Recuerdos del futuro (esperando el desfasaje cibernético)

Por motivos que no vienen al caso, estoy leyendo un libro sobre las transformaciones sociales ligadas al desarrollo y la difusión de la informática. La particularidad es que el libro fue publicado en 1988. En febrero. Y en Argentina.
El libro en cuestión se titula Argentina, sociedad e informática (Albornoz y Suárez, compiladores) , y reúne las ponencias presentadas por distintos investigadores en un Seminario denominado “Efectos sociales de los procesos de informatización” (1986). El título del Seminario es tan horrible y tan inapropiado que uno de los compiladores se encarga de ajusticiarlo en las primeras páginas.
Empecé a leerlo hace poco y me parece que está bueno. Funciona como un agradable viaje en el tiempo, a una época en la que las computadoras no eran un fenómeno masivo, apenas estaba surgiendo la interfaz gráfica para los Sistemas Operativos y todo este mundillo de las redes sociales era inimaginable. La tentación de hacer futurología era grande. Por eso nos (me) resulta imposible -con las trampas del caso- no leerlo a la luz de los hechos posteriores, es decir, con el diario del lunes.
Por ejemplo, en una parte se afirma que el desarrollo de la biotecnología permitirá a la URSS dejar de comprarle granos a la Argentina “en un horizonte de 4 a 5 años” (!!!). Afirmar eso en 1988 es, para nosotros, una gran pifiada. Entonces uno sonríe al recordar que no sólo en una época las computadoras eran artefactos bastante toscos, sino también que existían la Unión Soviética y el presidente era Alfonsín. De hecho, la introducción del libro (a cargo del por entonces Secretario de Desarrollo Humano y Familia, Enrique De Vedia) está claramente imbuida del espíritu alfonsinista de aquellos años. Tan cerca de la primavera, tan lejos de la tempestad. El libro es, a su pesar, un gran libro sobre los desfasajes de los ’80.
  1. Había mucha gente ilusionada con el alfonsinismo;
  2. la Guerra Fría parecía un tenso y tácito acuerdo de paz entre dos potencias que se repartirían el mundo por el resto de la historia (o hasta la debacle nuclear);
  3. las computadoras empezaban a convertirse en el gran joystick de la economía y el mundo.
Una vez escuché a un cubano referirse de la siguiente manera a lo que representó para Cuba el fin de la Unión Soviética: “nos sacaron la escalera y quedamos agarrados de la brocha”. La imagen no podría ser más perfecta. No sólo para la isla, sino también para el alfonsinismo. Y, tal vez, también para nosotros (los usuarios, los bloggers, los followers, ay…).
 Imagen
Por lo tanto, cabe preguntarse: en la red de redes, ¿cuál es la escalera y cuál la brocha? ¿Dónde está el punto de equilibrio en un mundo que, por definición, carece de centro? ¿Cómo quedarán las piezas del puzzle cuando se produzca el gran desfasaje cibernético? Creo que en algún momento llegará la brisa que derrumbe el castillo de naipes, y entonces tendremos que aprender a olvidar este otro mundo, este conurbano hecho de bits que rodea a la realidad tangible. Y si esa hora llega, me gustaría saberlo con antelación, porque -como dice nuestro profeta- cuando el mundo tira para abajo es mejor no estar atado a nada.
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[Para seguir con los desfasajes, ver: El fin del Potemkin (Misael Bustos, Argentina, 2011)]
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