Antiguos simulacros

Cada tanto alguien trae el comentario sobre la liberalidad en Holanda y la amplitud de sus derechos individuales. “Podés fumar porro sin problemas”. Pues bien, la coronación de “Máxima” y “Guillermo” debe servirnos para recordar que los holandeses también tienen que fumarse estos rituales infumables. Mitad celestiales, mitad medievales. Y, al parecer, se tragan el humo con mucho placer.
La coronación también debe servirnos para tener dimensión del lugar en el que vivimos. Personalmente, siempre hubo algo que valoré de este país: la posibilidad de vivir en una República.
Aún cuando no tenía ni un solo sentimiento de cariño por este país, me gustaba saber que acá la cosa es pública. Nunca fui nacionalista ni nunca lo seré. Y, francamente, no me era posible querer al país en el que los torturadores caminaban por la calle. Aún en democracia seguía viendo el sello de Videla y compañía sobre el lomo del país. Me acuerdo que incluso hace muchos años compré el libro Poder y desaparición, de Pilar Calveiro, sabiendo que iba a encontrar más razones para detestar al país de los campos de concentración a la vuelta de la esquina. Eso ya pasó. Mi concepción de la Argentina, y mi relación afectiva con ella, cambió significativamente en los últimos años.
Volvamos a Holanda. A la nobleza de sangre azul, a los súbditos vestidos de naranja. La saturación informativa me irritó al principio, pero luego me hizo pensar en la importancia de vivir en República. No como un carnet que uno le muestra al mundo, sino como realmente la posibilidad de identificarse con un sistema político cuya premisa principal es la igualdad de todos ante la Ley. Por su puesto, pasar de un principio tan abstracto a la realidad implica una tarea de traducción sumamente compleja. No es copiar y pegar en Google Translate. Por eso también debemos honrar a quienes lucharon por plasmar el espíritu republicano en la realidad.
Uno de ellos fue Mariano Moreno. Uno de sus aportes surgió de un episodio algo ridículo: tras los festejos por la victoria en la batalla de Suipacha, un oficial que no pasaba el alcoholímetro quiso hacerse el gracioso dándole una corona de azúcar a Saavedra, al grito de “el primer rey y emperador de América, don Cornelio Saavedra”. Enterado de esto, Moreno reaccionó publicando el “Decreto de Supresión de Honores” (6 de diciembre de 1810). Se trata de un texto escrito con algo de furia, con cierto espíritu punk, corrosivo, y ciertamente contra el vedettismo de Cornelio Saavedra. El decreto menciona explícitamente al oficial que originó todo, Atanasio Duarte, a quien “se le perdona la vida” (sic), pero se lo destierra perpetuamente porque “un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener impresiones contra la libertad de su país”. Moreno se tomaba las cosas muy en serio.
Por eso escribo estas palabras, para recordar que estamos en una República y que, aunque nada es perfecto, no somos súbditos de nadie. Aguante Mariano Moreno y su “Decreto de Supresión de Honores”, aguante la República. Carajo.
Sistemas de gobierno en el Mundo, según Wikipedia.

 

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3 thoughts on “Antiguos simulacros

  1. Muy buenas impresiones, es algo que quiero expresar y no muchos lo entienden. felicitaciones y un a pregunta a Laudrup ¿cuál de los hermanos sos?jaja sigan así!

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