Otros sistemas solares en casa ajena

Pocas personas lo saben, pero, cuando dormimos en casa ajena, los planetas que giran en el cielo son otros. El desconocimiento general del fenómeno se debe a lo difícil que resulta lograr observarlo, a lo arbitrario de las condiciones para poder apreciarlo.

Seamos más específicos. Empezamos por la casa ajena porque es el quiebre con la rutina en el sueño más frecuente, pero podemos corregirnos y decir que, cuando dormimos en una situación extraordinaria, los planetas que giran sobre nuestra cabeza son otros. Esto, además, es mucho más adecuado -desde un punto de vista científico- que hablar de planetas en el cielo. Sobre todo porque esa nueva configuración astral se ordena sobre el cenit de quien descansa, que pasa a ser el centro de las orbitas seguidas por los cuerpos celestes allá arriba, a muchos kilómetros. Es más, el corresponsal que les escribe se atrevería a decir que también las galaxias y constelaciones son otras, pero eso es algo que la ciencia está lejos de corroborar.

Las formas y colores varían de vez en vez, por lo que es difícil cansarse de descubrir nuevas configuraciones. En cada ocasión extraordinaria, giran otros planetas. También varía su bailoteo, el pomposamente llamado Ballet Cósmico. Y aquí el punto controversial: a simple ojo, las órbitas parecen contradecir todos los cálculos y conclusiones de Kepler, Newton y la astronomía moderna.

Ahora bien, ¿cómo poder participar de semejante espectáculo? Porque hacer que giren es sencillo, basta buscar un sueño fuera de lo común. El problema es poder presenciarlo y, tal vez, interactuar, ya que la persona para quien se reconfigura el cosmos se encuentra en descanso. Revista Narco compartirá la experiencia de uno de sus miembros, que ha elegido preservar su identidad, con el fin de que los lectores puedan recrearla y darse un banquete visual sin la necesidad de experimentar durante años para lograr un procedimiento adecuado.

En primer lugar, y para facilitar las cosas, busque una casa amiga en la que haya un cuarto que no se utilice, pero tenga cama. Participe de la reunión, coma y beba, tal vez hasta pueda hacer algunas promesas. Cante, baile con el resto hasta que el cuerpo, ya satisfecho y pleno, le pida descanso. Para poder llevar a buen puerto la experiencia, es necesario un estado de felicidad sosegada.

Entonces debe dirigirse al dormitorio en desuso. La habitación debe dar a la calle y estar en un primer piso para que los neones queden a la altura de la ventana. Cierre la persiana, pero déjela con cierta tensión, tanta como sea necesaria para que sus orificios queden abiertos y se filtre la luz en forma de puntos, manchando la pared, el armario. Otro factor importante es que la cama debe ser el sitio que utilizan sus amigos para amontonar la ropa que aún no fue planchada. Usted deberá acostarse sobre las prendas con aroma limpio, olor a jabón y suavizante, sin preocuparse mucho de que la situación sea desprolija. Si hubiese querido dormir con etiqueta, bajo las sábanas y en una superficie regular, se hubiera quedado en su casa. Mientras se duerme, deberá observar el efecto bola de boliche que las salpicaduras de luz dejan sobre las paredes. Todo es mucho más efectivo si comparte el montón de ropa fresca con otro cuerpo, preferentemente desnudo, que duerme de lado. Así, su contorno imitará el relieve de una cordillera que, combinada con la bola de espejos, nos entregará un paisaje astral, una noche indefinida en la que resaltarán las estrellas.

Deberá meditar y prepararse varios meses antes, entrenar para controlar su sueño y no dejar tantos factores librados a la fortuna, ya que el siguiente paso es despertar justo en el momento en que sueñe con los astros. Entonces, cuando abra los ojos, mire hacia el techo y allí estarán. A cuarenta centímetros de su nariz girarán los planetas. Del tamaño de una naranja a lo sumo, réplicas exactas de los que en ese momento deambulan por el cielo. Podrá ver ese nuevo cosmos dentro de la habitación, con el espacio exterior de fondo, justo sobre su cuerpo satisfecho. Participará de la historia de la ciencia y, tal vez por la acción gravitatoria de los nuevos astros, se reacomoden para mejor los usuales.

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