Vini, vidi, vici

 

 

 

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Parte Dos: “La verdad esta en la mascara”. Zizek. 

 

   Poder. El poder es una gran sombra avecinándose sobre los que considera “otros”, convocándoles diferentes sensaciones. Incluso puede no importar el tamaño la sombra, solamente es relevante el miedo al frío. Por las noches, las sombras lo cubren todo, volviéndose más temerosa… sin embargo, muchos se acostumbran a ellas, siendo cazadores o ratas.

   Me capacitaron para mi función unos pedagogos de escritorio, en un día; ya estábamos oficialmente “capacitados”. Después me presentaron al que sería mi equipo de trabajo: una coordinadora, digamos “Jazmín”, dos asistentas sociales, una psicóloga y un profesor de gimnasia. Entré por primera vez en la casa de la sede, que estaba en medio de una Sociedad de Fomento donde practicaban fútbol. Recuerdo un olor a excremento de caballo increíble; sentí repugnancia. Mis compañeros sonrieron al ver mi cara de asco, como diciendo “Ya te vas a acostumbrar”. Luego de esto, la psicóloga junto con el profesor de gimnasia se pusieron a limpiar los baños, al tiempo que una de las asistentas sociales saco un tacho de basura con yerba mate podrida. Mientras Jazmín me hizo recorrer la sede, todo estaba desarreglado y sucio, reconocía en voz baja: “Mira las cosas son sencillas: tenemos que limpiar nosotros mismos; no tenemos presupuesto para nada y recién esto esta en pañales. Tu rol como orientador pedagógico es organizar al grupo de tutores del Envión 2 porque el 1 lo manejamos nosotros. No te preocupes, los chicos terminaron la secundaria y algunos van a la universidad. Acá solamente hay tres reglas básicas: primero mantener la limpieza; segundo, no importa la manera, pero si que se logren los objetivos, y por último, todos debemos estar enterados de todo. Las primeras dos cosas pueden fallar a veces, pero lo tercero jamás. ¿Entendiste?”. Como un idiota afirme con la cabeza, sin haber comprendido realmente sus palabras.

   Organice mi equipo de tutores del Envión 2 para que dieran clases de apoyo escolar, 2hs diarias cada uno. Lo bueno de emprender proyectos es el fuego en el pecho que nos lleva a querer lograr algún cambio. Esa fiebre de regalar lo aprendido en horas y horas  de estudios universitarios, nos lleva a esforzarnos por miedo a cometer errores. Supongo que lo mismo le ocurría a mi grupo de tutores a cargo, que estaba compuesto por dos hermanas, una estudiando profesorado de Lengua y Literatura, la otra terminando la secundaria; dos chicos cursando la carrera de Matemáticas, uno de Física y otra chica por la mitad de Historia. Con ellos pase varias horas, pudiendo ganarme su respeto mediante el vinculo y ayudándolos en sus carreras académicas. “Si no lo intentas, la duda de probar hasta donde llegaras te carcomerá siempre. No abandones, a todos nos cuesta.”- eso les decía una y otra vez, al punto de dudar yo también de ello.

   Poco a poco empecé a tener una rutina: llegaba a sede, limpiaba los baños, miraba como la Lic. en Psicología (UBA) limpiaba el baño personal del puntero y dueño de la Sociedad de Fomento, que siempre, pero siempre, emanaba un hedor repulsivo. Posteriormente barría la cancha de futbol, juntaba botellas de cerveza, de vino y colillas de cigarrillos. Siempre preparaba el mate para mis tutores del Envión 2. La psicóloga trabajaba con el Envión 1. Recuerdo que cuando estaba con mis tutores dando clases de apoyo escolar o algún que otro taller, los observaba desde una lejanía, como percibiendo un mundo distinto, casi misterioso para mi. Sin embargo, me tranquilizaba ver imágenes de chicos hablándole a la psicóloga, muchos inclusive terminaban llorando y abrazándola, como si fuesen grandes leviatanes desplomándose sobre un andamiaje emocional.

  Una tarde, finalmente, vi al dueño de la Sociedad de Fomento, apodado como “el Rubio”. Era un hombre blondo y corpulento, con un tatuaje en la mano derecha con la cara del “Che Guevara”. Debido a mis orígenes marxistas, aquel tipo me cayo simpático, mucho más después de haber hablado un rato sobre River Plate y su épica travesía en el Nacional B. El hombre tenía cierta fama negativa en mi sede, sobre todo desde mi coordinadora, quien me aconsejaba que mi relación con él debía reducirse únicamente a “limpiarle el baño, junto a toda su mugre, porque es de la Pesada”. No obstante, el rubio era el amo y señor de la sede, inclusive sus hijas estaban acomodadas dentro del programa. El hacia lo que quería: le pagaban plata para que nos “protegiera” y en cada acto político, a los que nos obligaban a ir o nos descontaban $312, estaba presente al lado del Sr. J (la suma autoridad de políticas sociales).

  En una de esas tantas tardes, uno de mis tutores del envión 2 me comentó sigilosamente que “el rubio” era uno de los  narcotraficantes y sicarios del municipio. Realmente no le creí. Pero pronto pude comprobarlo viendo, fuera de horario, al rubio dándoles drogas a unos pibes del Envión 1. Y ahí todo se volvió contradictorio y confuso. ¿Por qué nadie hablaba de eso? ¿Tantos tallercitos de prevención de adicciones para esto? Sentía impotencia y frustración. También mucho miedo… casi sin darme cuenta, me empecé a alejar del Rubio. Era un protegido del municipio, hacía lo que quería, nada le importaba. Durante semanas vivía convencido que estábamos logrando algo, hasta abrir mis ojos soñadores. ¡Todo el tiempo invertido fue desperdiciado en un solo momento! El rubio, vino, vio y venció, sin haber hecho absolutamente nada. Inclusive antes de haber pisado la sede, estaban todas sus piezas ubicadas para dar el jaque a nuestra tarea. Recuerdo que un solo tipo se atrevió a denunciar al intendente por un hecho de mala praxis: terminó muerto a manos del Rubio o de algún otro de esos cazadores.

   Ahora que miro de manera retrospectiva, entiendo porque los profesionales de mi sede se rehusaban a hablar o denunciar las prácticas de los punteros. Negar la verdad nos hace dormir tranquilamente por las noches. Había un gran aparato, un monstruo municipal que se alimentaba del mérito de los profesionales, que luchaban por un cambio, teniendo a hombres como el Rubio para hacer el “Trabajo sucio”.

Mef. 26/07/13

Parte uno: “El subsuelo de la Democracia”

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6 thoughts on “Vini, vidi, vici

  1. Poner en palabras también es denunciar la verdad de esa máscara, romper el silencio, quebrar la impunidad… Valioso aporte. Aunque la indignación frente a la impunidad sea imposible de tragar.

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