La sensación de inseguridad

Por Julian Bertachi

A casi nadie es ajena la afirmación de “la inseguridad es una sensación”. Ya sea a favor o en contra de la misma, se alude a ella constantemente. Intentaré darle un giro de tuerca al debate y direccionarlo a una reflexión profunda que derive de la controversia superficial que normalmente genera. Comencemos por decir que, en efecto, la inseguridad es una sensación. ¿Por qué? Porque nos sentimos inseguros. O al menos la mayoría. Sí, yo también. Me siento inseguro al andar por la calle a ciertas horas o al pasar por ciertos lugares. Experimenté un robo en carne propia y algún que otro hurto. Y casi todos mis amigos y familiares, y muchos conocidos, han pasado por esas situaciones. Entonces ¿es fundada o infundada la sensación de inseguridad?

Aclaremos algo, no desconozco la intencionalidad de ciertos medios de comunicación en generar y fomentar dicha sensación. Pero, ¿cómo sabiendo perfectamente eso sigo sintiendo inseguridad? ¿Será que la inseguridad es una sensación que tiene otros fundamentos además de qué quieren ser generados y fomentados por los medios? Y no digo que sea “inmune” a los medios, son un condicionamiento, pero no un condicionamiento tan fuerte como para que generen sensaciones en mí y las sostengan con facilidad.

Rechacemos pues la tesis de que la inseguridad es meramente una sensación inculcada y fomentada por los medios. Y lo hacemos por parecernos reduccionista, no porque desconozcamos que de hecho es su objetivo generar y mantener esa sensación, sin embargo, no podemos creer que son tan eficientes como para lograr eso de la nada, sin que haya algo en la realidad que les ayude en su objetivo. ¿Qué es eso qué los ayuda? Nuestra experiencia, ya sea experiencia propia o adquirida por medio de los demás. Conocemos casos delictivos y vivimos casos delictivos.

“Esos casos delictivos no significan que haya inseguridad, casos delictivos hay en todas las ciudades y países del mundo”, es un contra-argumento que pueden usar. “Y somos uno de los países más seguros de América del Sur”, nos pueden rematar. La respuesta a estos contra-argumentos es: “bárbaro, pero acá estamos hablando de una sensación y no de algo objetivo que haya, afirmamos que sentimos inseguridad, no que haya inseguridad”.

Analicemos, entonces, estas experiencias que generan y alimentan nuestro sentimiento de inseguridad. ¿Implican que hay efectivamente inseguridad? No. Inseguridad habría si sería como en las películas del lejano oeste, que en un bar mueren asiduamente varias personas en el medio de un tiroteo que se produce de la nada, o quizás si hubiese grupos paramilitares en las calles, amenazando nuestra vida en enfrentamientos por el poder mientras un Estado ausente no puede garantizar la paz interna (cómo en algunos Estados africanos actuales).

Rechacemos pues una segunda tesis: la de que la inseguridad es una situación empírica, o sea, que sencillamente hay inseguridad y que los medios reflejan lo que hay, o sea la inseguridad. También por reduccionista, hemos visto que hay efectivamente experiencias que alimentan nuestra sensación de inseguridad, pero solo son experiencias que generan un sentimiento y no hay una realidad de la que podamos asegurar que existe objetivamente inseguridad.

¿Qué significa todo esto? Qué si bien nobleza obliga reconocer que no podemos definirnos como un país donde haya inseguridad si podemos afirmar que los y las ciudadanas vivimos generalmente con un sentimiento de inseguridad. Este sentimiento se origina en experiencias traumáticas de las que nos toca experimentar personalmente o a través de terceros. También es fomentado y generado por diversos medios de comunicación. No nos alcanza con estar comparativamente más seguro que otros países. Necesitamos acciones que nos hagan sentir más seguros al salir a la calle. Y esas acciones pueden venir desde nosotros mismos (como por ejemplo organizarnos para cuidarnos entre todos), como desde el Estado (instituciones que funcionen mejor, una policía que sea eficiente y deje de ser inoperante, por no decir muchas veces cómplice de delitos, etc.) y también desde los medios (no fomentando ni generando dicha sensación).

La inseguridad es una sensación, una sensación que sería bueno que dejemos de sentir.

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