Tarifazos: Estudio revela cuales son los municipios más afectados

Entre los más golpeados se encuentran Avellaneda, Hurlingham y Jose C. Paz

Luego de que el presidente Mauricio Macri avivara la polémica al reclamar a los intendentes que eliminen los impuestos adicionales que vuelcan sobre las boletas, el diario La Nación publicó un informe que revela cuáles son las cargas municipales en cada distrito de la zona metropolitana.

En la zona de concesión de Edesur, Avellaneda, distrito gobernado por el FPV, tiene el concepto de tasa de Alumbrado Público más caro, con un valor de $170, que se suman a una contribución municipal de $30,53 que es igual para todos los partidos en los que opera esa distribuidora en la Provincia.

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En el listado le siguen Esteban Echeverría ($131), Florencio Varela ($130), Lomas de Zamora ($120), Lanús ($110), Ezeiza ($100), Berazategui ($100), Quilmes ($95), Almirante Brown ($95), Merlo ($40), San Vicente ($35), Presidente Perón ($30) y Cañuelas ($4).

Por el lado de la prestataria Edenor, nadie paga más que un vecino de Hurlingham, otro distrito gestionado por el kirchnerismo. La tasa municipal que figura en la boleta de luz asciende a $146,67, lo que significa un 20% extra en el valor total de la factura que los usuarios deben abonar en forma mensual.

En el ránking le siguen José C. Paz ($143), General Rodríguez ($140), Escobar ($130), Pilar ($125), Moreno ($100), Malvinas Argentinas ($94), Ituzaingó ($86,65), San Miguel ($84), Marcos Paz ($80), San Martín ($60), San Fernando ($60), General Las Heras ($55), Tigre ($45) y Morón ($43).

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Argentina y el FMI, un nuevo capítulo

 

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Cerca del mediodía el presidente Mauricio Macri anunció el inicio de las negociaciones con el FMI a fin de solicitar ayuda financiera por parte de dicho organismo, posteriormente el ministro de hacienda, Nicolás Dujovne en conferencia de prensa proporcionaba detalles de dichas negociaciones, aunque quedaron pendientes algunas cuestiones, las cuales pueden vislumbrarse teniendo en cuenta la historia reciente de nuestro país.

El ministro afirmó que la Argentina depende del financiamiento externo, cuestión que se profundizó a partir de la apertura y la liberación del sistema cambiario, este “dólar libre” generó un proceso de fuga de divisas al exterior, con lo cual el banco central tuvo que intervenir en la cotización de esta moneda vendiendo parte de las reservas, tal como ocurrió el jueves pasado en plena corrida cambiaria. Por otra parte al modificar el sistema impositivo a fin de aliviar la carga de impuestos y retenciones a los grandes grupos exportadores y empresarios, el estado argentino dejó de percibir ingresos por esta vía, es decir que se produjo un desfinanciamiento del estado, esta cuestión a su vez impulsó un recorte de “gastos” públicos, por ejemplo en la quita de subsidios a tarifas y servicios como el transporte, además de los recortes originados a partir de la sanción de la resistida ley de reforma previsional, la cual significa un “ahorro” fiscal de unos 100.000 millones, medida que también en óptica del gobierno, aplacaría la inflación, cuestión que aún resulta difícil para los analistas.

Ante la conflictividad social por los aumentos y la volatilidad de los mercados, el gobierno optó por el camino de la colocación de deuda a fin de financiarse, la emisión de bonos pareciera ser la solución a los problemas macroeconómicos, aunque en este sentido el nivel de exponencial de deuda puede acarrear problemas en el mediano plazo ya que durante 2017 el Gobierno nacional realizó emisiones de deuda por un total de US$ 94.800 millones de dólares, aproximadamente un 57,6% del PBI, unos 3,4 puntos porcentuales por encima de 2016 (54,2%) y 4 puntos con respecto a 2015 (53,6%). Ante estos hechos y la peligrosidad de la pérdida de liquidez frente a futuros pagos parciales de estas obligaciones contraídas se negocia nuevamente con el FMI un préstamo que rondaría los 30.000 de US$, prácticamente la mitad de las reservas del Banco Central. Si bien las negociaciones no han concluido, se prevé que se produzcan nuevas medidas pro mercado, las cuales pueden incluir una reforma laboral (la cual ya fue presentada ante el congreso) reducción de gastos, además claramente de la pérdida de autonomía económica, hecho que significa un retroceso con respecto a políticas públicas, recetas que ya fueron aplicadas en otras épocas del país con consecuencias poco favorables para la sociedad en su conjunto

Con las manos en la masa

Detienen al hermano de Nardini.

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El hecho ocurrió este fin de semana en inmediaciones de la CEAMSE, mientras Adrián “El toro” Nardini manejaba una camioneta VW Amarok, que custodiaba un camión con 30 toneladas de fiambres robados del basural. Se dice que para su posterior comercialización. Curiosamente el rodado en cuestión, figura como patrullero municipal sin ploteo. El operativo de Gendarmería culminó la sorpresa al corroborar que ambos conductores del camión incriminaban a Nardini como “propietario” del cargamento en descomposición.

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Desbaratan banda de clonadores de celulares en Moreno

La investigación dio con la organización criminal, que tras liberarlos, reinserta los celulares que los malandras extraen en las inmediaciones, en el mercado. El Ministerio de Seguridad de la Nación, desarticuló esta banda luego de detener a los nueve integrantes de nacionalidad peruana que cumplían distintos roles. Fue a partir de una serie de tareas de inteligencia realizadas por la Policía Federal Argentina en el partido bonaerense de Moreno.

“Detrás de la venta de estos teléfonos hay hechos violentos que generan mucha preocupación en los ciudadanos. Este procedimiento fue posible gracias al profesionalismo de las fuerzas federales, que cooperan con las policías locales para prevenir y conjurar los delitos complejos”, aseguró la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich a este medio en conversación telefónica.

La División Delitos Tecnológicos de la Policía Federal, comenzó la pesquisa en octubre de 2017. Entonces se dio cuenta de la existencia de un entramado delictivo que ocupaba varios locales del Shopping Moreno Center en los cuales recepcionaban celulares robados, se los adulteraba para liberarlos y luego se los comercializaba como si fueran nuevos y originales.

La “Banda de los peruanos” utilizaba programas de última tecnología para llevar a cabo la adaptación de los equipos. A través de tareas de vigilancia encubierta, seguimientos, registros audiovisuales y entrecruzamiento de datos, los detectives lograron dar con estos hampones pese a las dificultades. Entre otras, algunos de los problemas principales consistían en la gran cantidad de chips de diferentes empresas y la permanente rotación, lo cual dificultaba el seguimiento de los valores robados.

Con las pruebas acumuladas, los policías detectaron que el cabecilla de la red criminal operaba en un local ubicado sobre la calle Joli al 700, en el mismísimo centro de Moreno, desde donde coordinaba la actividad de los comercios instalados en el shopping. Así, se libraron las siete órdenes de allanamiento necesarias para arrestar a los nueve miembros de la organización, todos de nacionalidad peruana.
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A Marte

Las mujeres de Marte nadan desnudas en el espacio exterior, nadan desnudas en nuestra mente, son rojas y azules, frías crepusculares, amantes de los diamantes y espesas como la niebla en Marte, sus ríos secos convergen al cielo, al vuelo, por eso las puedes ver distantes, nadan para ellas y sus esposos muertos, nadan para sus espejos, esperan a nadie para conquistarles, ellas no son de dominio alguno.
Las mujeres de Marte quieren verse en otros ojos tales y como son, un caparazón amoroso de piel y el calor apuntando a nuestros genitales, ellas saben nuestras debilidades, nos han soñado llegar con armas no amatorias y sexualmente violentos, ellas nos esperan, escondidas en la piedra, lo del cielo es una ilusión, un escaparate de ventas oníricas, un anzuelo ecuménico de diáfanas intenciones.
Las mujeres de Marte anidan en nuestras mentes sus cuerpos de PornStar, abren sus piernas y penetran sus jugos lascivos, llenando los circuitos neuronales de choques eléctricos, la baba mental fluye como látigo sobre el lomo de un animal, un torrente de odio y muerte, las queremos destrozar, comer en sus propias camas y conquistar con sangre y gemidos la tierra de sus ex hombres, enterrarnos en ellas.
Las mujeres de Marte siguen flotando, inalcanzables e incansables, aún esperan por los hombres de la tierra en sus fálicos cohetes, aún eyectan feromonas visuales a muestras afiebradas mentes de hojalata, al fuego nos hacemos dúctiles y sin darnos cuenta, rendidos y desechos nos entregamos como cosecha al viento y despojados de la savia, secos, yermos, somos otro planeta muerto como Marte.

