Revanchas

Llegaron a la final derrotando a los favoritos de la calle y la Playstation. El Bayern Munich, con el triplete a la vuelta de la esquina, agresivo e imponente en todos los sectores de la cancha, ridiculizó al Barcelona que jamás explicó la ausencia del único hombre que los podía salvar. El Borussia Dortmund, o los humildes del otro lado de Bavaria, aprovecharon el desmoronamiento del Real Madrid y sacaron ventaja de la diosa fortuna, que no materializó las llegadas de Özil, Cristiano e Higuaín. La discusión por un supuesto nuevo reinado europeo duró lo mismo que una mentira. El equipo de Jupp Heynckes luchaba contra el fantasma se ser el eterno segundo, hecho que ni siquiera el resurgido Louis “libreta mata jugador” Van Gaal pudo sopesar. El de Jürgen Klopp, envalentonado por el esfuerzo físico de su motor de fabricación alemana y polaca, llegaba con la intención de dar el batacazo en los dominios de la burguesía futbolística europea, acostumbrada a arropar a los eternos campeones de los documentales. No por primera vez, la organización se opuso a la billetera, aunque el complemento entre ambas fue el determinante en la hora de la verdad. La de Heynckes, el aclamado ganador de la séptima del Madrid, que se eximió en gloria después de caer en 2012 contra la inquebrantable voluntad de Drogba. La de Klopp, el carismático teutón de los gestos de dibujo animado, que como alguna vez dijo en otro contexto, “se jugó el culo” y se valió de una materia prima que no tardará mucho en dispersarse por todas partes del globo. La de Arjen Robben, que pasó de ser la piedra de los mano a mano al héroe que todos miran con recelo y de reojo. Y es que esta vez les tocó a los alemanes. Son los protagonistas del último no-asombro de la élite del fútbol mundial, que vuelve a recuperar el valor de la diferencia en su más palpable naturalidad, y en tiempos en que algunos se empeñan en creer que solo existe una manera de ver, pensar y sentir al más impredecible de los deportes. Fue en la final de esos hombres que fidelizaron sus métodos e ideas a mitad de silencio. Fue en la final que no precisó de dramas ni funerales discursivos.

Fue en la final que dió y prometió nuevas revanchas.

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