El agua de la General Paz

Las inundaciones mostraron el desdén gubernamental ante el desastre y la emergencia. Incluso en el día después. En el trágico paisaje convivieron el drama de los acomodados porteños vírgenes del agua y los que siempre sufren, Villa Soldati y Barrio Mitre.

Mientras tanto, el estilo Macri reluce con lo de siempre: gestión de lo público al estilo empresarial. Esto es búsqueda de rentabilidad y maquillaje. Sin republicanismo porque es el jefe de la firma Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Sin embargo, esto ya lo sabemos desde su primer mandato con el presupuesto más alto de todo el país per cápita -no ejecutado-, la capital parece que en cualquier momento explota de un caos isquémico en el tránsito, aunque recaude cada vez más.

¿Qué pasaría, si como pretende el Pro, hace pie en la provincia de Buenos Aires? Esto es lo grave, porque en la provincia más rica del país también hay asimetrías violentas y dolorosas. Pero con un macrismo bonaerense las brechas serías quizás más profundas que las de la calle Sinclair.

De todos modos, Macri y su equipo Pro (¿?) sigue ahí y con ambiciones. Todo parece que hay un piloto automático en CABA y el único objetivo es llegar sin grandes manchones a 2015. Con esa lógica, hasta ahora viene bien: ganó elecciones por mayoría incuestionable y las contrafiguras rotaron.

Para quienes estamos en las antípodas del macrismo, el panorama obliga a reencausar energías y empezar a pensar: ¿quién le gana? El kirchnerismo se ha dedicado a ganar votos porteños con la burla y la denuncia de la impericia –consciente o no- del ex presidente de Boca Juniors, pero no tiene una figura fuerte que le dispute el poder en CABA.

Sin dudas, al justicialismo y en especial, al kirchnerismo le ha costado superar un 30% de votos en Capital. Y el mayor de su errores sigue siendo una pésima lectura del electorado porteño, que paradójicamente es similar a los centros urbanos bonaerenses (por algo fue reelecto Scioli y no Sabbatella).

Los ciudadanos de la Capital Federal tienen una relación con el voto como arma de defensa y ataque. Es decir, “voto en contra a…, para mantener el equilibrio del poder”. Es que el porteño se siente progresista y tan civilizado que cumple con el voto y se siente participar cuando lee el diario o comenta en un foro ardiente, no lo concibe como la elección de un modelo político que implica lo colectivo. Esto en términos mayoritarios nos permitiría entender la supervivencia del pro más allá de la influyente protección del grupo Clarín.

Esta lectura es la que hace el Pro, por eso habla del “vecino que quiere vivir mejor, no le importa la política” y tiene una usina de “gestores públicos” tales como Rodriguez Larreta, María Eugenia Vidal, Ritondo, etc. Quizás la solución del kirchnerismo esté en encontrar un candidato en un punto medio, identificado con el proyecto nacional y popular y a la vez, cuyo discurso se enfoque en dar soluciones concretas a las demandas más porteñas: tránsito, seguridad y presión impositiva, más que en denunciar lo que, es evidente, Macri no hizo.

También vale la pena considerar si ayuda, con el clima anti-k de Buenos Aires, que sea CFK la que elija al candidato. No se trata de negar el liderazgo pero si las PASO cumplen su objetivo de definir la interna, quizás los porteños gocen de eso que llaman independencia y de lo que tanto se regodean. De ahí en adelante, la lucha es integrar a CABA al proyecto federal.

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