La guerra detrás del cerrojo

Con la humedad de Buenos Aires acariciándole los dedos, con la tardanza entre los dientes y el mutismo intacto en sus oídos de canzonetta, caminaba a la altura de su mezclado cuerpo. Ojos indios, manos campesinas, y un paso al ritmo de La Tarantela. Mirando el cielo/edificio se preguntaba una vez más, ¿qué es Buenos Aires si no soy yo y mi cara cubistísima? Buenos Aires no era ese edificio húmedo, ni el banco de la plaza de Hurlingham incendiándose una tarde de enero; no era el saxofón de Puerto Madero, no era la serenata del tren San Martín a la madrugada. Buenos Aires era -un poco-, la mano que había tocado su delgada mejilla, esa guerra constante en la cual dos morían para llegar a casa antes de la medianoche. Y la ciudad se convirtió en manos, en espalda, en el grito del artista/bondi, que soñaba con bajar en la parada correcta para no caminar de más, (tenía miedo de que le roben sus dibujos).
Y a pesar de todo, soñaba Buenos Aires, es que siempre había querido sentir esa cosquillita de privilegio -como el bicho de luz- esa cosquilla que le recordaría furiosamente a aquellas manos del puerto.
Esa noche Rayuela quedó a un costado de la cama, mientras él se despertaba de la pesadilla y miraba a los costados con el deseo de meter los pies en el mar, de caminar las olas hasta que sólo pudiera verse su pelo negro desde la orilla.
Y al final de tanta noche, ¿qué era una bolsito y un pasaje?, ¿había algo más valioso que ver de lejos la brutal hermosura de una ciudad prendida fuego?, ¿de un tango violento?, ¿de una calle vulgar y desierta?
Esa callecita no se llevaba bien con quedarse. Atrás del cerrojo todavía se podía ver con carita de sueño el humo y los malabares, Cambalache y la marcha…
La música se apagó. Él se levantó de la cama y en el living chiquito del departamento se sintió perdido, caminó como por las calles de Berlín, entre cabezas agachadas /silencios/criminales/criminalísimos/. Y alguien con la mirada vacía de humedad y tormenta le dijo al oído: disfruta de la guerra, porque la paz será terrible.

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Qué cantan los pájaros


Sus desgarros de amor,

las súplicas de una noche infinita

juntan sed de arroyo inexistentes,

cantan y lloran a la vez,

son peces fuera del agua por eso lloran,

por la farsa de su canto.
Sus odios maquiavélicos, los pájaros

matan con sus repulsivos picoteos,

salpican sus piojos, por ellos matan

el tiempo, les salta en las cabezas

ese martilleo los ahuyenta, los resfría

al punto inflamable del llanto.
Sus señales inadvertidas, sus llamas

que germinan un árbol, un nido, una rama,

una bulla inventada por el crujido seco,

del árbol muerto por sus seseos de espanto,

oyes y desoyes, ese graznido de llanto,

nunca fue, qué cantan los pájaros.

Saca la muerte

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Imagen cedida para esta publicación, derechos reservados pertenecen a Leo de Latorre https://leodelatorre.net

Corta su cabeza de sabia,
despeluca uno a uno sus tiempos
de comparsa, afilando la hoz,
ese chirrido metálico al aire.

Desmembra sus intenciones,
bórrate de la lista, siempre estás,
reparte cada extremo de su alcance,
cuando la muerte se junta no hay quién la separe.

Mutila su mirada piadosa,ese brillo indeleble,los ojos rojos de amaneceres mortales, de juergas interminables, de farras a boca-e-jarro, esa resaca mata más que la misma muerte.

Degolla cada trocito de vida, cocina sus pareceres, ensalza con espinas su sangre y deja que fermente hasta su orina, hace ñache, y aunque llores come con cebolla, los sabores de la muerte.

Poema inédito de https://poetasnuevos.wordpress.com/

Grandes Directores: Kunihiko Ikuhara. Parte 1: Oscureciendo Sailor Moon

“Quería descubrir el valor de una nueva forma de entretenimiento”. Así definía Kunihiko Ikuhara (KI), con tono críptico y cómplice a la vez, uno de sus objetivos respecto al anime en una entrevista a fines de los ’90. Es que este artista y diseñador gráfico de 52 años, devenido en escritor y director, y gran amigo de juventud (hasta la actualidad) de Hideaki Anno (Gunbuster, Evangelion), posee una carpeta de trabajos complejos y difíciles de encasillar en lo referente al mundo de la animación japonesa.

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Kunihiko Ikuhara

Sin caer en detalles que ya circulan hace tiempo en la web a través de los fanboys, en lo siguientes párrafos de NARCO haremos un repaso sintético por su trilogía más aclamada, agregando algunos inputs específicos para salirse de los repetitivos e innecesariamente extensos análisis mencionados con anterioridad.

Marcas de estilo

Cuenta la historia que en sus inicios en la industria, Ikuhara tuvo su primer gran trabajo para TOEI animation, colaborando en la versión animada de Sailor Moon a principios de la década del 90. De la mano de Junichi Sato (Director General del proyecto de SM y “el que más sabe” de animes con y para chicas), ingresó como asistente para luego tomar a su cargo la dirección integral de la segunda mitad de la segunda temporada (Sailor Moon R) y gran parte de la tercera (Sailor Moon S). Visto el éxito comercial que la franquicia comenzó a tener, se decidió hacer una película para seguir estirando las expectativas. La dirección del film recayó en KI, que ya demostraba sus dotes en la serie con un estilo propio, aportando frescura y un tono relativamente oscuro a lo que en ese momento representaba la historia original de la creadora y autora de SM, Naoko Takeuchi (con quien KI posteriormente tendría sus claras diferencias).

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Afiche de la película de Sailor Moon R: The Promise of the Rose (1993)

La película en cuestión fue Sailor Moon R The Movie: The Promise of the Rose (1993, y de próxima remasterización en BluRay en EEUU, en abril de 2017) y transcurre, como casi toda película comercial en el caso del anime, en forma de spin-off de la serie y el manga, y cuenta la historia de cómo el extraterrestre Fiore, siendo al mismo tiempo poseído por otra fuerza maligna, busca destruir el planeta Tierra haciéndolo chocar contra un meteorito; hecho desafortunado que Sailor Moon & cia. deberán evitar. Hasta ahí nada novedoso, aunque los puntos que hacen brillar a esta película (considerada la mejor de las tres existentes de SM) son claramente los siguientes:

1 – Fiore se presenta como amigo de la infancia de Mamoru Chiba (alias Tuxedo Mask), al que prometió entregarle “la rosa más hermosa” en su vuelta al planeta. En el reencuentro, ya como adolescentes, Fiore siente celos de Usagi (Sailor Moon), eterna pareja de Mamoru, hecho que lo motiva a “recuperarlo” destruyendo y destruyéndose. Nótese el detalle de la flor marchitada (contraposición horrible/hermoso – muerte/vida) y el guiño homosexual que hace KI entre ambos personajes, como un gesto controvertido para la época). En los guiones planteados por Ikuhara, cada personaje tiene algún tipo de agonía psicológica, por lo que casi siempre demuestran que tienen algo que “aniquilar” para “renacer” (esto es aún más explícito en obras posteriores de culto como Utena y Penguindrum, motivo de dos textos más).

