Generacion hashtag. Parte 1: El cambio conservador

“La incapacidad de diferenciacion es prueba

de la rudeza del pensamiento”

T. Adorno.

No se dirá aquí una novedad si decimos que vivimos épocas de ebulliciones varias. Todo aquello por lo que generaciones y generaciones de luchadores sociales han pregonado parece cumplirse finalmente: masas empoderadas, estructuras de dominación puestas en evidencia, cambios en las significaciones colectivas, etc. El panorama de cambio parece irreversible. Desde el Occupy Wall Street, hasta la indignación que recorrió Europa, pasando por marchas y manifestaciones en toda Latinoamérica en contra o a favor de causas que ponen en evidencia el claro agotamiento de un paradigma de dominación a escala occidental que es difícil de negar. Horizonte auspicioso para el ansiado cambio. Ahora bien, cabe preguntarnos un sin fin de cuestiones en torno a esta dispersa pero constante marea de movilizaciones a nivel mundial. ¿Cambia algo movilizarse por el cambio?

1 – ¿Cual es la naturaleza de las convocatorias?

Generalmente las convocatorias se realizan mediante redes sociales. Esto deja a entrever otra crisis, de las mas rimbombantes de nuestra época: la representatividad de los partidos políticos tradicionales ha mermado considerablemente, llevando a estos a correr detrás de las ultimas tendencias difundidas en dichas redes, la mayoría de las veces para adherir de manera automática a las mismas, sean del espacio político que sea. Esto sucede pues la invitación a movilizarse (el just do it) se hace dentro del marco de proclamas generalísimas. En la era de Twitter, lo importante es que el hashtag sea lo mas reproducible posible. El llamado a la acción, dimensión fundamental del ser de los humanos, se hace desde una despersonalizacion que debería incluirnos a todos, pues los problemas que se denuncian comparten las mismas características. El individuo moderno, cáscara vaciada por la ideología dominante, siente ante esto una completud tan espontanea como diáfana. Y se pone en marcha, y se moviliza, y acciona, y pide un cambio. Cada búsqueda de un cambio nos ofrece, velada pero constantemente, un abanico de identidades que permiten suturar las heridas de la identidad de occidente. El sujeto moderno es un enorme monstruo que pide identidad a gritos. Y cada nueva convocatoria no solo ofrece dentro de su # un modo de evidenciar las falencias de la cultura occidental sino que, ademas, nos proporciona un remanso identitario.  Lo cual es altamente positivo. ¿Cual seria, entonces, el problema? Como bien nos destaca Zygmunt Bauman, la modernidad actual tiene como principal valor el ofrecer como necesaria un modelo flexible, versátil y fácilmente intercambiable de identidades. Como una metáfora del mercado global, el sujeto se observa en cada # como ante una identidad. Pero esta no es fija. Con lo cual, el real compromiso político de la movilización liquida moderna se realiza solo a condición de que la novedad mercantilizada no cambie hacia una nueva tendencia, depende siempre de la diafana realidad del trending topicLas convocatorias, por tanto, al reproducir la lógica originaria de la dominación capitalista, adolecen de la constancia necesaria para motorizar un real cambio, se asumen acritícamente, sin análisis previos ni mayor informacion que la espontaneidad de la adherencia. Siguiendo al sociólogo, el sujeto moderno CONSUME identidades.

NiUnaMenos

2 – ¿Cual seria la finalidad de las movilizaciones?

Claramente la respuesta es obvia: motorizar determinados cambios. La gran parte de estas nuevas manifestaciones logran la recuperación del espacio publico, otrora negado por la avanzada neoliberal a nivel global. En este sentido, pareciera que finalmente se quiebra la privatización de lo común y se toma el ágora en pos del fin ultimo de todos los fines: el cambio. Ahora bien, suele ser un ejercicio de sana reflexión el dudar de lo obvio. ¿Realmente se recupera el espacio publico? ¿Se opera contra la dominación en marchas cuya pacificidad es asegurada por cordones policiales? ¿Cual seria el cambio que todos buscamos?

No es el objetivo de este análisis despotricar en contra de las manifestaciones. Si sostenemos el paradigma de la democracia actual, con sus bemoles, cada espacio de notoriedad de problemáticas que atraviesan a nuestras sociedad y que quitan del anonimato a las mismas es y debe ser garantizado y fomentado. Tampoco se pretende dudar de las buenas intenciones (¿que vendría a ser esto?) de los manifestantes, entre los cuales suele estar quien suscribe. Si nos inquieta comprender si somos nosotros realmente los que actuamos o mas bien es nuestra increíble hambre de identificación lo que nos hace mas permeables al activismo viral. ¿Son las proclamas contemporáneas hiatos identitarios o sera mas bien que nosotros, ávidos de identidades, las viciamos con nuestros padeceres ontologicos?

Peter Sloterdijk suele decir que uno de los pocos espacios significantes que no fue acaparado por la primacía de la propiedad es el de las ideas; pero si son privadas las operaciones psicológicas que realizamos desde y a través de ellas. No obstante, si opera el mecanismo anterior de proyección de nuestra falta en la completud de las problemáticas sociales, mucho me temo que la privatización, por paradójico que suene, también ha tomado el espacio publico. Y esto sucede no porque la movilización social se haya retraído, todo lo contrario: cuanto mas nos movilizamos mas privado se vuelve el reclamo, mas se repite la consigna, mas mercantilismo opera en su banalización. El caso testigo de mi punto se hace eco de escenas en marchas donde venden remeras, vinchas y todo el merchandising imaginable sobre el punto del reclamo. La ideología dominante, la liquidez de esta modernidad capitalista, ha solucionado un problema que solía trasnochar a los primeros dominadores de este sistema: El capitalismo actual ha conseguido banalizar el motor de todos los cambios, es decir, ha mercantilizado también la movilización social. En el colmo de la hipocresía, hasta llega a patrocinarlas mediante infinidad de marcas que han visto en este sujeto moderno, con su identidad esquizoide atravesada por las TICs y los # un nuevo nicho de consumo.

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Pareciera como si todo lo que importase en materia política seria imponer sentidos comunes. ¿Donde radica, entonces, el problema si, como se sabe, la lucha por la hegemonía en este no-lugar es lo que fundamenta la democracia? ¿Es malo movilizarse en pos de la visibilizacion de una problemática? Ciertamente no. La única forma de intentar cambiar determinados aspectos del status quo que tenemos los seres humanos es accionando, y este movimiento es siempre social. Preocupa a quien redacta estas lineas como, de a poco, el capitalismo se va apoderando de esta esfera de nuestra existencia que nos abre la posibilidad de creación. Estamos perdiendo originalidad como masaPareciera que todos tenemos noción de que las cosas así no pueden seguir siendo, que el sistema social preponderante ya agoto su posibilidad y, sin embargo, no tenemos la capacidad de hacer que este limite se convierta en el motor de significancias que “llene” de sentido al cada vez mas vacío término cambio.

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