su indiferencia. Como me gustaría hacerle el amor ahora. Pero ella es alguien inalcanzable por este maldito chaleco de fuerza…  Mmm, mujeres: reinas, damas, algunas diosas o rameras; ese tipo de clase generalmente existe en nuestra mente. ¿A qué me refiero con ello? Desde mi punto de vista con  lo poco que entiendo sobre el comportamiento humano, de cierta manera nos manejamos subjetivamente por la lógica planteada por Saussure con respecto a la Lengua y al valor lingüístico de Significado>Significante dentro de una cultura dada por el abanico de posibilidades que nos ofrece. Estas representaciones sobre el fenómeno y las construcciones sociales nos lleva a ordenar nuestro “mundo interno” formado por pasiones, deseos, prejuicios, conflictos pero sobre todo de ideales. Es importante subrayar que la  “idealización subjetiva” es lo que nos lleva a  amar, odiar o querer  a los diferentes fenómenos NO por lo que son, sino por  cómo nos afectan y en qué lo hacen. Esto nos lleva (muchas veces) a caer en una básica clasificación de las personas agrupándolas en un conjunto de características determinadas, creyendo que ello lograra describirlas. Ahora dejémonos caer en ese jueguito categórico que nos permitirá analizar ciertos estereotipos sociales sobre las reinas, señoras, diosas o rameras.

      Desde épocas inmemoriales el género femenino (gracias a la colaboración de muchas mujeres) ha sido oprimido por el masculino, esto les  ha permitido con los años “heredar” cierto comportamiento o técnicas de manipulación que al complementar su belleza con la inteligencia, hacen de su arma más poderosa: el poder lo ejercen desde las sombras. Si debería optar sobre  cuál género tiene mayores facultades, definitivamente afirmaría que  la mujer es superior al hombre, ya que hasta los fuertes o inteligentes se doblegaron ante el encanto femenino. Relacionado a ello jamás debemos caer en la negatividad de  echar la culpa a las mujeres por el accionar de los hombres, aquello  es una necedad y estupidez enorme, puesto cada uno es libre de hacer lo que quiera… como decía Sartre “estamos condenados a ser libres, nadie nos obliga a nada” Pero además dejaríamos de lado que injustamente se atribuyeron a lo largo de la historia los peores crímenes a las mujeres, como el saqueo de Troya por culpa de Helena; lo cuál es una farsa, ya que según la mayoría de los historiadores, Ilion era una potencia exportadora que al ser una amenaza a la economía griega, fueron detenidos por los aqueos, mirmidones, cretenses, espartanos, etc. Por otro lado los teólogos cristianos atribuyeron a la mujer el pecado de haberle ofrecido la manzana del conocimiento al pobre de Adán aún sabiendo que Dios les había prohibido comerla. Siguiendo esta lógica,  la culpa de la expulsión del paraíso fue de Eva, pero pago un gran precio su desobediencia; Dios sentenció “Multiplicare los sufrimientos en los embarazos. Con dolor darás a luz a tus hijos, necesitaras de tu marido y él te dominara”[1]  y al pobre de Adán no le fue mucho mejor: “Por haber escuchado la voz de tu mujer y comer del árbol del que Yo te había prohibido comer: maldita sea la tierra por tu culpa. Con fatiga sacaras de ella tu alimento por todos los días de tu vida. Espinas y cardos te dará y comerás la hierba del campo. Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste sacado. Porque eres polvo y polvo serás”[2]. Desde el sentido común, creo que la culpa de todo la tiene el sentido de libertad: ya que Dios hizo libre al hombre y éste al elegir mal, terminó condenando a todos con el precio más alto. ¿Qué paradoja no? La libertad simplemente no existe, ni siquiera viniendo desde los propios labios del Creador… un Creador omnisciente que sabia de antemano la elección de Adán.