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2 – En otra de sus marcas de estilo, Ikuhara trabaja visualmente con el juego figuras y fondos con colores oscuros,  en un universo intimista (una posible representación del inconsciente) donde los personajes hablan consigo mismos o con otros, explicitando deseos profundos o angustias personales. Como dato anecdótico, cabe destacar que KI es ávido lector del escritor alemán Herman Hesse (Demian, El lobo estepario), de clara influencia existencialista. También considera como algo inaudito que los jóvenes de hoy que quieran trabajar en la industria de la animación no sepan o no se interesen en la literatura contemporánea.

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3 – La crueldad, el castigo y el sacrificio también están presentes como marca personal, aunque agrega un aire surrealista a dichas escenas, con mezclas de colores claros y oscuros, y amplios usos de líneas, figuras geométricas o hasta cuerpos invertidos. A su vez, en esta película de SM, la presencia “floral” no es hermosura o nobleza absoluta, sino que se divide entre el amor y el odio, o la defensa de ambos casi por igual. Hacia el final de la película, Ikuhara despliega la batalla de las Sailor al mejor estilo Saint Seiya, para acabar crucificándolas en un planeta que no es un lecho de rosas, sino de flores predispuestas a marchitarse (algo así como la inocencia perdida, siempre tratándose de saltos de etapas, como la adolescencia a la adultez, un tema recurrente para KI). A estos simbolismos o metáforas que el director entrega en abundancia, y que incluso pueden parecer visualmente heréticos, también se les suma algo de perversidad.

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Ikuhara entre lo bello y lo horrible, con toques surrealistas
Ikuhara entre lo bello y lo horrible, con toques surrealistas

Sin embargo, la gran nota de la película en términos sacrificiales la da la posterior muerte (temporal) pero real de Sailor Moon; escenas en donde también se mezclan la belleza, el horror y la épica. Pudo haber sido este un momento inaugural en la trayectoria de KI para hacer un vuelco al significado de los cuentos de princesas (Blancanieves y La Bella y la Bestia son grandes ejemplos para exponer), hecho que da pie a una incipiente desnaturalización del género de aventuras con protagonistas femeninas para el caso japonés. No es misoginia, sino casi una reacción contracultural desde el núcleo de la industria animera.

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Ikuhara otorga así una respuesta posmoderna como parte de un entramado más detallado y complejo de su concepción de entretenimiento (¿será un “pos-entretenimiento”?) y levanta las bases para nuevas historias con mensajes contundentes, a veces hasta bordeando los límites de la crítica social, pero como expresiones artísticas totales.

En resumen, podemos decir que KI construyó sólidas bases nuevas sobre productos instituidos ya de por sí renovados, con lo cual no se trata del duelo entre lo tradicional y lo moderno, sino entre lo nuevo como insuficiente y lo nuevo como expresión y fundamentación del arte total. La era del entretenimiento con la metáfora como protagonista, logrando que el espectador pueda armar y destruir su propio rompecabezas, sobrecargado de simbolismos y constantes disputas de sentido. Más allá del anime como tal. Y más acá de lo que aun nos empeñamos en llamar Realidad.

 

Continuará

Poesioteada

Reconozco tus pisadas,

porque tus zapatillas no tienen vergüenza,

no se prepotean entre sí

por la mancha de mate que una de ellas tiene:

arcoíris verde blanco y tierra sobre tus pies.

Me siento como quién abre la puerta

para que pase la declinación.

Todos los dedos pegoteados de la casa

se chocan con la mesa de madera,

tac tac tac,

se nos drena la consciencia kukachara, kakuracha.

Mi exceso de comas te lava el cerebro,

es como un copy paste que te tortura,

y yo estoy hasta la manija de esas frases tan completas.

Y si los dos somos el desatino,

yo te conozco desde que eras un pastiche.

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Jean Paul y Simone

La indiferencia no tiene perdón

Todas las instituciones están sufriendo, hoy en día, una crisis radical que, de suyo, modifica sustancialmente tanto a así mismas como su relación con su afuera. Y quién no cree en este tipo de crisis, sinceramente, debería salir más. Ahora bien, tal crisis se sostiene desde una situación peculiar: la insistencia de lo que Nietzsche llamó “la ilusión de los trasmundos”. Un reflejo de nuestro tan abigarrado platonismo histórico produce, tangencialmente, un desarraigo entre la actividad crítica y la “vida real”, esto es, que las instituciones naturalizan su forma de ser y sus transformaciones, por un lado, y que existe una gran producción de reflexiones y actividades intelectuales ajenas a la vida lisa y llana, por el otro. Pensemos en el libro para poder pensarnos a nosotros mismos. Parece que la vida dentro de los libros estuviese una madre de años luz adelantada de la de nosotros mismos. En los libros se ha reflexionado sobre cuestiones trascendentales de nuestra vida que en su praxis vital siguen concretándose desde una mediocridad propia de los estereotipos medievales. Acérquense, sin más, a cualquier biblioteca y pónganse a hojear libros de filosofía, de sociología, de teorías de género, de ciencias políticas, de literatura (de ficción y de las otras), de lingüística, de psicología, de metafísica, de ética, de economía, y podrán ingresar a universos paralelos desmesurados. Por supuesto que también encontramos en los libros la estupidez de muchos. Nadie lo niega. Pero dentro de esta concomitancia lo que hay que preguntarse es por qué nosotros, hombres y mujeres, como sociedad y como individuos, no estamos a la par de esos libros mal llamados “vanguardistas” o “adelantados”. No estamos hablando de libros impresos ayer, estamos hablando de libros impresos hace cincuenta años que aún siguen considerándose “adelantados” (y lo peor es que no sólo a su época, sino a la nuestra). Acepto que un libro pueda ser adelantado a su época. No acepto, bajo ninguna circunstancia, que un libro siga siendo “adelantado” a su época, cincuenta años después de su época. Eso no es un buen decir sobre ese libro. Es un mal decir sobre nosotros mismos. Significa que en cincuenta años no pudimos aprender absolutamente nada. Significa que no fuimos capaces de escucharnos y darnos cuenta de que estamos cometiendo una equivocación y enmendar nuestro error. ¿Cómo es posible que el común denominador, el inconsciente colectivo, el sentido común, (o cualquiera de todos los otros nombres falsos con los que se le ha llamado al “correcto pensamiento de la mayoría”) siga sin comprender que la mujer no es una mercancía que se posee después de Simone de Beauvoir, Teresa de Lauretis, Judith Butler, Paul B. Preciado? ¿Cómo es posible que esa mayoría siga dándole valor a una meritocracia después de haberse escrito “El capital” hace un siglo atrás, después de Kafka, después de Nicolás Olivari? ¿Cómo es posible que nadie ponga un pie en la lucha para combatir el imperialismo después del “Calibán” de Fernández Retamar, después de José Martí, después de B. de Sousa Santos, de Rivera Cusicanqui? Y esto son sólo algunos ejemplos elegidos al azar, con el simple criterio de que son los libros que tengo más a mano del computador en este momento. La respuesta es muy sencilla: porque no los leen. Mientras que “Las aventuras del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” sea un libro que se edite para los estudiantes de literatura, mientras que “El capital” de Karl Marx siga siendo un libro para “zurditos”, mientras que la literatura comprometida siga siendo una ilusión del setentismo post Che Guevara de la que nadie le interese regresar, la separación entre la vida y las palabras seguirá siendo subrayada. Mientras exista ese subrayado, ellos habrán ganado. Y ninguno de todos los que han muerto hasta hoy por el capitalismo, por el patriarcado, por la miseria, por el poder, tendrán su justicia. Porque la justicia sólo existe si, después del hecho injusto, supimos ser mejores personas. Y para ser mejores personas tenemos que comprender que la simpatía y la empatía no son la misma cosa. Y que si algo parece estar desnudo, es porque está desnudo. Que es nuestra responsabilidad no comernos el buzón de la narcotización de la información. Y que, si renunciamos a esa responsabilidad, las palabras siempre contendrán su poder revolucionario.

Y llegará un día en que ni la más hermosa poesía será capaz de enternecernos. En ese momento, estaremos todos muertos. Para siempre, muertos, adentro de nuestros cuerpos.

