El oscuro reflejo de los inconfeso: “¿Evasión o barbarie?” (Cuarta parte)

Si esta necesidad de evasión comporta en si misma un “mal de la época”, ¿Cómo es posible que el hitlerismo triunfará con su exhortación a aceptar el encadenamiento mas originario y la determinabilidad absoluta de la herencia? ¿Qué cuestiona el hitlerismo? ¿La civilización occidental o mas bien la humanidad del hombre? Nos centraremos primero en la segunda pregunta.

E. Levinas - retrato

Ciertamente el Liberalismo, que en pleno auge de la guerra contra Hitler se auto presentaba como residiendo en las antípodas del nazismo, consiste también en un modo de encadenamiento originario. ¿De otro modo como se entendería la tajante afirmación de Alan Badiou acerca del desentendimiento de las “democracias” liberales para con el exterminio perpetrado por el nazismo? “Civilización o Barbarie”, “Democracia o Totalitarismo” no son mas que dos formas de designar un mismo fenómeno esencial de adherencia al Ser. Aquí Levinas es claro: si el hitlerismo conlleva la adherencia al cuerpo como originaria esencia, el liberalismo se entrega al Concepto. En consonancia con contemporáneas afirmaciones emanadas de la exilada Escuela de Francfort, en sentido connotado pero no por ello menos relevador Levinas nos demuestra que el ideario liberal también comporta un tipo de violencia hacia lo otro que no por ser formal deja de ser totalitaria. Ante la Razón de occidente, todo cuanto trascienda la subjetividad auto constituida de la conciencia debe, casi necesariamente, ser objeto. Al igual que las hordas hitleristas, la conciencia del sujeto moderno no tolera la otredad; ante su impulso mimético, lo otro o se asimila o muere. No es mi intención aquí hacer un derrotero genealógico de esta stimmung de la Razón de occidente, baste con decir que, en mayor o menor medida, con diferencias mas o menos importantes, el modo que occidente tiene de concebir la realidad recae en las necesidades lógicas que impone la no trascendencia ontológica de la primacía del Ser. Muchos siglos atrás, el magistral Aristóteles postulo el principio de tercero excluido, algo es o no es, y de ello no hay retorno. En tal sentido, la mayor concesión que puede hacerse dentro de esta lógica la realizo Husserl, que con mucho esfuerzo logro permitir que lo otro sea un “alterego”  de la conciencia intencional, mi correlato, diferente pero parecido. Como implicancias de estas afirmaciones, occidente también comporta una lógica dominante de concebir la ipseidad. Bajo el hitlerismo, la autoafirmación del ideal germánico imponía la necesidad de “expandir el espacio vital” dándole hegemónica preponderancia a la propia experiencia existencial, por ello en los campos se procedía sistemáticamente en la despersonalización de todos sus desgraciados habitantes. Cercana familiaridad con contemporáneas divisiones que pone un “centro” ilustrado sobre la periferia. La otredad europea padeció el nazismo, aquí, en América, hace ya cinco siglos los habitantes originarios padecen el totalitarismo conceptual de la razón europea. Claramente estos dos idearios no son la misma cosa, el hitlerismo sostiene el abandono de la libertad mientras el liberalismo suele versar en torno a la lucha por esta, como dijimos en otra parte, son dos formas de entender el encadenamiento originario, el nazismo se adhiere placidamente al cuerpo y la herencia, el liberalismo huye hacia la seguridad del Concepto. En ambos casos, los puntos de partidas poseen una escalofriante similitud, la lógica hegemónica y totalizadora del tercero excluido, peligrando siempre no tal o cual civilización sino más bien la verdadera humanidad del hombre.

GUETO 2

Resta aquí, para finalizar, ensayar una respuesta a nuestro primer interrogante. Como ya hemos dicho, “el hitlerismo (…) no es malestar; bajo el hitlerismo la mayoría del pueblo estaba cómodo, se sentía “a gusto”, el hitlerismo le caía bien”[1] aun cuando su experiencia fundamental consistía en la ya dicha aceptación del encadenamiento a la corporeidad como expresión de la mas intima pertenencia sanguínea y en la adherencia a la determinabilidad de la herencia en detrimento de la libertad.  ¿Por qué no se manifestó la necesidad de evasión que Levinas describe ante esta atadura al Ser “más propio”? Una posible respuesta tal vez reside en el hecho de que el hitlerismo no concebía bajo ningún aspecto la posibilidad de eludir el “llamado de la sangre y la herencia”, mas bien se aceptaba la despótica brutalidad del hecho de tener que ser. El hitlerismo se experimentaba como un retorno “a si” a partir de la aceptación de la inscripción al cuerpo; si la absoluta pertenencia a lo originario genera, según Levinas, una desesperada necesidad de evadirse, con el nazismo esta necesidad esta suprimida, lo irremisible de tener que ser se acepta como la realidad mas propia. Por paradójico que resulte desde la perspectiva de nuestro autor, en cierta medida, el hitlerismo afirma que la esencia del hombre esta en el hecho de estar encadenado a su Ser. La evasión, fruto de esta sofocante experiencia, no se manifiesta por el simple hecho de que se procede a la negación de la libertad, aceptando de buena gana la tiranía del Ser en el cuerpo y la herencia. El hombre se funde en el Ser y acepta la disolución de su mismidad en pos de una identidad de masas, en la segura fraternidad del nosotros; es en tal sentido que Levinas afirma que es “un mal elemental”, pues reduce la existencia del hombre a los más profundos lazos biológicos y territoriales.

[1] Abensour, M. “El Mal Elemental”. En: “Algunas reflexiones…”. FCE. Buenos Aires. 2002. Pág. 85

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s