    ¡Que cada hormiga se esconda en su hormiguero y dejen de picarme un momento! ¿En qué pensaba a todo esto? ¡En la descripción de cada una siguiendo los estereotipos! ¿Cómo describo a las reinas? Creo que dentro del universo femenino algunas desarrollaron una femineidad y delicadeza digna de admiración. Esto puede ser debido a una personalidad tan aguda y sofisticada generando cierto temple en la presencia de ellas en sus movimientos  y palabras. Cada “mujer reina” es complacida por el hombre debido a su encanto y deseo de conquistarla. El hombre al buscar la aprobación y aceptación de este grupo busca llamar su atención siendo ingenioso o por medio de regalos con el fin de conquistarla. La reina sabe que su encanto es también debido a mostrarse distante, desinteresada, generosa con actitudes pero nunca de manera completa, ya que perdería su poder. El poder de ella, ejerce en la idealización de verla como algo lejano e independiente. Fuerte, pero también delicada, como una figura de Helena con sus cabellos emanando su propio aroma, donde las verdaderas perlas de su corona vendrían a ser su preciado cerebro ingenioso, buscando ser complacido. Ella también sabe que su vestido debe insinuar y no mostrar, porque como es sabido: el erotismo es fuerte con la imaginación que con lo concreto.

   El verdadero talento de las reinas reside en la apariencia. Puesto los hombres buscan llevarla como un trofeo o presumirla frente a sus amigos (somos tan patéticos) pero para ello deben ser dignos. Podría ser que el punto débil de las reinas es su fragilidad: uno las idealiza como un ser seguro de sí, pero son más vulnerables de la formación de su ideal. Detrás de la máscara dorada en cada una de ellas, se esconde un ser sensible cubriendo su inseguridad y buscando adeptos a su belleza para reafirmar sus inseguridades. La reina busca diferenciarse del resto de las mujeres construyendo su propio trono mediante actos, carácter e inteligencia. Cada uno de ellos oscila el péndulo de la seguridad y la incitación, nunca nada concreto, porque perdería la gracia y su trono.

   El segundo grupo de mi clasificación son las señoras. Sobre-protectoras casi por naturaleza buscan dar amor. No me refiero al sexo, sino al amor más tierno y puro posible: el de la madre. Se caracterizan por ser generosas (o aparentar serlo) siendo ubicadas y conservadoras en su comportamiento. También están en la búsqueda de las personas que las necesiten o de los desafortunados. Las señoras buscan espejos en los otros para reflejar la bondad de sí mismas. Muchas veces eligen al hombre débil porque les atrae su ternura y ven en ellos algo especial para formar una familia. Son complacientes y buscan la aprobación pero también el respeto, la cortesía y el afecto. Este tipo de mujer, explota la sencillez, la observación y la confianza en búsqueda de su objetivo: la procreación humana. ¿Por qué causa hace esto? Tal vez por el hecho que le encanta la comodidad y la estabilidad, no le atrae mucho el riesgo ni experimentar cosas ajenas a su pensamiento. Lo raro, le parece ajeno y busca esquivarlo por miedo a perder su reconocimiento de ser una señora o una dama. De cierta manera, también son hipócritas. A veces reprimen las cosas que las avergüenzan y si hicieron algo indebido a su condición de “señora” hacen hasta lo imposible para ocultarlo por miedo a ser juzgadas. Ellas prefieren elegir a alguien que les retribuya su amor, por eso se preocupan por la apariencia y sobretodo son detallistas de complacer a su esposo, cuidar a los chicos, limpiar la casa, trabajar pero no desatender sus “obligaciones maritales” etc.

   Las mujeres diosas, son musas: con su belleza o temple son inspiradoras de obras artísticas. Las diosas en realidad son una idealización propia del artista brillando en su mente por los pensamientos producidos. Son como magnificas obras de arte de la naturaleza, son lo positivo, lo eterno, lo permanente, lo bello. Las diosas como tales buscan ser complacidas y adoradas. Durante el tiempo que lleva conocer sus defectos, producen un gran desgaste en su conquista. Pero también, se debe reconocer que sin las mujeres diosas, no existirían los genios…Paradójicamente, el secreto de su arte esta en lo que transmiten y no en ellas mismas. Es por ello, que son las verdaderas madres del arte. Y muchas de ellas, tienen su espíritu creativo de crear obras y destacarse por ello. En potencia muchas son artistas, en acto musas.