Ezequiel Fernández Bados.

Baires escupe tus rimas

“Hay una cuestión/ endiablada/ arcangélica/ trascendente/ promiscua/ que me perturba/ y quiero exponer: […] Graciela Cros

Soñé con vos, pero tu cara no era como la recuerdo en este momento. Era lisa, de color café con leche. Me estoy riendo, a vos te hubiese dado risa. Pero no la risa de Julia y Antonio jugando a no parpadear, (no risa de planta) no, no. ¿Cómo te explico? El primer día que nos vimos. Risa milagro, risa color arena (no de playa), arena placita de barrio, -como a la que ibas con tus amigos a tertulear-. Y ahora que ya estoy despierta y bastante lúcida, tengo una duda…

Soñé con vos, y a decir verdad verte en el cartel de la estación un mediodía de julio es la ironía más vial del viento, como que ‘dar’ se diga igual que el cubo con números que marca nuestra suerte en el juego. Te he dado tan poco, tan poca música, pero te he dado calles, ¡qué suerte la tuya!, caminaste por todas las calles de Buenos Aires colgado de la bufanda de una loca cansada. Estamos perdidos, las palabras se confundieron y ahora todo tiene que ver con tu nada, con tu caricatura que me camina por la espalda; y alguien desde un rincón de la habitación me sopla el café a la mañana, me despeina, y me echa de casa.

Creo en la fuerza irónica de los que patean el conurbano, porque si la calle existe te  voy a ver y me vas a dar la sal que le robaste al pétalo de las cenizas de la ciudad cayéndose a pedazos de manos vacías. Porque te  voy a ver, como siempre, tormentoso y en silencio asesino, para que no me confunda tu voz con el caos del mediodía lluvioso. Te voy a ver y todos mis planes se van a mirar con odio entre sí  y van a saltar juntos de la mano hacia la nada, van a morir inevitablemente, como muere la tarde cuando se nos acaba la yerba y sobre Buenos Aires se tiende la sábana con la que tapamos todos los boletos del bondi que no tomamos. Y te propongo algo: invisibilizemonos, como el camino del caracol que anduvo por mi patio una tardecita en los ‘90, mientras se escuchaba en la vereda una canción maratónica. Ironías peatonales/musicales, como tus fantasmas encontrando en mi sonrisa su hogar.

Soñé con vos: Buenos Aires chorrea tu nombre, Buenos Aires escupe tus rimas, Buenos Aires es igual al mediodía en el cual te propuse invisibilizarnos. Y la ironía de tu nombre es como un imán de palabras conurbanizadas, como despertarse cantando Julio Sosa un 4 de julio y mirar por la ventana que se parece a la ventana de tu casa, o mirar el cuadro que se parece al cuadro de tu pared, o tomar el mate que no se parece en nada a tu cara café con leche, ni a mi sueño leche con café.

Soñé con vos, y ahora que ya estoy más despierta y sin cuatro de julios en las medias, tengo una duda: ¿el café con leche con más café que leche o con más leche que café?

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Devoto, Buenos Aires.

Nuevas formas viejas de consumir estupefacientes: el Amanita Muscaria y la fría Siberia

Las tribus en Siberia no conocían muchas sustancias narcóticas, hasta que los rusos llegaron con el alcohol en el siglo XVII para que la gente siguiera construyendo su estereotipo.  Antes de eso, su único recurso era el  Amanita Muscaria o Matamoscas, un simpático hongo con forma de sombrero, rojo y pintas blancas. Si la descripción no alcanza, el arquetipo de seta de los dibujos animados es justamente un amanita.

Cuenta la leyenda que el hongo que se comían Mario y Luigi para aumentar su tamaño y romper cascotes con la cabeza, era justamente este. La teoría se apoya en el detalle de que uno de sus efectos es alterar la percepción de las dimensiones tanto del propio cuerpo como del ambiente. Si nos tomamos la teoría en serio podemos gritar en el café, dando golpes a la mesa, que tal vez los bigotes esos no crecían, sino que percibían su propio cuerpo más grande -o las cosas más chicas-, se envalentonaban y entraban a darle cabezazos al techo de puro drogados. (Disclaimer: la redacción de Revista Narco acusa pleno conocimiento de que los peritajes realizados a los frames del Mario Bros. indican que los fontaneros rompían los bloques de ladrillos con el puño, pero considera que la imagen folclórica aceptada popularmente es ampliamente mejor.)

Lewis Carroll, en el relato original Alicia en el país de las maravillas, hace que la protagonista lo use en sentido inverso al de los hermanos, ingiriéndolo en pequeños trozos para disminuir de tamaño. Hasta se lo relaciona con uno de los posibles orígenes de la leyenda de Santa Klaus, ya que al parecer los curanderos se subían a los tejados bajo sus efectos y bailaban cerca de las chimeneas en un rito digno de ver.  Pero el tema que nos ocupa no son las referencias de la cultura pop, aunque nos encanten, sean muchas y muy, pero muy tiradas de los pelos e improbables. Hoy vamos a hablar de aspectos más eruditos y técnicos para que el lector pueda repetirlos en reuniones familiares y en el registro civil.

El hongo no se consumía fresco ya que posee ácido iboténico, un aminoácido neurotóxico. Pero, si se deja secar la seta, esa sustancia se convierte por descarboxilación en muscimol, el componente psicoactivo que causaba los efectos deseados por las tribus siberianas. Una vez deshidratado se mezclaba con agua, con leche de reno o con jugo de plantas dulces y se lo bebía. También se lo apelmazaba en una pequeña bola y se lo humedecía en la boca. Más allá de la fría y rústica Siberia, su uso se llegó a extender en culturas de todos los continentes, dando como resultado no solo una enorme variedad de modos de consumo, sino un gran catálogo de matices en cuanto a efectos debido a que las particularidades climáticas y en la composición del suelo de cada región promueven diferentes concentraciones de muscimol y otras de las sustancias presentes en él.

Ahora bien, el muscinol posee la llamativa propiedad de pasar casi inalterado a la orina. Una vez ingerido el brebaje, la cantidad de droga que no sea asimilada por el cuerpo resiste utilizable el filtrado de los riñones. Esto permitía una especie de efecto de desborde: los miembros más pobres de las tribus koryaks, por ejemplo, esperaban fuera de las tiendas a que alguno de los invitados a la fiesta saliera a orinar para… bueno, se entiende.

Como si no bastara con las anteriores revelaciones, la historia se vuelve aún más compleja. El muscimol viene acompañado de un alcaloide tóxico: la muscarina. Esta especie de hermana malvada y desagradable del componente activo irrita el estómago, causa nauseas, marea, provoca diarrea, hace que se nuble la vista y dificulta la respiración. Pero justamente la adversidad fortalece, y el espíritu humano se torna capaz de sortear cuanto obstáculo surja con tal de drogarse. La naturaleza, en su inmensa sabiduría, no le otorgó a la muscarina la habilidad de su hermano: una vez ingerida, no pasa inalterada a la orina. Esto da pie a otra serie de interpretaciones sobre los ritos en que se aprovechan los efectos del hongo bebiéndola.

El chamán o anfitrión usaría directamente la seta, recibiendo con él la mezcla de componentes deseables e indeseados. Así, a manera de responsabilidad religiosa o de agasajo para los concurrentes, solo él se vería afectado por la muscarina, ya que el resto podría beber su orina y acceder al muscinol sin sufrir los efectos adversos de su hermana horrible, horrible, horrible. Un héroe recibe las balas en pos del bien común, un filtro humano de muscarina protege al resto. En otros ritos, sencillamente se le daba el caldo al ganado, para luego recolectar su orina y que el bicho se las arregle, aunque su estómago y cantidad de kilos de existencia le ayudaran a sobrellevar los efectos indeseables de una manera más digna.

