Hacer puro, puro hacer (déjà vu)

1. No encuentro la cita, pero creo que fue Fogwill quien alguna vez dijo que Rafa Nadal es invencible porque carece de pensamiento abstracto. En efecto, si uno ve cómo el mallorquín corre y devuelve todo lo que se le tira, pareciera que no tiene tiempo para pensar y que son sus músculos los que deciden y actúan por él. A un estímulo le sigue una respuesta: tan sencillo como eso.

2. En algunos futbolistas se percibe algo parecido. Por ejemplo, jugadores como Pablo Ledesma parecieran autómatas: cuando termina una jugada, se dan vuelta y corren para cualquier lado. Para acá, para allá. No importa si lo que hicieron fue magistral (poco probable) o desastroso, corren porque es lo que se espera de ellos. Están programados para cumplir una función, sin importar cuál sea.

Platini en la final de la Intercontinental contra Argentinos Juniors, 1985.
Platini en la final de la Intercontinental contra Argentinos Juniors, 1985.

3. Dicen que una gallina decapitada puede correr durante unos treinta segundos porque sus músculos siguen cargados de adrenalina. El sistema nervioso es un flipper que sigue funcionando un rato después de desenchufado. (Por supuesto que ni la gallina ni -mucho menos- Ledesma tienen la efectividad de Nadal. Ahí muere cualquier comparación). El hámster que corre en la ruedita no quiere llegar a ningún lado. Está podrido de su jaulita, su comidita y su vidita de mierda. Pero tiene pilas y tiene que gastarlas. Se cansa para poder descansar en paz.

4. Todo esto hace pensar en el hacer puro. El hacer sin sentido, el hacer por el hacer mismo. El puro hacer.

5. Algo de eso se experimenta en espectáculos como el de Fuerza Bruta. Los vi en el CC Recoleta hace un tiempo. ¿De qué se trata? El nombre es bastante explícito: fuerza bruta. Gente muy atlética haciendo demostraciones de acrobacia, colgados de arneses, corriendo sobre cintas giratorias, tirándose sobre una plancha transparente llena de agua que emula una pileta centímetros por encima de tu cabeza. Todo ello acompañado de un juego de luces y música al palo, constantemente. Hasta del espectador se espera que corra, se agite y se moje un poco. El que va a en busca de una narración clásica se irá defraudado porque la historia importa menos que la “performance”. El espectáculo (¿todavía se usa la palabra “postmoderno”?) constituye una explosión de energía sin forma, sin relato. Y es entendible que así sea, porque -como dice García- “la vanguardia es así”.

6. Personalmente, me pareció bastante flojo. Sin embargo, si uno concurre a este tipo de espectáculos con cierto espíritu antropológico, tal vez encuentre alguna clave sobre nuestro tiempo. Algo me decía “esto ya lo vi en algún otro lado”. Déjà vu. Se me ocurren dos paralelismos.

7. En primer lugar, encuentro algún paralelismo en esa invitación que recibimos constantemente a participar. No importa de qué, hay que participar. Hay que poner Me gusta y compartir, estar en contra o a favor de X, firmar una solicitada por Y, indignarse por Z. Hay que. Siempre “hay que”.

8. Un segundo paralelismo lo encuentro en el running, ese impulso por correr que congrega cada vez a más gente. Hace un tiempo Juan Pablo Varsky bardeó a los #runners. Como toda bardeada, fue un poco al pedo (es una cuestión de género discursivo). Sin embargo, creo que en su comentario subyacen dos cuestiones que comparto: por un lado, esa sensación de que al correr le falta algo; por el otro, la idea de que la masificación del running lo convierte necesariamente en un fenómeno socialmente relevante.

9. Claro que no tiene nada de malo participar ni salir a correr. Simplemente creo que son esas experiencias menores las que tenemos que esforzarnos por comprender, para así comprender mejor nuestro tiempo. El hacer puro es la experiencia de una falta, la respuesta a un estímulo que tenemos que descifrar. Richard Sennett viene insistiendo en que uno de los principales problemas de la actualidad es que nuestras prácticas nos resultan ininteligibles (por eso, por ejemplo, reivindica la figura del artesano). En el capitalismo post-industrial del mundo desarrollado, cada vez más gente tiene problemas para responder a la pregunta “¿de qué trabajás?”. Nuestra propia praxis se nos presenta como una incógnita.

10. No podemos poner el piloto automático y delegar todo en el sistema nervioso. Tenemos que comprender la praxis cotidiana, actuar imprimiéndole sentido a todo lo que hacemos. De lo contrario, nos estaríamos convirtiendo en una gallina decapitada que corre en la ruedita del hámster. A veces hay que hacer como Platini en aquél histórico partido contra Argentinos Juniors: poner en suspenso el contexto, interrumpir el flujo del tiempo y el espacio. Al menos por un instante, y aunque sea la final del mundo.

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