Lindsey Stirling

Lindsey-Stirling

Ventaja: una demostración de que la industria cultural norteamericana puede reinvertarse desde un cambio de sonido aprovechable. Lindsey Stirling, la colorada californiana de 28 años conocida por “independizarse” del star system televisivo al perder en el concurso “America’s Got Talent”, no pretende hacer un revival sinfónico de música clásica, aunque sí destaca su defensa de la técnica entremezclada con un espectáculo visual de exportación. Sin embargo, las coreografías y las “toccatas” en movimiento resultan poco importantes ante la evidente hibridez de su sonido. Stirling utiliza su violín eléctrico como una extensión del ritmo y el vértigo posmoderno de la música electrónica como espíritu (breve) de época. Una marca que quizás demore un tiempo más para entrar en sintonía con el consumidor tradicionalizado.

Crítica: oscilando entre homenajes a la cultura gamer (covers extraídos de la saga Assassin’s Creed, Legend of Zelda o Skyrim), vestimentas temáticas variopintas y algunos temas propios surgidos del fenómeno transmediático, su sonido hibrida lo electrónico con toques neoclásicos, celtas y medievales, lo que le otorga el beneficio de lo excepcional (como opuesto al ideal conservador de normalidad). En su rareza radica la tensión entre cómo se cree que debe ser un sonido (como si ya no hubiese más nada después de la música clásica tal como se la conoce) y cómo este también se convierte en posibilidad y busca desocultar estas nuevas marcas epocales, en complicidad con el mercado y los diferentes soportes de producción y difusión masiva, tal como puede verse en la moraleja final de Master of tides.

Sin obviar lo cultural: Lindsey Stirling es, como figura y producto cultural, un segmento de espíritu posmoderno o hipermoderno. Coquetea con el pastiche, como parodia de la propia visión tradicional del deber ser imaginario de la música clásica, y con referencias visuales a videojuegos o a clips musicales del pasado (ver Moon Trance como guiño a Thriller de Michael Jackson o Trascendence, con imágenes que hasta parecen recicladas de Hole in my Soul de Aerosmith), lo que hace que su lectura y traducción cultural, bajo sus condiciones de emergencia y producción, cuente con una interesante propiedad versátil, escurridiza, líquida, trabajada a medida de los nuevos consumidores.

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