 

En esta época de luchas reivindicatorias en pos del consumo personal frente a la criminalización; tiempos complejos en que se debate sobre las modificaciones de la ley de estupefacientes, sobre sus aspectos oscuros y limítrofes, sobre si beneficia a los narcotraficantes y productores llanamente industriales y esclavistas desalentando la autogestión (no nos miren a nosotros, vivimos de lo que podemos), desde Revista Narco simplemente queríamos recordar los buenos y viejos tiempos, esos años más sencillos en que bastaba secar un hongo y tomarte el pis de tu mejor amigo para ser feliz.

 

 

 

Miércoles negro: lo que nos ocupa es esa abuela; la consciencia que regula el mundo.

Significativo: por la cabeza no se pudren las civilizaciones. Lo harán, en primer lugar, por el corazón
A. Césaire

Todos los imperios caen, y esa es la ley primera.

Es cierto, lo más peligroso de la historia es el olvido. Ese olvido fue, en todas las épocas, la carta reivindicatoria de los imperios: cuando devenimos en ese olvido, vuelven a existir los Estados esclavistas, los colonizadores, la bota europe-unidense; se vuelven a repetir los infinitos muertos, y la gran máquina grecorromana de picar literatura. Cuando devenimos en ese olvido es cuando tendemos a desaparecer.

Entendámonos, marchamos por Claudia Lorena Arias, Marta Susana Ortiz y Silda Vicenta Díaz, asesinadas a puñaladas por Daniel Gonzallo Zalasar, en Mendoza; marchamos por Micaela Elias, asesinada en Florencio Varela por Héctor Velzaquez (remisero) cuando la llevaba al trabajo; marchamos por Adriana y Cecilia Barreda, ambas asesinadas por su padre a escopetazos, junto a su madre y su abuela; marchamos por Gimena Álvarez, violada y asesinada por dos hombres (por ser mujer trans); marchamos por María Cash, desaparecida en democracia en el año 2011; marchamos por Evelia Murillo, maestra rural asesinada de un disparo mientras intentaba proteger a sus alumnos de un violador, en Salta; marchamos por Nicole Saavedra Bahamondes, secuestrada y torturada durante días, posteriormente asesinada, por ser lesbiana; marchamos por Natalia Liva, asesinada de un disparo en la cabeza por su marido -policía bonaerense-; marchamos por Nora Dalmasso, estrangulada por su marido, Marcelo Macarron, quién hoy en día está libre; marchamos por Micaela Galle, Bárbara Santos, Marisol Pereyra y Susana de Barttole, asesinadas en su domicilio en La Plata; marchamos por Andrea Castaña, violada y asesinada, escondida bajo piedras, en Córdoba, después de dejar a sus hijos en la escuela; marchamos por Sandra Gamboa Ayala, hallada violada y asesinada en un edificio de ARBA, en La Plata; marchamos por Mariana, asesinada de dos tiros por su ex pareja;  marchamos por Sofía, niña de tres años, violada y asesinada por su padre para “castigar” a su madre; marchamos por Agustina Salinas, asesinada de una puñalada en el cuello por su novio, luego de una discusión; marchamos por Cassandre Bouvier y Houria Moumi, asesinadas en la quebrada de San Lorenzo, Salta; marchamos por Claudia Judith Palma, de nueve años, violada, mutilada, y degollada; marchamos por Liz Funes, asesinada por su ex pareja en Córdoba; marchamos por Marita Verón, secuestrada en el año 2002 para la trata de mujeres y la explotación sexual esclavizada (aún continúa desaparecida); marchamos por Leticia Cayuli, asesinada por Bruno Tula, en Ingeniero White; marchamos por Marisol Oyhanart, torturada y asesinada en Saladillo; marchamos por Karen Álvarez, violada y asesinada por dos hombres; marchamos por Carina Drigani, asesinada en Córdoba; marchamos por Lucía Pérez, drogada (hasta perder la respuesta corporal), violada, y asesinada por un paro cardíaco producido tras los múltiples objetos que le introdujeron en el recto contra su voluntad.

Una marcha que retroalimenta nuestra literatura de batalla. La retroalimenta en nuestros cuerpos, en nuestras mentes, en la extensa autopista de nuestra piel. La retroalimenta en una vibración eléctrica de dientes apretados, de puños apretados, en alto, al cielo. La retroalimenta, y es cierto, aunque haya quién no quiere que marchemos.

La verdad es que, hay algo bastante mal en este país, ¿no lo creen? 

Adivina, adivinador, de qué se trata tanta casualidad. Yo te propongo una serie histórica que no es una contingencia ni casualidad, sino un plan sistemáticamente practicado sobre nuestros cuerpos. Nuestros cuerpos, entendámonos, los de hoy y los de ayer. Un plan colonizatorio cuyo objetivo es pisotear todo su ser-en-cuanto-tal, por usar las categoría del verdugo, de los colonizados. Un plan de control

Y es curiosa esa palabrilla: colonizados. Una raíz común (coloniza) para dos personas: colonizados. ¿Cuáles dos? Los que fueron, y los que vendrán: ese es el objetivo del plan. La colonización de ayer necesita reduplicarse en los que vendrán.

Una colonización que se ha reduplicado, por ejemplo, en todas las dictaduras, financiadas por los imperios europe-unidenses, de América Latina en el siglo XX. Dictaduras desaparecedoras, torturadoras, aniquiladoras, y también esclavistas (ya no para una producción económica determinada, sino para una producción más peligrosa: la producción de una destrucción paulatina de la identidad de una persona; sin duda, una producción de muerte). Porque es cierto, si hay algo que tiene en común toda América Latina, es que huele a muerte. 

Por eso, adivinador, no es casualidad que de la colonización hayamos desembocado en las dictaduras, y de las dictaduras hayamos desembocado en los femicidios actuales (que no es más que otra forma de colonización, que no es más que otra gran forma de dictadura).

Por eso marchamos. Marchamos de negro, y no es casualidad. Marchamos llevando en nosotros, en nuestros cuerpos, el color de los vencidos: el negro. El color de los vencidos, ayer; el color de la resistencia, hoy. Y un pañuelo atado sobre nuestra consciencia. Porque si de algo estoy seguro es que el color de la revolución no es rojo: es negro. Porque si de algo estoy seguro, es que nuestro trabajo debe ser fijo y sin descanso, para que este plan sistemático de destrucción de seres no alcance a los que vendrán. 

Para que por fin, de una vez y para siempre, el amor nos venga a salvar.

Anacronismos: El desalojo del barril

íAnacronismos: El desalojo del barril

Debajo del campo verde, mucha sangre hay en el suelo,

yo bien sepa adonde voy, sin saber de adonde vengo

Atahualpa Yupanqui

Todas las casas de la infancia se parecen desde los ojos de un niño con ya muchos años en las manos. Todos los patios tienen al menos: una abuela, un barril para esconderse, un carro para levantar hermanos, y un changuito con cuatro ruedas para hacer los paseos turísticos por el pasillo de baldosas cuadriculadas, o navegar por la tierra mojada que ahoga la vereda inexistente. Y sobre esto hay una afirmación con la que nadie nunca podría disentir: es imposible conocer la procedencia de dichos elementos adultoinfantiles. Pero esta cuestión no tiene mucha importancia, porque el simple reconocimiento de la existencia de este trío, es antídoto para cualquier infancia vacía y fantasmal.

El barril fue casa, molino, y caballo triste para un pequeño y poderoso jinete. El carro fue el vértigo que terminó en guerra de castañas, y el chango de cuatro ruedas el grito dulce de la abuela desde la puerta de la casa.

Que todas las casas de la infancia se parezcan, al igual que las puertas cerradas de una biblioteca o el fuego destruyendo un poemario asesino de “mentes frágiles”, es una realidad aterradora de ensueño y confusión, de cadenas en la boca del estómago, de abrazos escalofríos y remos partidos. ¿Eran libros los que esa llama furiosa quemaba, o sólo pasto y paja? ¿Cuál de todas era mi casa?, ¿Cuál fue mi barril?, ¿cuál mi pasillo?, ¿el de cemento o el de barro?

