El lector (cambiar de piel)

1. Hace un tiempo, Google anunció que su servicio de lectura de blogs*, Google Reader, dejaría de estar disponible. Incluso puso una fecha de defunción: 1 de julio de 2013.

2. Cuando el anuncio se hizo, primero me sorprendió porque uso ese servicio desde hace años. Pero como suele pasar con la mayoría de las cosas que son gratis, que uno las use no significa que les dé un uso productivo (ahí están las toneladas de bites que convierten al WhatsApp en la mayor comunidad de trolls).

3. Lo cierto es que uso Google Reader poco y nada. Me gusta tenerlo más como una suerte de depósito en el que se van acumulando posts que nunca leo, pero que cada tanto me meto a pispear. Los blogs que sigo están agrupados en distintas categorías, según estén relacionados con el mundo de la literatura y el periodismo, el cine, internet y tecnología, la música y otras yerbas.

4. Últimamente, cada vez que entro a Reader, noto que tengo cientos y cientos de posts que nunca leeré, y pienso: “debe ser por esto que lo cierran”. Por lo tanto, mi primera hipótesis fue que el servicio se achanchó, se dejó estar por culpa de nosotros, vagos usuarios. “Lo que está y no se usa nos fulminará”, cantaba Spinetta en esa máquina de sutileza y precisión que era Invisible.

5. Luego, casualmente buscando una alternativa a Reader en un blog, me encontré con una segunda hipótesis. Ésta sugería que Google está planeando fusionar el servicio con Google+, esa red social inanimada en la que el Big Brother se empeña en fracasar. No sería raro, ya que han intentado todo por competir con Facebook y Twitter, y aunque nos obliguen a tener una cuenta en Google+ saben que esa balsa naufragó antes de partir.

6. Pero la explicación oficial es otra. Google dice que nuestros comportamientos relacionados con la lectura de información, y de noticias particularmente, están cambiando. O lo que es lo mismo: que la lectura de blogs y el uso de RSS ya pasaron de moda. La idea subyacente es que para la mayoría de la gente las redes sociales son la principal fuente de información, y que eso ni siquiera Google puede cambiarlo. O se adapta, o queda fuera de carrera.

7. Un buen síntoma de todo ello es el hecho de que Google Reader se encuentra en mantenimiento desde hace 3 años, es decir, que desde entonces no ha innovado en nada, y pese a ello sigue dominando el mercado de los lectores de blogs. ¿Cuál es el problema, entonces? Sencillo: lo cierran porque no tiene futuro (salvo para una porción insignificante de la población web, porque las minorías no son cosas de Google). Lo fascinante es que se ha abierto una carrera entre empresas más chicas que desean ocupar el vacío que dejará el gigante luego del día final. Por ejemplo, el solo anuncio de Google hizo que Feedly, uno de los candidatos a tomar la posta, triplicara su cantidad de usuarios en tres meses (pasando de 4 a 12 millones).

8. Por lo tanto, ninguna de las dos hipótesis es del todo verdadera, aunque ambas guardan algo de verdad: la práctica de leer blogs está cayendo en desuso y el mundo de las redes sociales está fagocitando todo. Son verdades de perogrullo, y hasta sería correcto agregar el conector “porque” entre ambas, en lugar de la conjunción “y”.

9. Lo interesante del caso es que nos invita a pensar en las idas y vueltas, las tensiones que implica leer en la web. Hay que desechar por conservadora la nostalgia por el papel y su pseudo-disputa con el libro electrónico. Todos amamos la lectura en soporte papel. Pero pretender que sea la única válida, la única legítima, la única con derecho a un demiurgo propio, es negar que vivimos en un universo mutante y elástico.

10. Aunque los usuarios de Google Reader seamos una minoría (y lo que es peor, una minoría perezosa), tenemos que aceptar cambiar de piel, como las serpientes, al menos para mantenernos con vida. Mejor dicho: para que nuestras lecturas sigan llenas de vida. Nadie morirá en este juego, o al menos el mundo no lamentará la muerte de un lector de blogs. Mundo, puedes seguir adelante. Nosotros intentaremos seguir leyéndote.

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*en realidad, estos servicios, más que lectores de blogs, son lectores de contenidos estandarizados en distintos formatos (RSS y Atom son los más populares), lo cual permite leer medios digitales (como Clarín o La Nación), podcasts, incluso cuentas de Twitter. El RSS fue un invento simple y poderoso. Uno de sus autores fue (¡a la edad de 14 años!) Aaron Swartz. Perseguido por acusaciones de piratería que le auguraban la cárcel, pero también lleno de una angustia que lo acompañó siempre (según dicen quienes lo conocieron), el bueno de Aaron se suicidó a los 26 años el pasado 11 de enero. ¿Vieron? Alguien moría, al fin y al cabo.
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