Prepararse para los Juegos Olímpicos

1. En un texto extraño y autobiográfico, Rodolfo Walsh mete un chiste. Cuenta que nació en la ciudad de Choele-Choel, que en lengua mapuche quiere decir “corazón de palo”. Y agrega: “me ha sido reprochado por varias mujeres”.

2. (Hay otras versiones sobre el significado de “Choele-Choel”, pero me voy a hacer el boludo para no perder el hilo del post. Nadie quiere que algo tan terrible ocurra, ¿verdad? ¿Eh? ¿Eh?).

3. El corazón, sabemos, no es sólo un órgano vital sino también un símbolo. Los enamorados dibujan corazoncitos, los cantautores pedorros incluyen las palabras “corazón” y “amor” en la misma estrofa, y la industria produce corazones en serie para el día de los enamorados (que ya es, aparentemente, una fecha nacional).

4. De modo que está muy bien que alguien te diga “tenés el corazón muy grande”. Salvo que ese alguien sea tu cardiólogo.

5. Hace unas semanas eso le pasó a mi viejo y, desde entonces, se han sucedido una serie de estudios que tienen por destino inevitable una cirugía. Ver el funcionamiento del corazón de tu viejo en un monitor de 17 pulgadas es una experiencia terrible. Una arteria bombea, poniéndose la patria al hombro, mientras las demás piden a gritos que las resuciten.

6. El cirujano acota -canchero- “que la mayoría de los pacientes en su condición están muertos”. Unos días más tarde, otro médico dice: “te van a a abrir como un pollo”. A veces los médicos meten chistes para romper el hielo. Otras veces son unos pelotudos.

7. Homero intentó en vano explicarle a Lisa que la cosa no era tan grave: “entonces las haditas de la aorta llevarán una vena de la pierna a un laaargo viaje para casarse con la princesa ventrículo!”. Pero no hay muchas vueltas que darle: te abren al medio, cortan de acá, ponen allá, enchufan todo, cierran la cartuchera y listo. Puede salir mal, claro, pero es una práctica habitual para cualquier cirujano cardiovascular y en cualquier clínica.

8. Y eso, también, horroriza un poco. Para quienes no la practicamos, la medicina puede ser una disciplina odiosa. Uno se siente impotente ante la forma en que los médicos actúan sobre el cuerpo. Por un lado lo desacralizan, le quitan el aura, y eso no está nada mal. Pero por el otro lo tratan como si fuera el motor fundido de un Taunus.

9. Es tan mecánico todo que hasta pierde dramatismo. Mi viejo evoluciona bien y comienza su recuperación. Cada paso es a la vez ínfimo y descomunal, cada detalle se vuelve valioso como si se estuviera preparando para competir en los Juegos Olímpicos. Mientras veo sus progresos cotidianos pienso, para mis adentros, “yo también me voy a preparar para los Juegos Olímpicos”.

10. Así que, a vos te decimos, sí, a vos: ¡agarrate, Usain Bolt, agarrate porque nos vamos a poner las pilas y te vamos a romper el orto!

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