Y a pesar de que los ojos empañados con humo de café y frío de ciudad ya no reconozcan aquella casa, la voz de la nostalgia sigue apretando los hombros de quienes hicieron de aquel barril azul su hogar, de quienes frente al desalojo de sus oscuros cuerpos y la destrucción de sus opacos tesoros, tuvieron que renunciar a vivir en ese barril toda la tarde, es decir, toda la vida. Porque para los que temen la caída del sol, el amanecer es la muerte cruel de todas las ilusiones nocturnas, es el eco del dulce grito de la abuela. Esa ilusión que está resumida en un día más. Y nuevamente llega el mañana y los encuentra con fiebre en los tobillos. Un día más y la espalda de los cansados comienza a sentir una caricia como un disparo a traición.

No hay zapateo que supere el cansancio, ni la tos de los libros que ya no se encontrarán en la biblioteca (ni debajo de la tierra). Tampoco las manos vacías encuentran un lugar en dónde sumergirse y quitarse los restos de barro que la navegación les dejó. ¡Y acá está! Acabamos de encontrar la bala del disparo a traición, estaba recostada plácidamente en las manos que ya no pueden tocar, en las hojas que ya no pueden ser acariciadas, ni arrancadas en un ataque de furia épica y pegadas con cinta en una embestida de arrepentimiento poético.

¿Cuál es el lado correcto de la lucha?, ¿el de la abuela vigilante de rodillas?, ¿el del hermano y su trinchera repleta de castañas?, ¿el mío, con sólo tres ramitas en la mano como arma de defensa?

Apaguen el fuego, ya estoy afuera. Me rindo. Acá están mis armas. Sólo tiren las castañas al suelo y vayamos a comprar caramelos a la esquina.

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Miguel Elías

Mates hitos

Autor: Pablo Javier Rosas

“De tantas cosas relacionadas con mi padre me acuerdo especialmente de aquellos regresos a casa después del trabajo.  Eran siempre noches grandes, cargadas de estrellas y silencio.” 
Antonio Dal Masseto

 

El agua que sube por la calabaza entibiece mi mano como una caricia de otoño. Ahí la dejo mientras sorbo el mate amargo, juego a escucharme en el sorber, aumento y disminuyo la intensidad de succión.
El mantelito sobre la mesa, impoluto, con sus florecitas vinílicas se pega a la base calentita del mate, parece que se ablanda y estira cuando quito la calabaza de encima, a veces hasta se queda algo húmeda la zona como si la calabaza se solidarizara con el sintético vergel estampado en el mantel y lo estuviera regando. Es un momento de introspección en que parece que todo está en orden, si hay algún otro ruido en el ambiente, prevalece siempre en los oídos del sorbedor, el ruidito de la bombilla. Es como un cosquilleo muy agradable y terapéutico. Siento que puedo controlar el silencio, sólo el vapor del agua caliente que lanza hacia arriba fantasmitas danzantes, desafía la quietud y la paz a la que juego controlar.
El próximo mate lo rebalso sin querer y algo de agüita verde de Pampa se escapa y chorrea alrededor, el cercano trapo de rejilla, infaltable en la mayoría de las cocinas criollas, me ayuda a volver a controlar el orden litúrgico de mi sesión de mate. Pienso en esa mini catarata donde cayeron unos trocitos de hoja y palitos de yerba como una reproducción en miniatura de la escena de la película La Misión, cuando cae la cruz en aquel imponente salto de agua y desaparece en la caída entre la efervescencia feroz del torrente. Pero en este caso controlo el drama con el trapito rejilla. Éste sacrifica su integridad por mí que me desembarazo del charquito ocasional.
Desde el remanso de silencio y control, es mi deseo más profundo volver a sentir la caricia otoñal que significa llenar la calabaza con el agua caliente otra vez. Jugaré nuevamente a sorber y escucharme, ésta vez dejaré el trapito rejilla más cerca, con su mancha verde que este mañana lo ha marcado, es la señal inequívoca de un momento más, de esos que conforman los rutinarios placeres cotidianos que a veces despreciamos.
Esa mancha que ahora me roba la mirada, por momentos la veo sin mirar, pero ya estoy analizando su forma, sin darme cuenta… me cebo otro mate y miro de reojo al trapito que me acompaña, ya la mancha se apropia de mi imaginación, ya no es la caricia otoñal, el
ruido del mate al sorber… El cosquilleo en mis oídos se distancia hasta casi desaparecer, ahora sólo busco una explicación en la forma de la mancha, es un acertijo verde, con restos de palitos y hojitas que sobresalen de la red que conforma aquel lienzo enrejado de algodón, como si fuera la espalda de un felino marciano, ese animal agazapado que acudirá en mi auxilio en la próxima mancha de mate que luego se transformará en otra bestia aún más grande y a zarpazos limpios deshilachará la calabaza si fuera necesario, para que no vuelva a manchar nada y todo vuelva a la normalidad y el silencio se apodere de la selva amazónica del mantel vinílico con florecitas silvestres de mi mesa.

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Molina Campos

Dos lunas y el tiempo, y todo lo que nos rodea.

Los científicos aseguran que el tiempo comenzó cuando surgió el universo. Tú y yo parte de un universo que nos sostiene y nos atraviesa cada poro de la piel. Tu piel. Tu piel que se apoya en la mía y comienza a nacer la materia oscura, materia invisible pero notable por la fuerza de gravedad que hay entre nuestros cuerpos. Tu cuerpo. Mi cuerpo. Entonces te tomo de la mejilla y te suspiro al oído aquellas palabras que jamás has oído, aquellas palabras que aún no tienen significado y tú me sonríes, y comenzamos a unirnos como dos letras (quizás sólo seamos letras que buscan ser sílabas), y tu piel se desliza sobre el abismo y comienzo a sentirte. Tus ojos me rodean como la luna a la Tierra, como quererte tanto que no me caigo, como eclipsarme al verte rodeada de energías que florecen en un cielo de planetas. Es que tus universos me rodean el alma, y en mis venas comienzan a nadar mis ojos descolocados de este mundo; vamos más allá de lo real, vamos más allá del tiempo, estamos frente a lo galáctico, donde el tiempo parece ser eterno. Y en aquel momento de deja vú y bocas cercanas, cuando mis ojos se penetran en tus verdes planetas, comienzo a susurrarte…

Comerte de a poco como si fueras aquello que puede saciar el apetito de un universo envuelto en letras que giran sobre el sol formando una poesía que grita tu nombre y tus labios comienzan a tocar los míos con gusto a libertad lo cual crea un laberinto de sensaciones casi eternas por querernos quedar en ese tiempo que huele a miradas cristalinas y cuando te miro el dolor se tiene y ya no existen las pausas ni las comas ni los puntos sólo te estoy comiendo textualmente entre las palabras que giran en torno a mi boca y tu boca unidas en un papel que nos cubren los cuerpos desnudos de tabúes y clichés y entonces el sueño se vuelve la plena realidad y lo real sólo son los sueños que nos unen y nos hacen girar en torno al sol y entonces empiezo a amarte con mi boca que sostiene tu saliva con gusto a magia y esto es un enorme sueño en el que te sueño soñando y besándome en cada fonema de esta galaxia sin puntos ni comas ni paréntesis ni guiones porque no son necesarios para vivir en este rincón de vuelos de golondrinas sobre mi pecho y tu piel que gira y gira apoyándose en la mía y revivimos y soñamos y somos dos somos la libertad de las palabras aún sin escribir

 

Me alejo de tu sentido de percepción, y entiendo la incógnita de mi existencia. Los científicos aseguran que el tiempo comenzó cuando surgió el universo. El universo entendido como uno y todo lo que lo rodea. Yo creo que el tiempo comenzó aquel día cuando te miré a los ojos como dos lunas de Júpiter formando un eclipse doble, como todo lo que me une y me rodea.

universo
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Okupar!

“La Historia parece propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”
Rodolfo Walsh.