   Por último llegamos a las rameras. Culturalmente ha habido grandes cambios llevando a dejar de lado muchas represiones “normalizando” situaciones que antes sucedían pero eran vistas con prejuicio  o mínimamente no eran divulgadas. En muchos casos, este tipo de mujeres en algún momento de su vida sufrieron de manera tal, que buscan aceptación por medio del sexo. Experimentan de manera y formas diferentes. Las rameras, son clasificadas por el machismo como “mujeres fáciles” y no buscan una relación seria por muchas razones: o porque las lastimaron y les cuesta confiar, por conservar su libertad, por su entorno social, por ver alejada la idea de tener un compañero fijo. La mayoría de ellas después de relaciones ocasionales, siguiendo nuestro ideal, quizá se siente mal consigo mismas porque  se encuentran solas pensando que el único interés por parte del hombre es por medio  del sexo, y éste no las llena completamente.

   En la cultura dominante (la machista, obviamente) una “mujer ramera” es útil pero solamente para pasar el tiempo. Uno no busca casarse con la ramera, ella solamente es una vagina, una buena boca, un par de piernas o senos prominentes. Nada más que eso… a la ramera, se le quita su identidad al cosificarla… Una ramera, es un hermoso fetiche que nos vuelve “más hombres”. Inclusive muchos afirman: “la mujer ramera buscó ese lugar y tiene que ser tratada como tal.” O “una prostituta tiene como mínimo dignidad” Una postura tal es fácilmente cuestionable, pero la incoherencia de sus emisores no! porque las rameras (o sea su clasificación como tal del mismo modo que los demás planteados anteriormente)  existen porque también hay clientes. Como estoy tan harto de hipocresías, creo que no hay peor clase de espécimen de ser humano que desprecia, acusa, juzga con su moralina a las mujeres “rameras” delante de sus amigos, hijos, esposa; presumiendo integridad, valores, fidelidad  y después va a buscar una de ellas. ¿Total, a quién le importa? ¿Quién se enteraría? Piensan. Y ahí los vemos a ellos: saludando a sus esposas antes de ir a trabajar diciéndoles “Te amo, mi amor.” y después acostándose con la amante. Ah… ¡Me olvidaba! Después todos los domingos a misa a confesarse con el buen párroco, (más adelante me ocuparé de ellos) o sino algunos se la pasan hablando con sus amigos idealistas “¡Oh, los malditos misóginos del sistema capitalista! ¡Viva la revolución!” Pero para ellos existen las rameras y  son una cosa que los avergüenza, sirven como un pasatiempo, nada más que eso. No lo dicen, lo niegan con todos sus argumentos y discursos vacíos, pero a mi no me interesan en lo mas mínimo los argumentos, me importan solamente las acciones.

   En definitiva y por lo planteado de modo ilustrativo con las mujeres clasificamos de forma arbitraria según nuestra necesidad/conveniencia a otros  seres humanos o a nosotros mismos, perdiendo cierto grado de contenido al dejarnos llevar por los presupuestos de las formas junto a las afecciones, aún más: el ideal muchas veces llega a suplantar la realidad…. Sin embargo el fenómeno a veces nos hace dar cuenta de su “grado de verdad subjetivo” cuando  nos impulsa a gastar tiempo y energía hasta llegar a verlo de cierta manera con nuestros ojos internos “más allá de la máscara”.

      Con el tiempo una representación profunda reemplazará  a otra débil: más no podemos hacer con lo nombrado.

[1] La Biblia, Génesis 4, versículo 16-17. ediciones Paulinas. España 1972.

[2] Ibíd., Vers. 17-20.

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