Linchamientos

1. Charcas y Coronel Díaz, pleno Palermo. Al parecer un pibe con pinta de 16 o 17 años había robado una cartera. Vecinos de la cuadra lo agarraron, pero no llamaron a la policía, sino que decidieron lincharlo entre todos. Patadas en la cara hasta dejarlo inconsciente, desfigurado. El relato, estremecedor, lo hizo Diego Grillo Trubba y pueden leerlo acá.

2. Hace unos días, en Rosario, decenas de personas (unas 50 según Infojus) lincharon a otro pibe. Tras cuatro días de agonía, su cuerpo no aguantó las secuelas mortales de los golpes. A ver: David Moreira tenía 18 años, y está muerto. Un grupo de “vecinos” -así los presenta la prensa-, acusándolo de haber participado de un robo, lo atraparon y empezaron a pegarle entre todos.

David Moreira (18)
David Moreira (18)

3. Si a alguien todavía no le quedó claro, se lo decimos: eso no fue justicia, no fue “hartazgo”. Fue un homicidio.

4. Si el robo ocurrió o no, si él estaba ahí para robar o no, es algo sin importancia. A David Moreira lo sentenciaron sin juzgarlo, sin pasar por “el debido proceso”, y le aplicaron una pena que en la República Argentina no existe: la pena capital. Lo ejecutaron a patadas, patadas de odio, y mientras lo convertían en cadáver se ocuparon de llenarlo de saliva envenenada.

DM

5. No hace falta ser un gran humanista para saber que la vida vale más que la propiedad privada. Y me rompe las pelotas tener que entrar en los porqués, porque no hay nada que argumentar. Zizek escribió en algún lado que “un indicio de progreso ético es el hecho de que la tortura se rechaza como algo repulsivo sin necesidad alguna de argumentación”. Y tiene razón: la pelea está perdida de antemano si tenemos que explicar por qué está mal matar a una persona, sea un “chorrito” o no.

6. Son todos unos forros. Los linchadores, los que dicen que está bien matar a un “chorrito”, los que no se animan a decirlo pero lo piensan, los que dicen “está mal pero…”, los periodistas que hablan del “hartazgo” de “la gente”, los analistas que lo relacionan con el “humor social”. También son unos forros los que dicen que esto estuvo alimentado por el discurso nefasto del pelotudo de Massa, los que piensan que es algo orquestado en contra del Gobierno, los que culpan a los medios. Todos unos forros. Y unos hijos de puta. Y los que descubren recién ahora que hay gente que pide sangre, que “nuestros vecinos” piden sangre, son unos forros o unos boludos.

7. Este caldo se viene cocinando hace mucho. Como dijo alguna vez Engels, pareciera que estamos frente a un acontecimiento que sorprendió a todo el mundo como un rayo caído de un cielo sereno. Y los que no lo ven venir es porque están mirando otro partido. Mientras sigamos pensando que Buenos Aires tiene un espíritu progre, y que los pibes que van a la UBA simpatizan con la izquierda, no vamos a entender nada. Decir que estos linchamientos expresan “un odio de clase” es también equivocado. ¿Sólo “la clase media” está dispuesta a matar a un “chorrito”? No. Es algo más grande y más profundo.

8. En estos días alguien -no recuerdo quién- posteó en Facebook una petición virtual (la mentira de moda) para pedirle al intendente de San Miguel que el municipio deje de sacrificar perros. Me sonaba inverosímil aquello que se repudiaba, por eso entré al link. Lo que encontré fue un espanto, el ABC del pensamiento reaccionario. Elijo sin mucho esfuerzo y cito textualmente algunos comentarios de las personas que firmaron la petición (el segundo que cito fue, además, “el más popular”):

– Porque no limpian a todos los chorros que hay dando vuelta?? Basta de maltrato animal, son inofensivos y no le hacen daño a nadie.
– Porque es vida Y los animales son amor puro No matamos a los violadores asesinos etc. Entonces porque matar seres que lo ?nico que dan es amor
– Porque “Estos”, no se como calificarlos, son seres de alma negra y no tiene la capacidad necesaria para pensar y entender que los perros son el ser más fiel
– maten a los que estan en las carceles y delen ospedaje alos animales me cago en los derechos humanos

Foto compartida por Diego Grillo Trubba
Foto compartida por Diego Grillo Trubba

9. Con lo cual, uno se ve inclinado a pensar que estas expresiones de odio constituyen un fenómeno que se da en dos tiempos. Uno de largo alcance, marcado por décadas de bastonazos, represión y tortura. Nos metieron el autoritarismo hasta el fondo del orto y cuando cagamos se nota, inevitablemente. Otro, el del día a día, en el que dejamos pasar los comentarios xenófobos y racistas que escuchamos, como si formaran parte natural de nuestro paisaje social.

10. En otras palabras. El linchamiento es un yuyo que tiene raíces de larga data. Pero crece y se alimenta en el día a día, en el terreno de la micro-política cotidiana: en los diálogos de pasillo, en el trabajo, en la calle, en las bestialidades que postean tus compañeritas de primaria, en conversaciones aparentemente inocentes donde de repente alguien dice -como si fuera verdad indudable- una barbaridad inaceptable.

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