Desahucio. Desahucio y poder tendrán aquellos que miden el mundo con la vara de su mente perversa. Un poder infinitamente irreductible para extinguirse bajo sus propias pieles. ¡Para todas/os, todo! ¡Es hoy nuestro tiempo de Okupar! Okupar el espacio que habita entre las palabras y las cosas. El espacio entre el sol y lo detrás del sol. El espacio-espacio. ¡Para todas/os, todo! Okupar, en fin: tiempo de volcarse de actividades improductivas tales como leer y escribir, y componer música, y creer. Ya es tiempo. No importa que nos equivoquemos, si es nuestro error el que alienta a otros a errar. ¡Es tiempo de d – e – s – e – n – f – o – c – a – r ! ¡Y qué importa ya el gran aparato de desesperanza!, si a pesar de todo (o quizás porque existe) estamos vivos. Y estar vivos es nuestro acto revolucionario. ¡Y qué importan ya sus cárceles y sus fábricas de picar carne!, si es la poesía nuestro ariete de batalla. Y así la memoria de los que ya han muerto en la paranoia de la supervivencia no nos acompañará en vano. ¡Hay que Okupar! Okupar los muros; y así verás cómo, cuando la literatura haya tomado las calles, temblarán los grandes líderes del mundo. Okupar el inconsciente colectivo. Para todos los niños latinoamericanos que han muerto. Para los desaparecidos. Para los homosexuales. Para las mujeres asesinadas. Para los ángeles aborígenes. Para los árboles. Para mí. Para vos. Para los que fueron, los que son, los que quieren ser. Okupar desde la piel del cielo hasta las praderas mismas de nuestra conciencia. Y que sea para todas/os, todo. Y entre tanto, tú y yo somos la contrahumanidad. Es decir, la electricidad de la supernova microscópica de nuestras palabras. ¡Imagínate, chica! quizás dentro de cien o doscientos años algún estudiante de literatura pasará noches en vela desglosando los múltiples mensajes cifrados que nos escribimos entre líneas para decirnos todo eso que ya sabemos, pero que nos gusta decirnos de todos modos. Y será este el comienzo de nuestra foca-literatura. Entonces, literatuya. Después de todo, quién nos habrá visto la cara de soñadores…

Abcquenomesale

“Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre, y eso es lo que realmente somos” José Saramago

“El nombre que tenemos sustituye lo que somos: no sabemos nada del otro” José Saramago

-¿De dónde viene tu nombre[1]?-, le preguntó, y el verso que estaba tejiendo[2] se destejió escapando hacia la esquina de la avenida negra. Él miró hacia esa dirección deseando salir a buscarlo, pero volvió a mirar donde estaba ella, y eligió la prosa destructiva del salto al vacío, la mancha de café sobre las manos pálidas de sus pesadillas[3].

Siguiendo el hilo que colgaba desde[4] su mochila rota hacia su bolsillo vacío, llegó al banquito en el cual se sentaba a tejer algún verso, él, el que[5] nunca tuvo firma ni forma, el que con la voz cansada de tartamudear carteles de la calle, volvía silencioso a la habitación que diariamente olvidaba que existía, porque había hecho de la esquina su casa, y del banquito de la avenida una biblioteca cercada de voces viejas, pero menos cansadas que la suya.

Cuando ella tuvo su diccionario en las manos leyó cada palabra tachada con lapicera negra; eternizadas, apuñaladas, vibrantes, asfixiadas de vértigo. Tenía subrayada la[6] palabra CRISÁLIDA[7], y él se imaginaba una mariposa cuando la leía, se imaginaba algo que se rompía: su espalda que se rompía, que estallaba debajo de su mochila pesada, deshilachada.

Deso no vuelve“, le dijo un día él, el que nunca tuvo fe-forma-licidad, y miró con melancolía su diccionario azul[8]. ¡Y qué importaba!, si ella vivía las nauseas que le provocaba el intento de recuperar con sus letras la memoria que él se[9] traía callando en su voz noche de julio. Porque al final del día ninguno de los dos recordaba en qué esquina sucia de Buenos Aires se encontraba su primer palabra, su primer caminata sobre el barro caramelo del barrio lluvioso, su primer caótica pregunta, ni la primer última poesía que ella le había escrito, al sin fi[o]rma.

Él entendía la lijadura de la espera, del cielo esperanzarandeado y de las respuestas improvisadísimas. Por eso nunca tuvo firma, y cantaba sin olvidar quién era, quién era para él, quién era para ella, quién era para el aire que lo cacheteaba. Leía con emoción, corría con delicada in/dirección, adoraba los lugares vacíos. Mientras dibujaba[10] sus sueños, ella en silencio se preguntaba: ¿de dónde proviene su nombre?, ¿de qué calle rota?, ¿qué poeta maldito lo soñó? ¿qué vago del conur le escupió la cara?

Él, el del nombre tembloroso, dormía en las palabras que aún no conocía, (las decía dormido), y ahí estaba ella, mirándolo llegar desde[11] la[12] esquina rota[13] de Roca, con la Babilonia[14] en las mejillas oscuras, cambalacheando la vida. Lo veía llegar, desde la ventana de aquel diccionario, desde los ojos de aquella hoja, desde las hojas de aquel poeta ‘iletrado’ y confundido, que danzaba literariamente las palabras de su abcquenomesale [15].


[1] ¿Viste cuándo querés preguntarme como se llaman los hombres que se paran en la esquina de la avenida? ¿O cuándo quiero saber cómo hacer barquitos de papel que no se hundan? Vos me decís… y yo te digo…

[2] La araña que vive en la puerta de tu baño, ella te lo puede explicar mejor.

[3] Cuando te levantaste temblando porque creías que no habías llegado todavía a Buenos Aires, y sentiste que tenías las zapatillas y los bolsillos llenos de agua.

[4] Roca hasta Babilonia, ayer hasta mañana.

[5] Como cuando te dije que sos la mancha de café en mi mano pálida.

[6] Cuando hablás de mí, de la chica que habla rápido.

[7] La palabra que te hace imaginar que el mundo se parte en pedazos como tu espalda bajo la mochila.

[8] No como el cielo, sí como tu diccionario.

[9] Usted no se vaya nunca.

[10] Cuando me quisiste decir algo que no sabías cómo escribir, ni pronunciar.

[11] Tu casa hasta la mía.

[12] Cuando te acordás de mí, de la mujer que te regaló el libro de lunfardos.

[13] Tu mochila, la avenida, las uñas de tus manos.

[14] Nuestra casa.

[15] Tu nombre tejiendo pesadillas desde que la crisálida azul se dibujaba desde la rota Babilonia.

30 años de Saint Seiya (y de lo que no fue)

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El 15 de septiembre y el 11 de octubre de 1986 hacián su debut en Japón, respectivamente, la publicación del manga y la serie de anime de Saint Seiya (SS), la obra de culto de Masami Kurumada (MK) que a mediados de los ’90 en occidente se hizo famosa bajo el conocido título “Los Caballeros del Zodíaco”. Estos datos dan cuenta que este año, 2016, es un momento de celebración para los nipones y las empresas que patrocinan la marca, que está cumpliendo 30 años de vigencia y que tras varias polémicas y resurrecciones busca reinventarse para cumplir con un difícil doble papel: ser atractiva para las nuevas audiencias más jóvenes y, al mismo tiempo, no dejar indiferentes a sus seguidores adultos, hoy ya con un promedio de 27 a 40 años.

No vale la pena hacer un recuento completo de lo mucho que se ha escrito sobre las aventuras de los “Santos” durante una treintena de años. Sin embargo, en este breve texto, rendiremos homenaje a lo que también no pudo ser: el final que la historia merecía y (técnica y “socialmente”) no se pudo lograr en la gran pantalla.

