Argentinomias (1)

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El término o neologismo que titula este escrito pretendió ser inédito en su concepción, aunque en él, de manera incipiente, se busca alguna posible -y no por ello vacua- explicación de los procesos mediatos que acontecieron y acontecen a estos tiempos de explosiones binarias y falta de matices.

Como si el juego permanente de la díada se hubiese apropiado de la vida cotidiana y de los discursos en donde el difuso “Yo” ha vuelto a emerger del averno colectivo (alimentado, claro está, por el consumo diario de contenidos yoicos de muros o Timelines), las manifestaciones de las ¿nuevas? modas se han apoderado de los omnipotentes ánimos virtuales, y en menor medida, de los impredecibles aromas sociales que los voceros tanto gustan en reducir al omega de los análisis mediáticos: “La gente”.

Las interacciones lejanas, el mundo de la opinión (no) pública y las condiciones epocales no dejan de formarnos e imaginarnos en el seno de la cultura popular y masiva, en la que nos diluimos como productores y productos de manera simultánea. Mostrar o enseñar a nuestros “espectadores” la trampa que mejor les y nos sabemos tender es una característica aventurada, osada y desvergonzada del principio Argentinómico de la participación en la vida cultural y política de la nación.

Al emitir juicios de aire gratuito en muros o tweets de militantes, vecinos, amigos cercanos o figuras mediáticas, hacemos de nuestro propio y condicionado discurso (erigido en imágenes y textos) un pequeño objeto de deseo. Sin ir más lejos, sin coartada: somos capaces de exponer un modo particular de relación frente al otro. Somos nuestra propia mediación en tanto representantes de una naturaleza postiza.

Amparados en la práctica del ocio como forma de consumo, somos los personajes predilectos de nuestra efímera, limitada y direccionada historia cultural, materializada en palabras que, con pretextos de subjetividad objetiva, intentan ser “todos” y a la vez “ninguno”: la opinión es divertida. El binarismo es divertido. La indefinición es divertida. La razón es divertida (aunque la responsabilicemos del dolor de ser modernos e insensibles).

¿Cómo no ser feliz ante semejante paisaje de lo poliprivado?¿Cómo rechazar la invitación de la plaza virtual, aquella prestidigitadora de la eterna deuda comunicacional de la democracia?

Singulares y difusas, las Argentinomias pueden asomarse a diversas dimensiones de la vida cotidiana. Una de sus facetas, así, surge en su intento por crear una moda participativa, y sobrevuela la superficie de un placer que no puede extenderse en el tiempo, y que no puede asomarse a los dominios de lo simbólico.

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