Rayuela, el post-cortazarismo y la alegría

[A propósito de los 50 años de la primera edición de Rayuela, de Julio Cortázar]

1. ¿Releería Rayuela? La cuestión y -en menor medida- las ganas se me han presentado con cierta frecuencia en los últimos años, pero estoy convencido de que lo mejor es quedarse con aquella primera y lejana lectura.

2. Uno relee un libro, básicamente, por dos motivos: porque le gustó tanto que quiere reencontrarse con él para volver a disfrutarlo, o para reencontrarse con la propia lectura, sus aciertos y sus fallas. Es decir: volvemos a los libros por placer o con espíritu crítico.

3. Conozco mucha gente que quedó fanatizada con Cortázar. Supongo, ahora, que yo mismo he participado un poco de ese fanatismo, porque leí buena parte de su obra (probablemente como a ningún otro escritor). Pero la verdad es que no siento nostalgia, no quedé enamorado de ningún libro en particular, no creí necesario memorizar ninguna frase para siempre.

4. De Rayuela, en particular, recuerdo su surrealismo ingenuo, su preocupación típicamente snob por no ser snob, su francofilia tan argenta. Me irritaban los amigos del Club de la Serpiente. Me angustió el episodio de Rocamadour, “dientecito de ajo”, y me sorprendió volver a encontrarlo en Cien años de soledad. Las idas y vueltas entre la Maga y Oliveira tienen su encanto, pero también tienen algo de la trilogía de Richard Linklater (Before Sunrise, Before Sunset y Before Midnight): sus diálogos son demasiado inteligentes, demasiado interesantes, demasiado elaborados. En este punto, no obstante, no se puede obviar eso que pone en evidencia: que lo verdaderamente inauténtico es la realidad, o la forma en que vivimos la realidad, y que la literatura no tiene la culpa de ello.

5. Hay algo que me gustaría denominar como el post-cortazarismo. Por un lado, refiere a esa etapa de la vida en la que uno se aburguesa y se pone un poco pelotudo. Por el otro, alude a una postura de la crítica literaria que consiste en revisar a Cortázar y su obra desde un punto de vista desencantado, cínico inclusive. El post-cortazarismo se jacta de su madurez, de su distancia respecto al fenómeno y de cierto “punto de llegada” desde el cual no se puede (y no se quiere) volver.

6. Pero, como alguna vez dijo la performer Carrió, “yo el juego a la derecha en este país no se lo hago” (?). Creo que se puede ser crítico sin tomar distancia de la alegría que nos ha causado aquello que (ahora) criticamos.

7. Y, desde este punto de vista, hay dos textos que merecen ser mencionados para volver a amar la obra de Cortázar. (Citaré fragmentos pero recomiendo leer los originales, que son muy breves). En el primero, Fabián Casas habla a propósito de una entrevista televisiva, y reclama volver a Cortázar para sacudir un poco el apático campo de la literatura argentina: “[Cortázar] habla de la urgencia de escribir mientras el mundo tiene que cambiar drásticamente. No hay pasión por la indiferencia: hay ingenuidad y nobleza. Me doy cuenta de que le creo todo lo que dice. (…) Cortázar tiene razón. Quiero que vuelva. Que volvamos a tener escritores como él: certeros, comprometidos, hermosos, siempre jóvenes, cultos, generosos, bocones. No esta vulgar indiferencia, esta pasión por la banalidad” (el texto fue publicado en su libro Ensayos bonsai, pero pueden leerlo acá).

8. En el segundo texto, conectado con el primero, Martín Zariello (también conocido como il corvino, por su blog) defiende a Cortázar de sus lectores: “fatalmente, la mayor parte de la gente está convencida de que la vida es genial cuando se lee a Cortázar por primera vez. No los culpo: yo también lo creo y cada tanto releo sus libros queriendo encontrar allí el efecto visceral que tantos han revelado. Lo malo es que cuando se advierte que ese sentimiento era una proyección pasajera (la mayor parte del tiempo la vida no es efervescente, sino triste, en ocasiones decepcionante y en el peor de los casos, aburrida) no se encuentra mejor culpable que al mismo Cortázar. Parece que él tuviera la culpa de que la Revolución no funcionara, de que haya escritores mejores, de que el amor sea doloroso, de que no se pueda escuchar jazz y tomar whisky porque hay que trabajar”.

9. El problema de los aniversarios y -particularmente- de los números redondos, es que se escribe mucho y se habla mucho. Toda la semana estuvo Cortázar en los diarios, en Radar, en Babelia, en Facebook, en mi mente, provocando una avalancha de información que casi llega a la saturación. Así que, en este cincuenta aniversario, me encontré haciendo algo que no pensaba hacer: hablando sobre Rayuela.

10. Podemos ser críticos, y podemos privarnos de subir al DeLorean que nos transporta a nuestras viejas lecturas. Pero de ahí al post-cortazarismo y al desencanto hay un límite. La crítica nunca (¡nunca!) debería ir contra la alegría, que es lo más auténtico que existe. Y, al fin y al cabo, lo único que importa.

YAPA: tapas de Rayuela en diferentes ediciones e idiomas.

Rayuela en croata, 2009
Rayuela en croata, 2009
Rayuela en holandés, 1996
Rayuela en holandés, 1996
Rayuela en alemán, 1981
Rayuela en alemán, 1981
Rayuela en japonés, 1978
Rayuela en japonés, 1978
Rayuela en portugués, 1970
Rayuela en portugués, 1970
Rayuela en inglés, 1967
Rayuela en inglés, 1967
Primera edición, 1963
Primera edición, 1963
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2 thoughts on “Rayuela, el post-cortazarismo y la alegría

  1. buenisimo, en lo que respecta a tu defincion del post- cortazarismo y sus efectos. Supongo que a la generaciòn que ahora nada por los 20 y pico,- que no es la mìa- le puede llegar a pasar algo asi con Bolaño. Habrìa un efecto de post bolañismo- salvando la distancias y el tiempo- que para la velocidad de este era lìquida, liquida con rapidez la lecturas, y olvida la alegrìa de ese momento que descubrimos aquel libro que nos cambia – para siempre? momentaneamente la vida?-tu artìculo tira preguntas y tiene algunos alcances que màs tarde me gustarìa ampliar.
    Muy buena la revista, caì acà por un coment que pusiste en el blog de La otra.
    saludos
    Ale Ricagno.

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