Breaking Bad: ahora tiro yo, porque me toca

1. Walter White es un perdedor en una sociedad que no tolera a los perdedores. Es un químico brillante que a diferencia de sus compañeros de estudio no ha triunfado. Pasa sus días dando clases a estudiantes desmotivados y hace changas en un lavadero de autos para pagar las cuentas.

2. Su mujer está embarazada de un bebé que no buscaron. Su hijo, Walter Junior, nació con parálisis cerebral, lo cual le genera dificultades motrices y expresivas. Tienen una hipoteca que promete dejarlos en la calle. ¿Algo más? Sí, papá Walter está jodido: cáncer de pulmón. Avanzado. Inoperable. Terminal.

3. Visto así, el problema de Walter parece ser cómo sobrevivir en una sociedad hostil y competitiva, que amenaza con hundir en deudas a su familia antes de matarlo. Breaking Bad habla de su época porque en tiempos de puja por el ObamaCare y en medio del reviente de la burbuja inmobiliaria, la serie es protagonizada por un tipo enfermo e hipotecado hasta las bolas.

4. No es un dato menor el hecho de que el actor que interpreta a WW es el mismo que hiciera del papá de Malcom en Malcom In The Middle. ¿Se acuerdan del tipo con cara de nabo, torpe y payasesco? Si se acuerdan, seguramente lo reconocerán en los primeros capítulos, antes de “la transformación”.

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5. Porque Walter se convierte en Heisenberg, dando comienzo a un genial juego de máscaras. Esto lo ubica en una tradición norteamericana de tipos que cambian su identidad para triunfar, como Don Draper, Bob Dylan o el director Skinner. La diferencia es que estos tres utilizan sus falsas identidades en la vida pública, mientras que Heisenberg es el nombre bajo el cual Walter es conocido en la clandestinidad, donde cocina la droga más pura que se haya producido jamás.

6. La ciencia tiene esa cualidad de volver poderoso al hombre más débil. El mismísimo Stephen Hawking tiene un libro en el que repasa los grandes aportes de Copérnico, Galileo, Kepler, Newton y Einstein, y el libro se titula -inequívocamente- A hombros de gigantes. Para Walter White, la Química (el conocimiento acumulado durante siglos) es el gigante que le permite ver más allá de sus limitaciones. Heisenberg, el nombre que adopta, es en buena medida su reverso: es seguro de sí e impiadoso, no duda en amenazar y/o matar si es necesario. Este alias le permite a WW tomar las riendas del asunto, aunque tal vez vaya demasiado lejos, desoyendo aquel consejo de Nietzsche en Más allá del bien y del mal: “quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo”.

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7. El gran cómplice de Walter es Jesse Pinkman, un pibe que supo ser alumno suyo. Jesse es un gangster de poca monta que de repente se encuentra con la posibilidad de jugar en las grandes ligas del narcotráfico. A lo largo de la serie mostrará ser capaz de grandes cagadas, pero también tendrá ideas y acciones que serán clave. Por momentos será el distribuidor, por momentos el socio de Walter, en un camino de “profesionalización” en el que la lealtad será puesta a prueba más de una vez. Puede decirse que Jesse es el personaje más humano, tal vez demasiado humano para este negocio. Y su “transformación” no implicará un cambio de identidad: lo que cambiará será su rostro.

8. Al principio, Walter toma la lanza por necesidad, no por voluntad. Pero cuando lo hace, el deseo se enciende y la conciencia deja de murmurar. Porque es injusto imponerle la moral al débil, al moribundo, porque es inútil pensar que un hombre pueda resignarse a esperar la muerte en una camilla. Pero sobre todas las cosas porque Walter descubre que está en sus manos (en su creatividad y en su conocimiento) la posibilidad de salvar a los suyos. Seguramente es ese rasgo vital, el de decir “ahora me toca a mí”, el que logra que el espectador se identifique con uno de los grandes personajes mixtos (héroe y villano) de los últimos tiempos.

9. Dicen que el crimen no paga, y es probable que así sea. Pero para Walter White la vida dentro de los márgenes de la ley tampoco paga. Lo único que sabe es que puede cocinar la mejor metanfetamina del planeta y bancarse la disputa con los narcos más pesados.

10. De tal manera que sí, es cierto, el primer impulso se lo dio el cáncer. Sin embargo, Walter irá descubriendo que lo que realmente lo motoriza es el deseo, la voluntad de poder y la certeza de saber que es el mejor en lo suyo. Quién lo hubiera pensado: el tipo tenía todos los boletos perdedores, y tal vez no pueda escapar a su destino. No obstante, parece decidido a morir en su ley, como Lemmy Kilmister en Ace of Spades: “You know I’m born to lose, and gambling’s for fools. But that’s the way I like it baby, I don’t wanna live for ever”.

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