El oscuro reflejo de lo inconfeso: “¿Como es posible?” (Tercera Parte)

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“¿Cómo es posible?”. Mucha de la intelectualidad liberal occidental se formulo esa pregunta para sus atribulados adentros, la sombra de la barbarie nacía de ese propio interior, como algo inexplicable, sobrio y total, propio y negado. Levinas, sin embargo, dirige esta interrogación a Heidegger, no solo como estupefacción ante su esporadica pero resonante adhesión al nazismo desde el rectorado de Friburgo, sino también como representante último del pensamiento de occidente. Utilizando a su maestro, Levinas nos va a demostrar como el nazismo es uno de los tantos productos posibles de la persistencia en el pensamiento del ser, que desvelo a toda la cultura occidental durante siglos y siglos.

Sin realizar lecturas demasiado tendenciosas, lo cierto es que muchos aspectos de  “El ser y el Tiempo” pueden deconstruirse y estallar en inquietantes similitudes con las características fundamentales del nazismo que nos detalla Levinas. Efectivamente, se nos afirma que la persistencia en el Ser, que el filosofo alemán entendiera como un privilegio del Dasein, es un acto que comporta una profunda inhumanidad. Es por ello que Levinas analiza el hitlerismo entendiendolo como una Stimmung, una disposición afectiva, un modo de vivenciar la existencia del hombre. Vemos asi como lo no dicho, lo inconfeso, cobra perturbadora familiaridad.

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El lituano destaca el estado particular de la sociedad alemana de posguerra, caracterizándola como huérfana de todo contacto consigo misma, aceptando ideales impuestos con la comodidad de no arribar nunca a una comprensión última de tales, pese a su fácil aprehensión. Siendo así, en los tiempos previos al nazismo, la sociedad alemana se hallaba inmersa en un lenguaje de fácil difusión, hinchado de repetidas formulas de simple asumir, que no exigían grandes comprensiones. Un espacio identico en su desarrollo al “mundo de las habladurías” al que se refiere Heidegger al describir el mundo del “Uno”, lugar donde el “ser ahí” se mantiene dentro como un “ser en el mundo” cortado de las primarias, originales y genuinas relaciones del “ser relativamente al mundo”, al “ser ahí con”, al “ser en” mismo”[2]. Conservando esta disposición afectiva es que Levinas describe la particular recepción del pueblo alemán al ideal del hombre germánico pues, en resumidas cuentas, el hitlerismo ofrece en su exaltación del cuerpo una contrapartida al lenguaje impersonal del ideal de libertad clasico del liberalismo, dispensando así la adherencia al cuerpo como posibilidad originaria que debe asumir la sociedad germánica como “la mas propia” y originaria relación con su Ser. Asumiendo esta posibilidad que se presentifica en la corporeidad originaria, el hombre se encadena y rechaza la posibilidad de escaparse de su Si, adoptando la seriedad de tal condición en tanto cuidado de su “ser ahí”. Es por ello que, Levinas sostiene que el hitlerismo actúa como interprete del “oscuro llamado de la sangre” que se pierde en las habladurías de la Republica de Weimar, en tanto esta evocación originaria tiene cierta familiaridad con la “voz de la conciencia” que podría escuchar el Dasein cuando se acallara el ruido de las habladurías del mundo.

Lo que terminara por demostrar Levinas es como esta disposición afectiva del encadenamiento, del hombre aceptando el “estar clavado” en su ser originario, que comporta en si misma una experiencia profundamente inhumana, es un movimiento propio de la perseverancia en el ser que entraña a toda la ontología occidental europea. Para ello, es preciso explicitar dentro de que parámetros este filósofo afirma que esta perseverancia en el ser, que aquí se acopla al hitlerismo pero se extiende a toda la tradición filosófica occidental, es lo primero que hay que abandonar si no se quiere que fenómenos como el nazismo vuelvan a repetirse. ¿Realmente puede repetirse tal barbarie civilizada? Al principio de su genial texto “De la Evasión”, nos topamos con una descripción del espíritu burgués que echara un poco de luz: en tanto que elude la cuestión del ser como algo dado e indubitable, convirtiendo la desgarradora necesidad de evasión que deviene de tal inconfeso sofocamiento en un “mal de la época”[1], la realidad burguesa se estructura en torno de esta necesidad existencial. Efectivamente, este filósofo entiende el rotundo hecho de la existencia, el hecho de que “hay que ser”, el horrible peso de lo inevitable, no como un factum que hay que asumir, sino mas bien como un sofocante horror que exige la necesidad de evasión; occidente lleva en lo profundo de su espíritu tamaña necesidad, se impone una huida, no solo por el salir mismo, sino hacia algún lugar, lugar que bien puede ocupar la corporalidad hitlerista o la moderna industria cultural. El modo en que esto ultimo se despliega, es decir, como esta necesidad de evasión es usufructuada por todo tipo de totalitarismos existenciales lo veremos en la próxima entrega.

[1] Levinas, E. “De la Evasión”. Madrid. Arena Libros. 1999. Pág. 78

[2] Heidegger, Martín. “EL Ser y el Tiempo” (2ª ed.) Buenos Aires. FCE. 2009. Pág. 189

Links a las primeras dos entregas:
Parte 1
Parte 2

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