Gambeteando a los dioses (porque esta de moda)

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Nuestro país, la Argentina, siempre sera un fascinante objeto de análisis. Somos la infinita potencia de la inutilidad: podemos ser todo, pocas veces somos algo. Pero siempre corremos hacia la moda. Como una oda a la diatriba rioplatense de lo contingente, el argentino ama saber siempre que se va a comentar en los bares mañana, aun cuando nunca asista a los mismos. Y así somos especialistas en todo según ese todo así lo requiera. Catedráticos de la nada, morimos por ser parte de la implacable moda de “lo que hay que decir“.

Así, esta semana somo – bah, volvimos a ser – fanáticos del Barcelona, aún cuando interiormente sepamos que, al menos actualmente, solo se ve ese gran equipo que supo ser ante equipuchos cuyos jugadores no van a competir, sino a admirar los goles que les hacen los astros catalanes, so pena de la humillación inherente a ello. Y Messi es el mejor del mundo porque, independientemente de su innegable habilidad, es argentino. Y la tiene re grande.

Lo novedoso sucedió hoy: eligieron a un Papa proveniente de nuestro país. Y en cuestión de minutos todos recordamos que nos bautizaron y que, por obra de esa agüita semiótica, somos católicos. Ahora no solo tenemos a D10s, a su emulo posmoderno (Messi, por las dudas), sino que también nos es propio ese que los creyentes llaman “el representante de Dios (sin el 10) en la tierra”. Ahora si, cerremos todo y entreguemonos al destino de grandeza del que nos hablaban las élites dominantes de antaño al ritmo de cabezas partidas de aborígenes.

Pero no se va a cumplir nada de eso. Es prudente recordar que la mayoría de los logros argentinos por el mundo llevan el germen de nuestra propia miopía: son congratulaciones individuales, poco interesa a nuestro sobrevalorado orgullo los (pocos) logros colectivos que podemos ostentar. Pero nadie se salva solo. Pero nuestra obsesión es hablar de lo que está de moda: porque es hablar de otro, en el fondo nada mas que un chusmerio ontológico.

Como ya será obvio, en este blog solemos hacer una especie de “Critica de la repetición pura“, ese vicio que es tan jodido de evitar; sobre todo porque, como argentinos, nos erotiza repetir, casi a la misma medida que tomar logros de otros como propios solo porque en algún momento miraron el mismo cielo que nosotros. Y si, Messi a veces es un misterio para los científicos por su capacidad para desaparecer aún presente, y Maradona se aspira medio Dubai; y Bergoglio bendecía las cualidades humanas de Videla (sic) dándole el cuerpo de Cristo. Pero son argentinos,como nosotros, que tanto!

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