¿Revolución? de Mayo

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Hablar sobre la Revolución de Mayo seguramente nos lleve a todos a recordar en la clásica representación escolar reiterada años tras años por entusiastas maestras, que eran implacables celadoras de la “historia oficial”, para lo cual nos cargaban con todo el merchandancing de estas fechas, disfraces de Patricios, esos señores de bien que querían independizarse, la infaltable vendedora de mazamorra, los pastelitos, el negro, esclavo sí, pero aparentemente feliz, en fin, esa falsa ilusión de un 25 de mayo con paraguas y cintas celestes y blancas. El hecho histórico se ha transformado por costumbre en un mito ideológico de la grandeza del principio de la nación y hasta podría decirse “familiar”, esperable y desprovisto de interrogantes y contradicciones.

Ahora bien, tan intensa ha sido la tergiversación de nuestra historia implantada por el “mitrismo” y tantas las limitaciones del Revisionismo rosista tradicional que hoy, doscientos años después, los argentinos seguimos discutiendo, a veces de mala gana, la verdadera naturaleza de la Revolución de Mayo.

Suele haber acuerdo en que las Invasiones Inglesas y la crisis del aparato colonial español son para gran parte de los historiadores los motivos centrales del hecho ocurrido aquel mayo de 1810.

Fuero aquellas invasiones de los años (1806-1807) las que demostraron por un lado, el poderío del comercio y de la flota inglesa, la precariedad del dominio español en el Rio de la Plata, producto del retraso económico y social de España respecto de Francia o Inglaterra, y el surgimiento de sectores locales que si bien no poseían aun una identidad nacional clara, si ostentaban intereses que no coincidía ni con el del invasor ingles ni tampoco con el de los colonialistas españoles.

Por añadidura, las milicias de los Patricios pasarían a jugar un papel importante en un sector del pueblo, pues esta “militarización de la sociedad” expresa una visible crisis del aparato colonial en suelo rioplatense.

La Revolución no fue socialista, ni nacional independentista, sino democrática.

Sin dudas, aun hoy, existen grandes problemas historiográfico sobretodo en aquellos sectores alejados del mistrismo y del revisionismo tradicional, con diversas variables interpretativas, se la considero una Revolución democrática – burguesa analógicamente emparentada con la Revolución Francesa, que no había logrado consumarse. Milciades Peña, un referente del pensamiento marxista en nuestro país, planteaba que la Revolución de Mayo había sido únicamente un cambio en el régimen político sin afectar la estructura social. Este análisis coincide también con el de Juan Bautista Alberdi, de quien proviene la tesis de que la Revolución de Mayo fue solamente una revolución política que habría implicado solamente un cambio de régimen político.

También existen análisis de otros historiadores que rescatan los aspectos más radicales del proceso de mayo, haciendo hincapié en la Campaña en el Alto Perú, que proclamó la liberación de los aborígenes, y en el pensamiento de Mariano Moreno, expresado en su “Plan Revolucionario de Operaciones”, que proponía la nacionalización de las minas, los ingenios, obrajes y talleres.  Galasso historiador revisionista, por su parte, señala que la revolución la impulsó un frente democrático contra el absolutismo reinante, pero en ese frente los morenistas fueron los derrotados, consolidándose una burguesía comercial anglo-criolla basada en el puerto único y el control de la aduana, que se apoderó del poder y traicionó el objetivo central.

Si analizamos sus resultados más concretos, la Revolución de Mayo, no fue una revolución social porque, este no fue su real objetivo, ni lo esencial de la estructura económica-social vigente hasta entonces. Ahora bien, este hecho no permite circunscribir el proceso de Mayo a un mero recambio generacional y político en las elites gobernantes. Esa es una lectura reduccionista que olvida que la Revolución de Mayo fue el inicio de un proceso de lucha independentista a nivel continental, que había sido precedido por la Independencia Norteamericana, la rebelión de Tupac Amaru y la Revolución en Haití.  Por otro lado, las iniciativas como las de Castelli en su campaña en Alto Perú o la misma figura de Moreno, indican que en forma no predominante existieron dentro de la revolución sectores que perseguían distintos aspectos de emancipación social. Y esos intentos, aunque no se impusieron, existieron.

Entonces ¿Fue solamente una Revolución política? ¿O un proceso emancipador de los sectores más oprimidos por la sociedad colonial? Ni tanto ni tan poco.

A lo largo de la historia los partidos tradicionalistas de Argentina, hicieron de este proceso algo mucho más significativo de lo que en realidad fue, seguramente por la necesidad de aferrarse a un hecho patrio que nos de identidad nacional, lo cierto es que los verdaderos revolucionarios fracasaron en el intento y los únicos victoriosos fueron las burguesías comerciales,  sometiendo a gran parte de nuestros pueblos a la miseria, el aislamiento y la expoliación. “Revolución” sigue siendo una palabra demasiado grande para denominar aquellos días de mayo de 1810.

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