Un paceño en Nueva York

[El box es una excusa para hablar de muchas cosas. Casi que se podría contar la historia del siglo XX a partir de los grandes combates. Hoy la excusa es que un pibe de José C. Paz obtuvo el título mundial, y aprovecharemos para irnos por las ramas como corresponde.]
 
 
 

1) ¿Qué hacés este viernes? ¿Qué harías si estuvieras en Nueva York? ¿Qué estará haciendo Tyson? Todas esas preguntas tenían, para mí, una única respuesta: ver la pelea de Jesús Cuellar.

 
2) Estaba en juego el título interino Pluma de la AMB y Cuellar llegaba como punto, en parte porque le costó dar el peso en la balanza y en parte porque su rival -Claudio Marrero- hacía de local (dominicano que desarrolló su carrera en EE.UU.). Las apuestas daban abajo al argentino, 3-1. En el primer round ambos mostraron sus dos caras: una defensa casi nula y una mano durísima. Cuellar, además, mostró uno de sus vicios: el juego sucio. No habían pasado tres minutos y el árbitro ya le había señalado que no debe pegar en la nuca. En el quinto le advirtió que si volvía a hacerlo le descontaría un punto.
 
 
3) Tuve la oportunidad de ver pelear a Cuellar en vivo a principios del año pasado. Hacía como 40°C pero la cerveza estaba barata. Fue en su tierra y en la mía: la república separatista de José C. Paz.
 
 
4) La experiencia tuvo una buena dosis de elementos bizarros. Se llevó a cabo en el centro municipal de deportes que, como no podía ser de otra forma, se llama “Néstor Kirchner”. Estaban presentes todos los sindicatos que se les puedan ocurrir, lo cual le agregaba cierta tensión. El combate fue transmitido para todo el país por TyC Sports y como presentador estaba el “notero hot” de Crónica. Una de las minas que subía con el cartelito anunciando el round tenía el culo desproporcionadamente enorme, y desde las gradas le gritaban poemas en sánscrito.
 
 
5) Ese día, la pelea de Cuellar cerraba la velada. El hecho de que fuera televisada implicaba que el pibe ya pintaba para cosas grandes. Ganó de manera ajustada, según recuerdo. Pero mi recuerdo no dice mucho porque la pelea se me pasó volando de tanta adrenalina. Es una experiencia (no sé si lo llamaría “espectáculo”) realmente emocionante.
 
 
6) Sin embargo, no encontré épica en el ambiente, no había nada de esa bohemia del mundillo del box que (supongo) alguna vez habrá existido. Nadie quería que la cosa terminara bien. Pura necesidad de sangre, gritos sin sentido (“¡matalo!”, “¡pegale, cagón!”), y el deseo flotante de que no hubiera reglas ni árbitro. Bah, en el fútbol pasa lo mismo. Nadie cree en nada. Pero yo sí. El boxeo no se reduce a la agresión física. Sé que si hay algo sagrado está en el corazón del tipo que sube al ring, el que entiende que la clave del asunto está en que la violencia sea dosificada y en el respeto casi devocional por una disciplina que impone reglas extremadamente duras. El gimnasio de entrenamiento hace que el boxeo se convierta en un deporte colectivo, por más que después subas solo al cuadrilátero. Me resulta imposible no admirar todo eso. Löic Wacquant escribió un libro genial al respecto.
 
 
 

7) Esta vez la pelea era en el estado de Nueva York. No precisamente en el Madison Square Garden, sino en un pueblo llamado Verona que -según Wikipedia- “en el año 2000 tenía una población de 6,425 habitantes y una densidad poblacional de 36 personas por km²”. Más específicamente: la pelea se llevó a cabo en un casino-hotel perteneciente a la nación indígena Oneida. Es decir, lo que nuestra consciencia bienpensante y progresista llamaría como “pueblos originarios”.

 
Bandera_Oneida
 
 
8) La pelea tenía un atractivo extra porque significaba el debut de Mike Tyson como promotor. Su empresa, Iron Mike Productions, estaba a cargo de la organización. Seguramente él sólo pone la cara, porque está quebrado desde hace años. No deja de llamar la atención cómo un tipo completamente letal arriba del ring puede conocer todas las derrotas posibles fuera del mismo.
 
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9) Volvamos a la pelea. Iban pasando los rounds y la buena actuación de Cuellar hacían creer posible la hazaña. La comentarista (y boxeadora) Carolina Duer tuvo un comentario brillante: “quién ganará es la primera incógnita, la segunda es a quién se la darán”. Porque ser local no es joda. Sin embargo, los jurados hicieron bien su papel y, en un fallo unánime (115-112, 114-113, 116-111) y mudo (la transmisión se quedó sin audio justo en ese momento), dieron por ganador a Jesús Cuellar.
 
 
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10) Así que hoy déjeme ser pueblerino, permítanme expresar ese sentimiento sub-patriótico de celebrar el logro de uno de los nuestros.  Que no todos los días se obtiene recompensa, che.
 
 
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