El problema de la Saga de Hades en los 90

Como es sabido, el final de la historia original planteado por Kurumada a fines de los 80 en su versión impresa data de la cruenta batalla de los Santos de Athena contra Hades, el dios del inframundo. Sin embargo, y como suele suceder en los proyectos que “pasan” el manga a la animación, la sincronía nunca es perfecta, ya sea por cuestiones comerciales o de común acuerdo entre productoras de TV y los autores. En este sentido, el manga de MK culminó el 15 de Abril de 1991, mientras que la serie de TV finalizó luego de 114 capítulos el 1 de abril de 1989. ¿Y qué fue lo que ocurrió en ese “vacío” entre 1989 y 1991? Simplemente, la serie de TV había “soportado” su adaptación hasta la Saga de Poseidón en el 89 (previamente contó con la inventada Saga de Asgard), alcanzando a la publicación de MK, quien 11 años después afirmaba en una entrevista a la revista Men’s Walker (2000) que sentía un fuerte desgaste al tener que realizar técnicas de dibujo cada vez más complejas, en relación al detalle de las armaduras que vestían todos los personajes. Ese pareció ser el origen de la pausa del anime y la publicación más lenta del manga. Sin embargo, ya todos sabían que la historia continuaba en la saga de Hades, puesto que MK seguía publicando la historieta a pesar de la fatiga personal y la pérdida de interés del público.

Para ese entonces, la versión animada de SS contaba con los 114 capítulos para TV (final de Poseidón) y 4 películas para cine, todas ubicadas en “universos paralelos” que no pertenecían al cánon original de MK. Las dos más recordadas son “The Heated Battle of the Gods” (“Kamigami no Atsuki Tatakai / La ardiente batalla de los dioses”), con la espectacular música de Seiji Yokoyama -que ya se lucía ampliamente en la serie- y “The Legend of the Crimson Youth” (“Shinku no Shōnen Densetsu / La Leyenda de la Juventud Escarlata”, conocida popularmente en latinoamérica como “La película de Abel”, y que abreviaremos como LOTCY), sobresaliente por su elevadísima calidad de animación, banda sonora y escenas tan dramáticas como épicas. En consecuencia, mientras se trataba de relanzar la marca SS con otros productos de venta, los seguidores exigían que se realice dicha continuación para la pantalla, mientras MK ya había tomado la decisión de terminar rápidamente con SS en su versión impresa. Así, la productora Toei Animation “escuchó” a los ¡300 mil! fans que firmaron un petitorio especial y llegó a un acuerdo con MK para animar el final de la historia, afirmando a fines de 1990 que el staff encargado de la serie y las películas ya estaba trabajando en la adaptación de la requerida saga de Hades. Todo esto se confirmó en una nota de la revista V Jump, de la editorial Shueisha, el 12 de diciembre de 1990.

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La tapa de la revista V Jump, de diciembre de 1990.
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Traducción de la nota de la revista, en donde se anuncia el proyecto original de la saga de Hades.

Allí no solo se afirmaba la puesta en marcha del nuevo plan, sino también la salida de un nuevo cd de música con lo que sería la banda sonora de la Saga de Hades. Sin embargo, poco tiempo después el proyecto completo se canceló al no haber, en principio, un acuerdo entre MK y la productora Toei sobre el mercado en el cuál debería ser lanzada la continuación (TV, películas u OVAS -animación exclusiva para video, en ese tiempo VHS y posteriormente Laser Disc-). A pesar de todo, este CD, el único “sobreviviente” de la disputa, es lo que particularmente nos compete en este texto, ya que lo consideramos como una síntesis perfecta de lo que pudo haber sido, pero también de lo que tampoco pudo ser superado por el retorno del proyecto que duró desde 2002 a 2008 (que inició con una altísima expectativa aunque acabó en un rotundo fracaso) y del que ya se ocuparon de escribir en incontables sitios.

Saint Seiya ~ HADES CHAPTER King of Underworld IMAGE ALBUM (21.12.1990)

capa

Un disco tan extraño como brillante, compuesto nuevamente por Seiji Yokoyama, el “padre” de toda la música de la serie y las películas. En esta oportunidad, no solo aparecen los clásicos tracks en donde abundan las características arpas, guitarras eléctricas en tonos suaves, flautas y coros sacros. Cada pista pone a jugar la imaginación con lo que representa “sentimentalmente” Saint Seiya y con las acciones que se podrían haber dado durante una posible adaptación animada del final ideado por MK.

Así, podemos interpretar que se sostiene cierta continuidad entre estas pistas y algunas de las compuestas para la película LOTCY, aunque con alusiones bastante más oscuras y enigmáticas. Los tres grandes ejemplos de esto son las magníficas 108 MaSei (los 108 espectros que sirven a Hades), Twin Salas y Pandora’s Box (tema que introduce al rol de Pandora, hermana del dios de los muertos). Una presunta atmósfera de revelaciones y batalla a muerte también se explicita en Elyssium (con los ya aparecidos dioses Thanatos e Hypnos) y Greatest Eclipse, momento para el cual la pelea contra Hades ya hubiese llegado al climax. Otro dato importante son los “Interludios”, que son 5 pistas que grabaron los actores de voces de los personajes, adaptando fragmentos del manga en una lectura de algunos diálogos cortos. Quizás el mejor segmento narrado sea el IV, que glorifica a los Gold Saints (Caballeros de Oro) luego de su sacrificio para derribar el muro de los lamentos.

Pero hay dos pistas que son las más importantes del CD, correspondientes a los hipotéticos opening y ending de la saga. El tema de apertura elegido es Dead or Dead, interpretado por BROADWAY y Hironobu Kageyama, quien ya había realizado varias canciones para la serie, entre ellas Soldier Dream y Blue Dream (apertura y cierre de Asgard y Poseidón, respectivamente). Se trata de una canción de hard rock con toques progresivos al mejor estilo Survivor (los responsables del Eye of The Tiger de Rocky)o Dokken, que mantiene esa “continuidad con cambio” respecto al espíritu original de la versión animada, cuya identidad también fue marcada por los recordados Pegasus Fantasy, Can’t Say Good Bye o Blue Forever.

Por otro lado, el ending merece una especial atención, ya que además de cerrar cada (inexistente) capítulo, hubiese funcionado como el epílogo más que perfecto para el momento cúlmine de la saga, que no es otro que la “muerte” de Seiya en los brazos de Athena y a manos de Hades y su espada.

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La canción se titula Shine On, y es interpretada por BROADWAY y la ya veterana Mitsuko Horie, que hizo la voz de Hilda de Polaris en la Saga de Asgard y cantó otra lírica indispensable en el relato sagrado y amoroso de SS: Lullaby, utilizada en el memorable capítulo de la serie traducido como “El ardiente cosmos del amor”.

Mitsuko Horie / Hilda de Polaris en SS
Mitsuko Horie / Hilda de Polaris en SS

A esta balada con tintes de rock romántico (estilo que recuerda un poco a You’re my reason to be -utilizado como ending de LOTCY- y a Foreign Sand, de Yoshiki -líder de X Japan- y Roger Taylor, ex baterista de Queen) y coros emotivos, la precede un prólogo narrado por el  propio MK, que para hacerlo más épico realiza una despedida formal y sentimental del universo de SS, diciendo entre otras cosas “Gracias por este sueño Seiya, Hasta siempre! Santos de Athena” (“Yume wo Arigatô Seiya, Sayonara! Athena no Seinto Tachi yo!”).

Por último, un dato no menor es que recientemente se lanzó el disco “Saint Seiya 30th Anniversary SONG SELECTION”, que es un combo de la mayoría de las canciones cantadas entre el 86 y 2016, varias de ellas remasterizadas, abarcando todas las producciones hechas hasta el momento. Tanto “Dead or Dead” como “Shine On” fueron omitidas de la selección. Claro está que, de haberse producido y hecho realidad el proyecto original, el final de la aventura agonista de Seiya hubiese sido indiscutiblemente histórico. La música habla por si sola y lo deja todo a libre interpretación del oyente.

Pasan los años y las incógnitas de por qué las partes jamás se pusieron de acuerdo siguen pendientes, mientras la saga de Hades continúa con el estigma de haber sido pésimamente acabada (para más detalles sobre la producción de 2002 a 2008, se pueden buscar infinidad de textos al respecto, escritos con menor o mayor seriedad), y rumores de trailers preparados en 1990 y una pendiente “Saga del Cielo” pensada por MK siguen merodeando en el imaginario de lo inédito.

Sangre, huevo y lágrima de vida.

El mejor homenaje que SS puede (y debe) tener.